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Crítica al mal llamado periodismo ciudadano

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Ilustración especial

 

 

Por David Casco

david_casco@yahoo.com.mx/ Especial / Sinpermiso.com

El periodismo ciudadano, según Wikipedia, consiste en que son los ciudadanos, valga la redundancia (y no las empresas de comunicación), quienes recogen, analizan y difunden la información de forma independiente.

Aunque el término periodismo ciudadano se comenzó a popularizar gracias a internet a finales de los 90, el inicio de este tipo de periodismo está ligado con el de los medios de comunicación comunitarios, mismos que pertenecen a una asociación sin fines de lucro que gestiona y dirige el proyecto, que no realizan proselitismo religioso ni partidista, y cuyos objetivos son profundizar en la democracia con más participación ciudadana, dar voz a quienes no la tienen, y hablar de lo que no se habla en los medios.

Tras el derrumbe de las Torres Gemelas en Estados Unidos, el uso de los blogs cobró un tremendo auge, pues de esta forma muchísimos ciudadanos de todo el mundo se enteraban, casi en tiempo real, de primera mano, de los acontecimientos.

Sin embargo, y de la mano con los avances tecnológicos, el uso y abuso de este mal llamado “periodismo ciudadano” derivó en una especie de moda, principalmente en redes sociales como Facebook y Twitter.

Así, cada vez más ciudadanos con un smartphone y acceso a internet, hacen las veces de reporteros y postean todo lo que ellos consideran que es noticia.

Y no pocas veces han “matado” a personajes de todas las esferas. Desde el Presidente hasta a personas de a pie son “asesinadas” casi a diario en estas populares redes cibernéticas.

En la redacción del periódico donde trabajo con frecuencia enfrentamos estas notas falsas difundidas en internet. Cuando un reportero llega alarmado para decir que murió Chabelo, por ejemplo, lo primero que se le pregunta es quién es la fuente. Y la respuesta: es que lo leí en Twitter. Insistimos: ¿quién es la fuente? La réplica: es que lo retuiteó un contacto que se llama Juan Pérez. ¿Y Juan Pérez es reportero, familiar de Chabelo o qué?, preguntamos. Pues la verdad no lo conozco, pero todos están replicando esa noticia. Oye, insistimos, ¿y por qué no le marcan a Chabelo para saber si efectivamente está muerto? Así lo hacen y sorpresa: el comediante está vivo y molesto, pues nuevamente fue objeto de una muerte cibernética.

Ese es el problema del mal llamado periodismo ciudadano. No se puede confiar en fuentes semi anónimas, y sobre todo, con información tan delicada.

Muchísimos mexicanos se la creen y postean todo lo que ven. Desde un accidente de tránsito o los incidentes de una marcha, hasta la muerte de un personaje, cuya fuente es el primo de un vecino que tiene un hermano que vive a la vuelta del lugar de los hechos referidos.

Y no me refiero a que estos “reporteros ciudadanos” actúen de mala fe, sino que en su premura por informar caen en imprecisiones, mentiras o noticias a medias. Mal hecho.

Una de las reglas que nos enseñan desde la escuela a los que estudiamos esta carrera y nos dedicamos al periodismo, es que primero se debe verificar la información, procesarla, verificarla y luego transmitirla. Así de sencillo y complicado es. Se trata de “reportear” la nota, no propagar rumores, infundios o “borregos”, como se les llama en el argot periodístico a las notas falsas.

Cabe recordar que la formación académica que recibimos en las escuelas de comunicación o periodismo nos hace ser científicos sociales. Una cosa es difundir y otra informar. Para esta última, existen técnicas que los “ciudadanos” desconocen.

Ryszard Kapuscinski, considerado el más grande reportero del siglo pasado, anotaba que todo buen comunicador debe reunir los llamados “cinco sentidos del periodista”: estar, ver, oír, compartir y pensar. Y a estos cinco, le agregaría uno más: el sentido común, que nos hace estar alertas ante el ocultamiento, las mentiras, los datos falsos, las versiones oficiales o la información deficiente o apócrifa que pulula en internet.

Mención aparte para las páginas de internet “informativas” creadas por personas que no saben de periodismo, y que creen que una nota informativa es lo mismo que un artículo de opinión o un editorial. Es decir, presentan como nota informativa textos plagados de adjetivos calificativos, más editorializados que otra cosa, y en donde no ocultan sus fobias o simpatías. A falta de datos duros, reporteados, está el comentario fácil, chabacano, la opinión personal…

Lamentablemente, estos “portales informativos” pululan en internet y se replican en tiempos electorales, con la finalidad de sacar raja económica y política. Y no se diga sus reporteros, que sólo llegan a las conferencias de prensa con la encomienda de grabar o hacer una sola pregunta “dura”, pero que no tienen idea del tema a tratar. Y lo malo es que en este oficio pagan justos por pecadores.

Insisto: no es arrogancia, es más, muchas personas pueden ser buenos reporteros ciudadanos… si se preparan adecuadamente y dejan de lado sus fobias partidistas o políticas. Pero lamentablemente lo que priva en este contrapeso de los medios de comunicación, es la parcialidad.

Vale la pena rescatar las recientes palabras de Umberto Eco: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas, que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ahora tienen el mismo derecho a hablar de un premio Nobel. Es la invasión de los necios…”.

 

Ejemplos de la desinformación en redes y que retoman los medios tradicionales:

  • Fotos de muertos en Siria, haciéndolos pasar como estudiantes asesinados en Venezuela.
  • Foto de Chávez moribundo, que resultó ser otra persona, y que el diario El País dio como verídica, en su portada.
  • Declaraciones falsas de un paparazzi sobre un romance entre Obama y Beyoncé, nota retomada a nivel mundial.

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