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El lenguaje sexista, reflejo de una sociedad patriarcal

Hoy en día representa la significación de lo considerado masculino como superior y universal provocando la inequidad y la imposibilidad de que hombres y mujeres vivan en escenarios de igualdad de oportunidades, por lo que es necesario trabajar por un verdadero cambio en las relaciones de género.

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 Excluye y hace invisibles a las mujeres

 

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Fueron los estudios feministas los que advirtieron, denunciaron y evidenciaron que existe un uso indiscriminado del género masculino, como único y representativo de la humanidad. Manifestaron que su uso y abuso producía un efecto que ocultaba, hacia invisibles y excluía a las mujeres.

 

Así fue  como reconocieron que el lenguaje no es neutro, no solamente por la presencia subjetiva de quien habla, sino también porque la lengua inscribe y simboliza en el interior de su propia estructura la diferencia sexual de forma jerarquizada  y orientada.sexismo-620x350

 

Esta situación no surge de la misoginia, ni de la casualidad ni del inconsciente o la simple costumbre, la existencia de un lenguaje sexista aparece porque vivimos en una sociedad patriarcal, es decir en un sistema que ha institucionalizado el dominio de lo masculino como primordial, único y desmesuradamente hegemónico. Una de sus representaciones es sin duda el sexismo, que representa la significación de lo considerado masculino como superior y universal.

 

La diferencia así como la oposición aparente entre lo que significa femenino y masculino tiene bases absolutamente esencialistas donde predomina lo biológico, lo natural y las representaciones sexuales de los cuerpos humanos. Han sido nuevamente los estudios feministas los que permiten advertir que si bien se nace con un cuerpo que visiblemente muestra diferencias biológicas, éstas jamás deben ser razón para provocar una desigualdad social.

 

Es así como ha surgido con fuerza la perspectiva de género,  categoría creada para afirmar que lo masculino y lo femenino asignado el primero solamente a hombres y el segundo sólo a mujeres es una construcción cultural, no se nace hombre o mujer, la sociedad a través de las instituciones, los mitos y el consenso social construye, diferencia, separa y asigna roles específicos a hombres y mujeres.

 

Género al demostrar que esto es cultural pone la advertencia que esos comportamientos no son naturales sino que pueden y deben ser opcionales, alternativos, posibles y hasta disyuntivos. Hay muchas formas de ser hombres y de ser mujeres y cada quien puede integrar a su personalidad elementos considerados masculinos y elementos considerados femeninos.

 

Sin embargo, la sociedad patriarcal no lo acepta y sigue latente su visión inequitativa entre los géneros. Una de sus herramientas más poderos sigue siendo el lenguaje sexista, esas expresiones que ocultan la presencia femenina, que las minimiza, que las agrede, que las excluye, que las desconoce. Provocando la inequidad y la imposibilidad de que hombres y mujeres vivan en escenarios de igualdad de oportunidades.

 

Quienes no queremos vivir ya en una sociedad patriarcal sino en una sociedad democrática donde la humanidad esté representada por hombres y mujeres con las mismas oportunidades, que no segmente, que no contraponga roles, que no anule la diversidad social, es necesario que trabajemos por un verdadero cambio en las relaciones de género. Un gran paso que elimine el lenguaje sexista. Lograr que exista otra forma de nombrarnos, de identificarnos y de reconocer hace posible la utopía de la equidad de género, de hacer visibles a las mujeres, que reconocer y respeta la diversidad sexual a la vez que logra el equilibrio perfecto entre las desigualdades de género.

 

Lo femenino y lo masculino en el discurso

 

En su página web el grupo feminista “Palabra de Mujer” expone con sencillez y hasta con sensibilidad la importancia del uso del lenguaje que no sea sexista, un lenguaje que incluya siempre en sus expresiones a los hombres y a las mujeres. A ellas dicen:

 

La lucha por el lenguaje inclusivo es la lucha por usar un lenguaje más justo, menos violento, esto es, un lenguaje que no sea utilizado contra nadie como arma de exclusión y opresión en la sociedad. Intentar ser sensibles a usar un lenguaje menos machista y masculinista neutralizando los usos del masculino singular al sustituirlos por otras expresiones o por la inclusión también del femenino singular es un gesto democrático y civilizado, fundamental, como dejar de usar expresiones que podrían herir a grupos que tradicionalmente han sido maltratados, por ejemplo, gente con una sexualidad o con rasgos físicos distintos a los del grupo dominante.

 

Esta propuesta ha sido aceptada por muchas personas pero también ha sido rechazada por un sector social que no la comprende. Es así como se llega a creer que todo se debe ahora feminizar hasta la ignominia, que el discurso se gasta al estar aclarando que nos dirigimos a un público femenino o masculino, o hasta se copia el tono de un presidente mexicano que con su estilo banalizó un reconocimiento verdadero.

 

Por desgracia, existen personalidades de gran prestigio en el estudio del lenguaje que niegan rotundamente la importancia del lenguaje inclusivo. Si bien los puntos de vista diferentes son respetados, en nuestro caso tenemos la firme convicción de que el lenguaje inclusivo bien comprendido y aplicado permitirá la desaparición de distinciones jerárquicas y excluyentes que han impuesto a la representación masculina como la única cuando socialmente existe una gran diversidad sexual que debe ser reconocida, respetada y pronunciada, visible en la palabra, existente en el discurso.

 

¿Es posible hacerlo? La respuesta es sencilla: Sí, auxiliándonos de otros manuales que ya han demostrado la posibilidad del lenguaje inclusivo.

Por lo tanto, partimos de la certeza de que al ser el lenguaje es el instrumento fundamental de la comunicación humana, quien desea hacerlo inclusivo necesita entrar en nuevo contacto con las palabras, un contacto analítico y cuidadoso que busque nombrar la realidad sin discriminar a las mujeres ni reforzar los estereotipos sexuales. Es así como les compartimos las siguientes pautas, retomadas del libro El sexo en la noticia:

 

  • Evitar el genérico masculino para dominar a colectivos mixtos, con la finalidad de hacer más visibles a las mujeres.
  • Procurar aportar una dimensión más abierta y completa de los diferentes roles que cualquier persona desarrolla en la sociedad actual y utilizar los mismos criterios de valorización para los hombres y para las mujeres.
  • Dar un tratamiento paritario a los hombres y mujeres.
  • Rechazar los estereotipos de manera que las historias que se explican hagan referencia a personas no a roles tradicionales.
  • Identificar a las personas por su nombre y apellido, cargo o profesión, obviando los marcadores de sexo (la señora, la señorita…)
  • Evitar referencia de parentesco (esposa, hija, viuda, amante), siempre y cuando no sea un dato verdaderamente relevante.
  • Conviene utilizar siempre nombres colectivos en vez del genérico masculino.
  • Si bien la normativa gramatical obliga a realizar las concordancias en masculino y plural, pueden buscarse fórmulas alternativas
  • Se debe potenciar la creatividad y la capacidad expresiva de la lengua, usando la imaginación para encontrar nuevas fórmulas lingüísticas que sean respetuosas con las personas y no discriminatorias. Una técnica infalible es hacer la prueba de la inversión, preguntarnos son se aplicarían de la misma manera a protagonistas masculinos.

 

En todos los manuales de lenguaje inclusivo se reconoce abiertamente que el lenguaje no es sexista por esencia ni por estrategia original, su mejor defensa es que existe en sus contenidos lo femenino, lo masculino y lo neutro. Somos las personas quienes le hemos dado ese tono sexista, somos las personas quienes le hemos dado ese uso. Por eso, está en nuestras propias palabras el transformarlo en un lenguaje inclusivo.