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COSA DE LOCOS

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WASHINGTON, DC.- Durante décadas, Estados Unidos fue visto como el faro de la democracia en el mundo. Cada vez que había duda sobre un resultado electoral en algún país, la opinión del Departamento de Estado podía ser determinante respecto de la legitimidad del ganador.

Eso era, en buena medida, porque los comicios en este país no daban lugar a cuestionamientos o, si los había, existían instituciones para resolverlos.

Llego a esta ciudad para realizar la cobertura de la elección presidencial de mañana martes y con lo primero que me topo es con la gran cantidad de edificios tapiados. Tanto negocios como oficinas gubernamentales, preparados como para recibir un huracán. Pero no es un fenómeno meteorológico al que temen aquí, sino al vandalismo que podría desatarse una vez que cierren las casillas. En otras ciudades, como Nueva York, Chicago, Filadelfia y Detroit, los departamentos de policía están en alerta máxima por el mismo motivo.

Y cómo no, si los propios candidatos a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump y el exvicepresidente Joe Biden, han incorporado en su discurso palabras que serían impensables hasta hace poco tiempo en este país: referencias a “votos fraudulentos” e intentos de “robarse la elección”.

Esta carrera ha sido una verdadera montaña rusa. Comenzó con la certeza, hasta febrero pasado, de que Trump iba viento en popa hacia la reelección, luego de que sus rivales políticos habían fracasado en demostrar su colusión con Rusia en 2016 y no habían logrado declararlo culpable en su juicio político por abuso de poder y obstrucción del Congreso.

Sin embargo, llegó el covid a cambiarlo todo. Ante la pandemia, EU tuvo una respuesta digna de república bananera, acumulando la cifra más alta de decesos en todo el mundo. Trump fue señalado como el responsable del desastre sanitario, por subestimar la peligrosidad del coronavirus, y su suerte cambió para mal. Las encuestas se le voltearon y la posibilidad de ser un presidente de un solo cuatrienio se volvió muy real. A partir de su propio contagio, a principios de octubre, Trump abandonó la posición defensiva de tratar de probar que su gobierno había actuado bien ante la pandemia. Se presentó como un superhombre que había superado la enfermedad y pintó a su rival como un hombre débil, asustadizo, escondido en un sótano, dispuesto a confinar al país y cerrar su economía en caso de ganar.

Sobre la base de una buena actuación en el último debate de candidatos, Trump arremetió contra su rival, señalándolo de corrupto, apelando a evidencias poco claras de que el hijo de Biden había cobrado dinero por facilitar el acceso a su padre cuando era vicepresidente. Y se lanzó en una frenética actividad proselitista para energizar su base electoral, realizando hasta cinco mítines al día, enardeciendo a sus simpatizantes, que han acudido en masa a verlo —sin reparar en medidas de distanciamiento social—, mientras Biden actuaba con un excesivo cuidado, presidiendo actos en los que los asistentes han acudido a bordo de sus vehículos, como en autocinema, donde, en lugar de lanzar porras, tocan el claxon.

El contraste de las imágenes de uno y otro candidato ha sido total. Y aunque Biden sigue punteando en muchos estados clave, las encuestas se han ido cerrando en los días finales de la contienda.

De acuerdo con las casas demoscópicas Real Clear Politics y Five ThirtyEight, los sondeos en Florida, Georgia, Carolina del Norte, Ohio, Iowa y Arizona están en el aire. La primera de ellas decía ayer lo mismo sobre Wisconsin, Minnesota y Pensilvania. La incertidumbre del resultado fue exacerbada el domingo por versiones periodísticas de que Trump se declarará ganador del proceso el mismo martes. Interrogado al respecto, el equipo del presidente rechazó la especie, pero dijo que estaba dispuesto a mandar a un ejército de abogados a impugnar los votos donde existieran irregularidades.

Trump no va a poder robarse la elección”, gruñó ayer su rival.

Si a eso agregamos que casi 100 millones de estadunidenses han emitido anticipadamente su voto, lo cual muy probablemente retrase los conteos el martes —y, con ello, la repartición de las fichas en el colegio electoral—, nos encontramos frente un escenario potencialmente explosivo.

Bedlam”, advirtió Trump el sábado, hablando de lo que espera a su país después del martes. Algarabía, cosa de locos, “eso es lo que vamos a tener”.

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