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Descapitalización Política

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SILOGISMOS

 

 

Por Antonio Ortigoza Vázquez/ @ortigoza2010

La muerte prematura que encontraron la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso Hidalgo y de su esposo el ex gobernador de esa misma entidad, Rafael Moreno Valle, junto con otras tres personas más, al caer el moderno helicóptero en el que viajaban detonó una crisis “en” el gobierno que se ha mutado en crisis “de” gobierno.

La diferencia en la preposición “en” y el adverbio “de” es específica. Antes de éste suceso que ha estrujado a extensos segmentos de la sociedad y acentuó la sensación perturbadora, de no pocos mexicanos, de que existe una crisis crisis en el sistema político y de justicia en el país.

Esa crisis es sistémica. Es una crisis de credibilidad integral y, por deducción válida, del conjunto de instituciones y de los personajes que conforman el Estado y de sus Poderes y niveles, en particular el Ejecutivo federal.

La crisis en el Poder Ejecutivo federal, es decir, el gobierno magnifica una crisis general, la sistémica, la del Estado, que se remonta a varios sexenios y que se ha acentuado por causas internas y, de menor grado, externas.

Queda claro que existe una crisis general en todos los órdenes (sociales, políticos, económicos, culturales o de valores) y persiste una crisis particular en cada aspecto de los componentes del Estado.

Y el Estado tiene el reto de la organización jurídica y política de la sociedad o de una clase o estrato social dominante en un régimen de asociación humana en modalidades de poder institucionalizado que tiende, ampliamente, a volverse imprecisa.

La crisis en el Estado persiste desde hace varios sexenios, pero se acentuó y parece profundizarse desde el desenlace electoral del pasado primero de julio, como hito cronológico. La repugnancia de Andrés Manuel López Obrador, contra todo aquel que tenga opinión contraria a sus argumentos o disposiciones de poder, en automático se convierte en “mezquinos, provocadores, conservadores y neofascistas” del poder político, esto ha agudizado la crisis.

La renuencia aún persiste, hoy son una corriente de “canallas”. El poder político, el gobierno ha iniciado su etapa sexenal, en una crisis de gobernabilidad, alimentada con la división social que ha logrado crear con el discurso de odio y de poca tolerancia, pero con un ingrediente de suma importancia: contradicciones. Es decir, sin el verdadero capital político, el de ser creíble.

En ese contexto de crisis de Estado y sus manifestaciones, que la sociología describiría como descomposición, aparece otro vector crítico, el del sucedido con la muerte del matrimonio Moreno Alonso y los demás acompañantes.

Hoy, el Poder Ejecutivo no ha especulado acerca de la causa del fatal acontecimiento, pero si éste fue por falla técnica o yerro humano es difícil que el pueblo le crea a un gobierno sin credibilidad; pues ha quedado claro, que los propios seguidores de AMLO, señalan insistentemente, en que hay algo “muy raro”.

Y ante ese atributo de ausencia de credibilidad del gobierno, las especulaciones se convertirán en percepción pública y, de allí, en evidencia.

El dilema del lopezobradorismo es serio. Por lo pronto puede iniciar un proceso de recuperación de ese capital político de la credibilidad si da señales claras en que no meterá las manos en la designación de gobernador interino de Puebla, pero más importante, que prometa no meter las manos en la nueva elección de gobernador,  que se dará en un máximo de cinco meses.

Así las cosas, independientemente del resultado de las investigaciones que se realicen al accidente mortal del matrimonio Moreno Alonso, la pregunta sería: ¿los seguidores de AMLO quedarán conformes con el resultado de la investigación, sea cual sea?

Hoy, son gobierno, hoy tiene la oportunidad de demostrar que no fue un “magnicidio”, que no fue una simulación o convenio político, sino de que se trató un lamentable accidente.