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ASOMADOS AL PRECIPICIO

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Ante diputados federales del partido del gobierno, el secretario de Hacienda hizo una descripción muy dramática, el viernes pasado, respecto de lo que espera a la economía mexicana en 2021. Arriesgándose a ser nuevamente desmentido por el Presidente en su conferencia mañanera de hoy, Arturo Herrera pintó un panorama que rompe con el optimismo que sale de Palacio Nacional.

De entrada, dijo a los legisladores de Morena que la cifra de crecimiento del PIB que acompañará al Paquete Económico que se entregará al Congreso dentro de unos días será radicalmente distinta a la que se dio hace cinco meses con motivo de los Precriterios de Política Económica.

Entonces se previó un rango de entre -3.9% y 0.1%; el dato ahora será, anticipó Herrera, de -7.4 por ciento. Y aseveró que esta caída —“no importa dónde pongamos el número cuando lo refinemos, cuando lo tengamos preciso”— será superior a la de la crisis financiera global de 2009 y también a la de la crisis monetaria de 1995. De hecho, como se había anticipado en esta Bitácora desde mediados de abril pasado, será la peor desde 1932, cuando México resintió más el impacto de la Gran Depresión.

El hidalguense pidió comprensión a sus interlocutores respecto del proyecto de Presupuesto de Egresos que se enviará a la Cámara de Diputados para su aprobación en el periodo ordinario de sesiones que comienza mañana.

“Van a enviar —ignoro por qué usó la tercera persona del plural, si el proyecto es, sobre todo, responsabilidad de Hacienda— un Presupuesto que sea muy cuidadoso, prudente y muy responsable y que va a requerir la comprensión y la solidaridad de muchos porque va a haber menos recursos de los que mandamos este año y de los que había cuando menos en los dos años fiscales anteriores”.

Ésa fue la única buena noticia dentro del mensaje que se filtró a los medios de comunicación. Otra cosa que no fuera un proyecto de Presupuesto “muy cuidadoso, prudente y muy responsable”, seguramente generaría dudas en los mercados y sería motivo de reacciones negativas por parte de las agencias calificadoras. Un aumento del gasto público, en un entorno de menores ingresos como el que planteó Herrera, podría mover a dichas agencias a degradar aún más la calificación de la deuda soberna del país. Sobre todo si ésta se incrementa entre 10 y 17 puntos del PIB por efecto del tipo de cambio, como también confió Herrera a los diputados morenistas.

Contrario a la afirmación de que la pandemia le vino a México “como anillo al dedo”, Herrera advirtió que la atención del covid-19 implicó el gasto de los “guardaditos” que hizo el país durante años, como, el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios y el Fondo de Estabilización de los Ingresos de las Entidades Federativas.

Dichos colchones fiscales, afirmó el secretario, no estarán disponibles en 2021. Y alertó que la vacuna contra el covid-19, que permitirá reabrir la economía, aún va a tardar. El escenario más optimista es que será en los primeros seis o siete meses del año, dijo.

Eso implicará, agregó, tener que convivir con la enfermedad en 2021 y, por lo tanto, que la economía opere en condiciones distintas a las acostumbradas, “circunstancias todavía muy especiales”. Los negocios, las empresas y las fábricas tendrán que poner distancia entre sus trabajadores y operar a un porcentaje de su capacidad, abundó. Por ello, la economía no desplegará todo su potencial.

Hasta ahí, el diagnóstico de Herrera es impecable, pues coincide con lo que prevén distintas fuentes de información especializada y analistas respetados. Sin embargo, su mensaje ante los legisladores provoca distintas preguntas.

Una: ¿Qué pasó con los ahorros de 500 mil millones de pesos anuales, por concepto de combate a la corrupción que ofreció el presidente Andrés Manuel López Obrador desde los tiempos de su campaña electoral? ¿Nunca existieron tales recursos o la corrupción se los sigue tragando?

Otra: ¿Por qué seguir el mismo camino trazado desde el principio del periodo de gobierno, si la economía ya había caído en 2019 sin pandemia de por medio? ¿Por qué pensar que la economía logre recuperarse con la misma receta —los programas sociales y los proyectos de infraestructura en marcha—, como anticipó Herrera ante los legisladores del oficialismo? ¿Por qué no intentar algo distinto, como medidas de corte contracíclico?

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