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El espejismo de las candidaturas independientes

Tras la euforia del triunfo, los electores deben analizar el reverso  de la moneda      

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El Bronco, expectativas al por mayor Foto: ejecentral.com.mx

   En Condominio                            

 

Por Ignacio León Montesinos/Columna

Especial Expediente Ultra

 

Justo el pasado domingo, día de elecciones, La Jornada publicó una entrevista con el ex Subprocurador de Nuevo León y ex Secretario de Seguridad Pública Aldo Fasci Zuazua, quien además fue líder  del PRI de Monterrey. En el texto que era un auténtico misil de papel, el ex funcionario abordó como tema central  la corrupción del gobernador Rodrigo Medina y su familia.

Podría decirse que la nota fue algo así como el empujón final para que el mandatario lanzara a su partido  al abismo  del descrédito y  la derrota. Por lo que vale citar un extracto que resume parte de la carga letal que estalló en beneficio directa del candidato independiente, Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, “El Bronco”:

“Hasta ahorita lo que podemos cuantificar son mil millones de pesos, que incluyen 110 propiedades en San Antonio, Texas, las empresas en Islas Caimán, los ejidos en tres municipios, la casa de Las Misiones y las seis propiedades en San Pedro”, apuntó el denunciante.

Horas después,  y ya entrada la noche, las cifras electorales anunciaron al mandatario regiomontano que el obús mañanero era apenas el inició de un  fuego abierto  que podría venir en su contra: “El Bronco”, su ex compañero de partido y que renunciara a sus militancia priísta de 33 años,  el pasado mes de septiembre,   no sólo se alzó con el triunfo en su condición de candidato independiente – es decir, sin el cobijo de partido alguno–, sino que prácticamente arrasó en las urnas tanto a la candidata del tricolor, Ivonne Álvarez, como al panista Jesús Cantú, enviándolos a un segundo y tercer lugar con 24 y 23 por ciento de los votos, muy alejados del 49 por ciento obtenido por el ex diputado federal, local y ex alcalde del municipio de García, Nuevo León, que sumó a su causa casi un millón de votos.

Tras   la celebración del triunfo, “El Bronco”  fue entrevistado por los medios y ante la reiterada pregunta de cuál será su proceder  en torno  al escabroso asunto de la corrupción oficial en su Estado, no dudó  en anunciar que a Rodrigo Medina y su progenitor, Humberto Medina Ainslie, les esperan días muy difíciles una vez que el mandatario saliente  le entregue la estafeta. Pero, ¿hasta dónde alcanzarán dimensión real las palabras del  triunfador?…

Desde el domingo pasado, Rodríguez Calderón se convirtió, sin duda alguna, en el punto de referencia obligado para tejer una y mil interpretaciones de lo que sucede con la política mexicana y su aún incipiente democracia. Empero, aislando su triunfo de la euforia ciudadana y colocándolo a ras de tierra, lo acontecido en Nuevo León no debe inducir  a millones de mexicanos a creer en un falso espejismo que tiende a confundir las candidaturas independientes con lo que debería ser una legítima y autónoma expresión de las candidaturas ciudadanas; es decir, aquellas a las que arriben verdaderos ciudadanos que no tengan  ni hayan tenido relación alguna con los por demás contaminados partidos que parecen inocular con el virus de la corrupción y el poder a todos aquellos que pasan por sus filas.

Hay qué decirlo con toda claridad: el triunfo de “El Bronco” tiene una gran valía en cuanto ayudó a mostrar el grado de hartazgo que tienen millones de mexicanos con la clase política en su conjunto y el poder que una sociedad puede lograr en las urnas, cuando se propone decir NO a las eternizados promesas partidistas nunca cumplidas y que son recicladas hábilmente por la mercadotecnia publicitaria en cada proceso electoral. Hasta ahí todo raya en lo perfecto, sólo que Jaime Rodríguez, como en muchos otros casos de candidaturas independientes, siguió el mismo derrotero de la defección partidista cuando vio que sus aspiraciones personales no encontrarían una respuesta positiva en su antes amado partido, el PRI. La sociedad regiomontana cayó en la trampa de sumarse a un proyecto político cuyo ADN no hubiera cambiado en lo absoluto, si por ejemplo, “El Bronco”, hubiera ganado las elecciones internas para ser el dirigente del PRI en Nuevo León, o si los mandos priístas  hubieran decidido abrirle otro espacio de participación en sus filas. Vale la reflexión: ¿Es acaso este personaje un candidato que surja de una verdadera propuesta  ciudadana? Por supuesto que no.

