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DON LÓPEZ Y SU POLÍTICA FICCIÓN DE LA 4T

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Foto especial

*  A los buenos deseos del presidente los empoderados cárteles responden con inesperada organización y violencia mostrando en realidad quiénes mandan en el país

Por Antonio Ortigoza Vázquez/@ortigoza2010

¡Ya no hay guerra! Gritó don López. ¡Que equivocado está nuestro señor presidente!; él, el hombre, el titular del Poder Ejecutivo de México recibe como bofetada lo sucedido en la ciudad de Culiacán, Sinaloa.

Horas de enfrentamientos, de información y desinformación. Su discurso, sus palabras ya son —en estos momentos— un mensaje estéril, su mensaje polemista de la violencia, a la cual ha señalado la combatiría con amor, con abrazos y programas sociales, hoy la respuesta del lado de la realidad es brutal: plomo, pólvora y más muerte.

Primero 13 policías estatales de Michoacán  asesinados a mansalva, después la muerte “lamentable” de 14 ciudadanos —así lo dijo don López— y un soldado, en el estado de Guerrero, y miles de vidas perdidas en estos casi 11 meses de gobierno federal; todo esto, como secuela de ello, la sociedad mexicana –o, al menos, inmensos segmentos de ella—ya tiene una posición de espectadora incrédula, impaciente, vulnerable, sometida a un régimen de propaganda gubernamental cuyos efectos—¿deseados?— son los de desinformar.

Y el busilis es, se antoja falaz, el método táctico empleado por el Estado para hacer frente a una supuesta orden de captura —primero Alfonso Durazo declaró que fue un encuentro casual— contra uno de los hijos del “Chapo” Guzman, el joven Ovidio, el “patrón” en Culiacán.

Verdadero. Esas organizaciones –o cárteles– operan hoy en día en el territorio nacional en condiciones acusadamente favorables ante la estrategia implantada por el gobierno federal, de cero violencia, cero respuesta con fuerza de fuego y una sumisión ante los criminales de piel curtida.

El tráfico de drogas, el crimen organizado y las ramificaciones de este entre la sociedad mexicana, que es azotada a diario por la violencia con que ejercen su poder estos sicarios, hombres convertidos en asesinos sin escrúpulos, esos demostraron que en Culiacán su fuerza y temple, organización y capacidad de reacción ante una intentona de un puñado de soldados que se vieron tristemente traicionados por su comandante supremo, don López, es y será su amparo para seguir ejerciendo el terror.

Pero la realidad es una verdad histórica, en ese estado priva la ley del plomo, de los billetes verdes, del cochupo, del contubernio entre malos, no tan malos y buenos y no tan buenos, pero lo sorprendente fue la falta de inteligencia, no de la tropa, de los altos mandos militares, de la GN y estatal, nada puede justificar la falta de estrategia, la falta de conocimiento en esos menesteres, y aclaro, los elementos castrenses y federales cuentan con la capacitación técnica y humana para enfrentar esos retos, esos elementos fueron humillados, sobajados y hasta la mano tuvieron que dar a los verdugos de sus compañeros.

Y esto, terrible, priva en todo el país.

Hoy, la comunicación, información por parte del gobierno federal, ha resultado ser una burla, un juego, algo así como “teléfono descompuesto”, ante esto se entiende lo declarado por la dirigente de Morena: “Él sí sabe dar la cara, que el sí sale a afrontar las cosas (…) si no hubiera salido, la masacre habría sido tremenda», dijo la presidenta de Morena sobre lo dicho por López.

Entonces, estamos de acuerdo, el presidente evitó una masacre, un baño de sangre por el error del Secretario de la Defensa, del Secretario de Seguridad Federal y del comandante de la GN, luego entonces, ellos son los culpables, los responsables de poner en estado de sitio a Culiacán y en riesgo de muerte a centenas de mexicanos, entonces—nuevamente— ¿deben renunciar por su falta de capacidad en sus puestos?

Y lo abrumador como saldo final: En México manda el narco, el Estado –por supuesto fallido–, es un escenario donde un hombre de apellido López, juega a gobernar un país de ficción dónde hay abrazos y no balazos.

La política ficción tan criticada al neoliberalismo, ahora hecha doctorado en el desgobierno de la 4T.

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