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El DÉJA VU DE ZORRILLA PÉREZ Y SU DISCÍPULO, SOSA CASTELÁN

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*  Como si el tiempo volviera atrás, los sucesos que rodean la detención del capo universitario, Gerardo Sosa con la captura de quien fuera su mentor en la política, José Antonio Zorrilla Pérez, hace tres décadas, guardan diversas similitudes y parten de la misma agencia norteamericana que ha perseguido a los capos de la droga y de los negocios ilícitos en nuestro país: La DEA

Por Antonio Ortigoza Vázquez/@ortigoza2010

Especial de Expediente Ultra

Érase el «verano caliente» de 1985 y los escándalos caían uno tras otro en el gobierno priista de Miguel de la Madrid, que se resistía a admitir las dimensiones que ya tenía el asesinato del agente de DEA, Enrique Camarena Salazar; Manuel Bartlett, secretario de Gobernación, logró que José Antonio Zorrilla Pérez, director de la putrefacta Dirección Federal de Seguridad fuera postulado a diputado por Hidalgo. En Washington hubo una reacción airada y el nominado priista… ¡desapareció! La DEA ya mantenía firmes sospechas sobre la presunta responsabilidad del hidalguense sobre la muerte de su hombre asignado a labores de inteligencia

Hoy pareciera que se vive en Hidalgo una especie de «Déja vu». El gobierno de la 4T se resistió durante todo un año a proceder contra su gran aliado en esa entidad hasta que, sorpresivamente, Gerardo Sosa Castelán, el jefe máximo de la mafia política «La Sosa Nostra» fue capturado por agentes de la FGR, acusado de lavado y delincuencia organizada. Los indicios de la mano de Washington – ¡de nuevo!- se hicieron sentir, la investigación que lleva a cabo la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y  la Fiscalía General de la República (FGR), también fue motivada por la Drug Enforcement Administration (por sus siglas en ingles DEA).

¿Coincidencias de la vida? Pues se debe de recordar, lo que cita el periodista Alfredo Rivera Flores en su libro “La Sosa Nostra”, que la  Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH), fue un “organismo porril” que era utilizado, por el hoy preso Gerardo Sosa Castelán, como un grupo de choque y presión política social; esta federación estudiantil –desde 1974—fue la que construyó el puente de plata  para que Sosa Castelán  se adueñara del UAEH, logrando ser rector gracias a la amistad estrecha y enseñanza  que tuvo con José Antonio Zorrilla Pérez, quien fuera el temible titular de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), así lo señaló Rivera Flores en su obra literaria.

Y en estos precisos momentos, los hermanos del capo encarcelado, Oscar Damián y Saúl Agustín Sosa Castelán han corrido a ampararse (uno con suspensión provisional y otro pendiente) con la peregrina idea de evitar su captura por delitos similares.

Oscar Damián es candidato por Morena a la presidencia municipal de Tulancingo. Saúl Agustín es nada menos que Secretario General de la Universidad Autónoma del Estado de Hidago (UAEH).

Ambos, al lado de su hermano, hasta hace pocos días eran poderosos y temidos personajes en Hidalgo, por tener el control de Morena en la entidad y, además, a la mayoría de este partido en el Congreso estatal.

Otros personajes que sienten la reluciente Espada de Damocles sobre sus cabezas son el rector en funciones, Adolfo Pontigo  y el ex rector y diputado local, Humberto Veras  Godoy, Ellos también ya pueden comenzar a elaborar su demanda de amparo ante algún juez federal disponible.

Recapitulemos: El «Güerito» José Antonio Zorrilla Martínez  fue de 1981 a 1985, el poderoso y temido director de la DFS, la «policía política» que por decisiones de la cúpula del poder, entabló estrechas relaciones de complicidad con las bandas del narcotráfico: Con la hacienda quebrada, el precio del petróleo por los suelos y sin crédito, el gobierno, urgido de dólares, optó por conseguirlos con la venta de droga.

