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DON LÓPEZ, EL ILUSIONISTA

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AMLO cautivo a millones, hoy ha desilusionado a otros tantos (Foto especial López-Dóriga)

*Los quehaceres electorales de Don López Obrador han quedado en el olvido en este, su gobierno. Hoy, sus promesas que sembró y esculpió, durante 18 años de campaña, en la conciencia de 30 millones de Mexicanos se desvanecen como sueños efímeros, ante la creciente decepción de grandes sectores de la sociedad

 

Por Antonio Ortigoza Vázquez

Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo en mayor o menor grado con don López Obrador como persona o como político o como abanderado del creciente y abrumador descontento social.

Pero ello no estorba para describir sus quehaceres e identificar y describir los alcances y secuelas de esos quehaceres realizados por Don López Obrador.

Y uno de sus quehaceres fue el de concientizar, tarea la cual, desde una perspectiva sociológica, e de pedagogía cívica y política.  Educo, de forma didáctica,  acerca de los derechos como mexicanos.

Don  López recorrió el país, municipio por municipio, en un afán que se antojaba cuesta arriba para encender las conciencias de millones de mexicanos que le recibían y escuchaban.

Hasta ahora, don Andrés ha estado cosechando su semilla que plantó al recorrer los municipios del sur y sureste de México, entre los que figuraron los más pobres del país. Visitó casi todos.

Y debido al obvio bloqueo mediático que sufrió este personaje en cuanto a sus actividades y pensamiento, ese recorrido fue difundido parcialmente en las “benditas redes”.

Pero sembró en parcela fértil, ya surcada y abonada por la enorme tendencia social a su propia presencia –como “mandatario moral” de México– y sus ideas, expresadas con lenguaje sencillo.

A los pobladores de cada municipio don López les habló —y, a su vez, les escuchó— de los problemas cotidianos que aquellos padecían y aún padecen: pobreza extrema, injusticia e inequidad.

Se advertía en la receptividad de esos auditorios al mensaje del tabasqueño. Advirtió, asimismo, un acopio profundo en sus escuchantes. Como si escucharan a un profeta.

Denunció, don López, la desigualdad que viene de la prevalecencia de una forma de organización económica, política y social ajena a los intereses del pueblo de México y vigente sólo para los ricos.

Y les planteó soluciones: organizarse dentro de la ley, pacíficamente, para ejercer y reivindicar sus derechos constitucionales, incluyendo el de cambiar la forma de gobierno.

No sólo eso: también les planteó que exigieran a quienes eligieron para representarlos, y servirles, en los poderes Ejecutivo y Legislativo federal y de los estados, así como a sus ediles.

El mensaje de este itinerante pareció ser comprendido como lo proclamaban Fernández de Lizardi, Juárez y Martí: los derechos no se dan, se toman, más si están plasmados en la Constitución.

Ese lenguaje tuvo una resonancia ideológica, política y social incuestionable: Hoy, México, requiera  una transformación urgente y, por lo mismo, inaplazable, pues está cayendo por un precipicio.

México ya está en caída libre por ese precipicio, hacia el abismo, realidad ignorada (o subestimada) por la nueva  élite gobernante, entreguista al poder trasnacional y traidora del pueblo.

A la luz de esa realidad social, de una pobreza creciente acompañada por un alarmante índice de desempleo, como forma de opresión y escamoteo de derechos cívicos y políticos y la indiferencia del poder, las profecías de don Andrés Manuel podrían confirmarse. Al tigre despertó y ese tigre ya no lo podrá domar. Al tiempo.