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ANTE LA INDOLENCIA DEL GCDMX, LA MUERTE VIAJA EN EL METRO

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La tragedia ronda a los usuarios

 

*  El accidente en la línea Uno, una alerta más de la tragedia que puede suceder por la irresponsabilidad de las autoridades para dar mantenimiento y mejorar la prestación del servicio; Gaviño, Mancera y el cacique sindical, Fernando Espino serán los culpables si algo más grave ocurre a los cinco millones de usuarios

 

 

Por BLAS A. BUENDÍA

Especial para Expediente Ultra

¿Qué vale más la vida de niños, mujeres, hombres y ancianos quienes han sorteado graves peligros que ya representa el Sistema de Transporte Colectivo-Metro-Ciudad de México por su casi medio siglo de funcionalidad constante, o la arrogancia y acendrada apatía de sostener a inexpertos funcionarios que por cuestiones de ética profesional ya debieron haber renunciado?

…Y que por vergüenza calificada, al igual el líder charro sempiterno del sindicato del STC, Fernando Espino Arévalo –finalmente todos cómplices-, paralelamente a la crisis que sufre este importantísimo transporte, han tenido la extraordinaria desfachatez de cometer malas acciones que redunda en el enriquecimiento ilícito y los graves delitos de omisión y colusión de funcionarios, penados severamente por la Ley Federal de los Servidores Públicos.

Para rematar, se tuvieran una pizca de ética entre los funcionarios, hasta el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinosa, en paquete, deberían de presentar ante el Presidente de la República, sus dimisiones por las connotadas incapacidades que denotan cada uno de esos malos funcionarios públicos en sus esferas de alta responsabilidades.

Sus obligaciones constitucionales rayan también en lo absurdo, ya no velan por la seguridad de la ciudadanía, o de plano, callan y cierran las pestañas de sus ojos, por la colusión existente entre los mismos funcionarios y que de algún modo se transformaría en una especie de delincuencia organizada oficial.

La falla que sufriera el Metro el jueves 27 de julio en la Línea 1, que corre de Observatorio a Pantitlán, ya fue el fastidio de esos pésimos funcionarios que solo están usurpando esos cargos por los altísimos salarios que no devengan, pero eso sí, están muy pendientes de cobrarlos cada catorcena cuando es día de pago.

La sociedad en general ya está harta de que los gobernantes en turno tomen como laboratorio a la Ciudad de México, para ver de qué cuero sale más correas, es decir, la han maniatado como rehén de los ajustes de cuentas políticas entre los propios grupúsculos de funcionarios del gobierno mancerista, así como del sindicato presuntamente “nacional” del STC, el cual ha explotado desde hace más de tres décadas, el nefasto y desvergonzado líder Fernando Espino Arévalo, quien debido a su peculiar arrogancia, se niega a dejar el cargo.

Su antidemocracia resalta a la luz de las circunstancias y sus bacanales tan igual como las de Nerón, al muy estimo de la depravación de la Antigua Roma. En su reinado sindical, todo ha sido excesivo, excéntrico y decadente, según quienes han presenciado este tipo de “acercamientos sociales”.

Pero de qué serviría que renunciara, si dejaría a sus células que ya están más que envenenadas, enquistadas desde cuando él mismo asumió el poder sindical, y que a lo largo de esos 30 años, no ha habido autoridad alguna que lo saque o que le finque responsabilidades penales por la serie de delitos que ha orquestado y lastimosamente quedado en el paraguas de la impunidad.

Una incrédula falla eléctrica del Metro, dejó al descubierto los mecanismos de corrupción existentes en el STC.

El negativo impacto de ese siniestro, dejó 30 minutos sin servicio siete estaciones de la L-1, que luego de revisar el sistema eléctrico, se restableció el servicio en todas las estaciones, y que por desesperación, cientos de usuarios tuvieron que arriesgar sus vidas bajándose de los convoyes.

En el convoy principal de ese Metro (tren 482 “Federico Campbell”), se registró el siniestro que atrajo fuego y por consiguiente se formó una bola de humo tóxico, con el altísimo riesgo de perder la vida por asfixia. Las autoridades solo reportaron crisis nerviosas y de pánico, pero supuestamente no de pérdidas humanas.

Usuarios que iban en el tren que se quedó varado entre Juanacatlán y Chapultepec, aseguraron que se escuchó una explosión y después el humo invadió los vagones.

Mujeres, hombres y niños buscaron cubrirse la nariz con la ropa para evitar respirar el humo, mientras que otros se sentaron en el suelo, según consta en diversos videos que fueron difundidos en redes sociales (http://www.milenio.com/df/falla_metro-humo_vagon-usuarios_atrapados-tren_juanacatlan-linea_rosa-servicio_0_1000700324.html).

Después de algunos minutos, los usuarios del tren 482 “Federico Campbell”, bajaron y caminaron por las vías para llegar a la estación Chapultepec. Decenas de mujeres llevaban cargando a sus criaturas para evitar que cayeran al empedrado del carril de las vías, y pudieran lastimarse piernas y rodillas.

Algunos denunciaron a través de los canales del Internet, que las autoridades no los ayudaron y que fueron ellos mismos los que se cercioraron de que no hubiera corriente en las vías para poder salir, pues el humo en los vagones era abrumador e insoportable.