En el 2000 arribó a la Presidencia de la República, un ranchero guanajuatense que en la década de los ochentas decidió sumarse al proyecto de los empresarios neopanistas encabezados por el desaparecido  Manuel J. Clouthier; en 1988, llegó a diputado federal para más tarde, ser gobernador de Guanajuato y, de forma inédita, ganar la elección presidencial luego de una campaña donde, con sus publicistas por delante, logró cautivar a un electorado igualmente, como ahora, en los límites del hartazgo social, con su  lenguaje campirano donde prometió acabar con la corrupción representada por  “las víboras prietas y las tepocatas”.

Más que un candidato de partido, Vicente Fox encarnó una figura independiente que sacó al PRI de Los Pinos, pero su gobierno de la “transición democrática” y que tantas expectativas abonó en millones de sus simpatizantes, se vino abajo cuando todo un país constató que el ranchero entrón y supuestamente honesto, no resultó más que un bufón analfabeta que llevó al país a la ruina permitiendo que las “víboras prietas y demás tepocatas”, se reprodujeran por todo el ámbito oficial, como sucedió con los hijos de su esposa y Primera Dama, Martha Sahagún.

¿Sucederá lo mismo con “El Bronco”? ¿Los electores de Nuevo León se llevarán un chasco como el que los mexicanos experimentaron con Fox? ¿Realmente el gobernador electo meterá a la cárcel a Rodrigo Medina y su enriquecida parentela a sabiendas de la estrecha relación de amistad que el mandatario regio tiene con el Presidente Peña Nieto? ¿Estuvo exento el candidato ganador del misil mediático aparecido en contra de Rodrigo Medina, justo el día de los comicios?

Rodríguez Calderón ha dicho, como lo señaló entonces Fox, que integrará su gobierno con gente capaz, ¿pero esta visión simplista lo librará de pactar acuerdos con el resto de los partidos, incluyendo a su propio origen político, el PRI? “El Bronco” tendrá que doblarse ante  legisladores federales y locales que, al menos en el terreno partidista, no le son afines pero tampoco le son desconocidos pues ha convivido con ellos, como parte de la clase política regia. Por eso, no debe abusar de los baños de autonomía e independencia. El chasco por su pretendida autarquía política  puede ser mayúsculo.

Ojalá y nos equivoquemos pero, en lo personal,  nos asisten motivos de sobra para dudar sobre un cambio realmente de fondo, y en bien de los ciudadanos de Nuevo León, con la llegada al poder de “El Bronco”. Indudable que  la mayoría de  las candidaturas independientes fueron encabezadas por personajes que salieron de diversos partidos y no del seno mismo de la sociedad. Ahí está, como otro ejemplo, el caso del ganador en las elecciones de Morelia, Alfonso Martínez Alcázar, un ex panista que tras renunciar a  su partido, logró su objetivo de ser alcalde.

Habrá por ahí una o dos honrosas excepciones como la del joven candidato independiente,  Pedro Kumamoto, que ganó una diputación por el Distrito 10 de Jalisco, pero ni Manuel Clouthier Carrillo, candidato a Diputado Federal por Culiacán, quien ya fue legislador por el PAN, ni muchos otros, encarnan lo que debe ser un inaplazable despertar ciudadano que permita una legítima representación en el Congreso de una sociedad agraviada, y que en su hartazgo sigue cayendo en los espejismos de los supuestos “candidatos independientes”, que como decía mi abuela: “son la misma gata, pero más maquillada”; no cambian de maullidos ni aruñazos.

Nuestro correo: garrasleo6@yahoo.com.mx

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