Los capos se sintieron todopoderosos -estaban «salvando al país»- y no se midieron cuando secuestraron, torturaron y asesinaron a Camarena Salazar. Washington estalló en cólera. El secretario de Estado, Shultz, le gritó por teléfono al presidente De la Madrid. Había que deshacerse de Zorrilla, pero como «sabía demasiado», se le envió de candidato a diputado, que para eso estaba entonces el fuero protector.

El gobierno de Reagan tomó eso como una burla y de nuevo hubo gritos y sombrerazos en el teléfono. Se amenazó con una incursión «encubierta» para capturar al «Güerito» y entonces éste… ¡desapareció! Se le volvió a ver en el gobierno de Salinas, en 1989, acusado del asesinato del periodista Manuel Buendía, por lo que pagó 20 años de cárcel. (¡Bonita familia! diría un clásico)

Fue revelador que, ante esa situación digna del teatro del absurdo de Eugene Ionesco, la única reacción fue del presidente del comité nacional del PRI, el también hidalguense Adolfo Lugo Verduzco, con una declaración que quiso ser críptica, donde sin mencionar siquiera el nombre de Zorrilla, para entonces desaparecido casi oficialmente, mencionaba cosas como «la lucha del PRI contra la corrupción» y  del «fortalecimiento de la renovación moral de la sociedad del presidente Miguel de la Madrid» (¿Otro «déja vu»?) y nada más. Sin explicación alguna, el PRI  registró días después la candidatura de Germán Corona del Rosal como su -nuevo- candidato al primer distrito de Hidalgo.

Algo similar a lo dicho por el entonces presidente del PRI Lugo Verduzco, fue “posteado” por el director de la UIF, Santiago Nieto, en su cuenta de twitter:

Hace unos días, se logró la detención de una persona que habíamos denunciado ante la @FGRMexico por lavado de dinero y otros delitos. Nuevo caso de éxito.  Reconozco al Fiscal Alejandro Gertz Manero la coordinación institucional y el profesionalismo.

Sosa Castelán dio el «salto mortal» de su militancia priista de 30 años, a ferviente partidario de la candidatura presidencial de AMLO y Morena. Con fondos de la UAEH y de otra índole «desconocida», pero con fundadas sospechas, financió la totalidad de las campañas en Hidalgo del partido ahora en el poder.

Pero a principios de 2019 -pocos meses después de la llegada del régimen de la 4T- el hiperactivo director de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) Santiago Nieto, dio a conocer investigaciones que involucraban a Sosa Castelán con depósitos en bancos suizos por más de 150 millones de dólares.

La noticia dejó estupefactos a todos los del medio político hidalguense: ¿Acaso el presidente AMLO iría contra su gran aliado político en Hidalgo, su patrocinador en fondos, acarreo de gente a mítines, promotor del voto?

Pues pasó todo un año en dimes y diretes entre acusaciones por la UIF y en amparos y cosas de esas. Hasta que, cuando todo indicaba que Sosa Castelán había ganado la partida, fue capturado por agentes de la FGR en la ciudad de México.

Videos filtrados hace poco, permiten ver la expresión de incredulidad del ahora reo de Almoloya, quien en segundos se vio pasar de todopoderoso aliado del régimen a preso junto con narcos y secuestradores. Eso dio una sacudida a la política hidalguense que deja a Morena en una situación, digamos, «muy desbalanceada», ya que surgió con fuerza la oposición interna a las candidaturas patrocinadas por Sosa, de entrada, con una bolsa de 50 millones de pesos en efectivo. (¿Averiguará el INE de donde se hizo de mulas Pedro?)

Los paralelismos entre los acontecimientos de 1985 y 2020 son notables. Un presidente y un gobierno que arrancan con la proclama de la «moral pública», el «combate frontal a la corrupción» y «la austeridad» como conducta política ejemplar, al mismo tiempo arreglan alianzas político/económicas, precisamente con quienes han declarado «enemigos públicos».

Hay evidencias de que la situación de Hidalgo y la 4T no es única, sino que podría pronto haber noticias de situaciones similares en otras partes del país.

Y el proceso electoral de 2021 está en curso, con choques. bombazos políticos y guerra de videos. Como dijo un analista político: «Aburridos no estaremos».

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