Ante los reclamos de la falta de ayuda y que por ello hubo varios lesionados, el Metro respondió de forma lacónica a través de su cuenta de Twitter, “que se brindó apoyo a los usuarios de la Línea 1” y difundió fotografías de personas con oxígeno, debido al humo que respiraron.

El tramo afectado por la falla eléctrica fue de Observatorio a Cuauhtémoc, pero fuera de ahí, “ya nada pasó”, la falla eléctrica quedó en el anecdotario, en tanto que los funcionarios responsables seguirán gozando de su amplia incapacidad protegidos por el paraguas de la impunidad.

Sin embargo, la sociedad reiteró su demanda, por oficio, de fincarles responsabilidades a los citados funcionarios para que sea, a través del Congreso de la Unión, inicie un juicio de procedencia, es decir, un masivo juicio político en contra de Miguel Ángel Mancera Espinosa, Jorge Gaviño Ambriz y Fernando Espino Arévalo, por incurrir en los graves delitos de omisión y colusión de funcionarios públicos y atentar contra la vida de millones de usuarios del Metro.

Las fallas en el Metro han sido continuas, pese a ello, a nadie se les finca una plena culpabilidad quedando los hechos en las estadísticas peligrosas que diariamente viven millones de capitalinos. En cambio, en cada siniestro, el sindicato del charro espinista, siempre saca su cacaraqueada defensa de culpabilizar al gobierno en turno para deslindar responsabilidades.

Tanto un sector como del otro, arrastran históricamente negros historiales, sobre todo en lo que se refiere del camaleónico “político” Fernando Espino Arévalo, que ha hecho de ese gremio sindical un amplio y redituable negocio particular por su cruel versatilidad hasta de ser promotor de box profesional y utilizar las propias instalaciones del STC para abrir un gimnasio en los sótanos de la sede sindical que se encuentra en la estación del Metro Juanacatlán, de la Línea Uno.

A comparación de los salarios de hambre y de miseria que perciben sus trabajadores, Espino se da una vida de rico, de un multimillonario “harapiento” -guardando apariencias-, que por desgracia ha mantenido al margen el poder constitucional del Gobierno de la Ciudad, por su poder de facto que ha establecido desde hace 30 años.

Al respecto, Diputados locales advirtieron que el Metro de la Ciudad de México necesita urgentemente de una completa cirugía, que de NO hacerse, en cualquier momento el transporte naranja subterráneo podría sufrir un accidente de fatales consecuencias.

El vicecoordinador del Grupo Parlamentario del Partido de la Revolución Democrática en la VII Asamblea Legislativa, Diputado Raúl Flores García, dijo que el gobierno de izquierda de la Ciudad de México, no permitirá en lo más mínimo que los cacicazgos sindicales como el del Metro, sigan creando cotos de poder en detrimento de las clases sociales y más aun de los millones de usuarios que se transportan en el Metro.

Si bien dijo que el PRD respeta la inviolabilidad y autonomía de los sindicatos de la ciudad, no está de acuerdo que con base a presiones chantajistas del líder sindical del STC, siga presionando al gobierno citadino en aras de una sucia lucha que mezcla entre las cuestiones sindicales y la política.

EL COTORREO DE FEA

Pero pareciera que al sempiterno líder charro del Metro, Fernando Espino Arévalo, todo se le va en “cotorreo” ya que se aventó la puntada en afirmar que “el Metro es seguro, dentro de lo posible (…)”.

Y como siempre –afirman los entendidos-, mete como pretexto echarle la culpa a los directivos del STC, en este caso especial a Jorge Gaviño Amrbriz, eludiendo su responsabilidad y pasándole la factura al Gobierno citadino de no cumplir con los presupuestos para mantener en “línea”, a todas las líneas que da servicio el Metro.

Justificó que desde hace varios años no se le ha dado mantenimiento a la Línea 1 del Metro, en donde se registró un corto circuito entre la estación de Juanacatlán y Chapultepec, que provocó que varias personas resultaran intoxicadas. “A la Línea 1 hay que cambiarle todo”, urgió Espino.

En entrevista radiofónica, Espino aseguró que a pesar de las fallas que se han registrado en el Servicio de Transporte Colectivo (STC), “es seguro, dentro de lo posible. Desafortunadamente tenemos 20 años en estas condiciones, se ha descuidado. Falta un mantenimiento preventivo”.

Espino detalló que lo que provocó el corto fue “un aterrizaje de escotillas, así se le dice técnicamente” y que había agua en la pista. “Esto aunado a que contamos con material ya muy desgastado, muy usado, muy viejo y es donde nosotros estamos solicitando a la administración  de nuestra empresa, así como alJjefe de Gobierno, se nos proporcionen los recursos para darle mantenimiento a los trenes”, puntualizó.

En un sondeo entre los trabajadores del Metro, se reconoce que la base trabajadora está crispada entre sí; un bando “idolatran” al charro por defender la causa de sus trabajadores explotados; y el otro, ya no les convence de tenerlo como líder vitalicio en el STC por su evidente enriquecimiento inexplicable y porque siempre anda rodeado de guaruras para evitar que “trabajadores extraños” se acerquen al “patrón”.

Por lo tanto, mientras dichos funcionarios se dan la vida de reyes, el terror y los peligros bajo la tierra, millones de usuarios esperan pacientes ver, una vez más, peligrar sus vidas en un transporte urbano subterráneo,