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FALLÓ EL INTENTO REELECCIONISTA DE LOS DIRIGENTES DEL SINDICATO ÚNICO

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*  El líder Juan Ayala y candidato al Constituyente, debió echar marcha atrás a su pretensión por modificar, sin el consenso de las bases, los estatutos para permanecer en el cargo hasta el 2020; trabajadores echaron abajo el espurio Congreso al que convocó en el Deportivo 18 de Marzo

 

Por Carlos González Merino*

Especial para Expediente Ultra

El fallido intento de la dirigencia del Sindicato Único de Trabajadores de la Ciudad de México por ampliar  su mandato hasta el año 2020, sin el consenso de los más de 110 mil trabajadores de base que lo conforman, representa una de las peores agresiones a la democracia sindical.

Lo acontecido en el Salón Bugambilias del Deportivo 18 de Marzo donde, por el manifiesto rechazo de las bases, su presidente, Juan Ayala Rivero debió recular en su intentona por modificar el contenido del artículo 161 de los estatutos para cancelar el derecho de los agremiados a elegir por el voto libre y secreto a sus representantes, muestra el grado de extravío a que se ha llegado en la organización sindical más importante de la capital del país, donde son los intereses de unos cuantos los que buscan prevalecer por encima de los intereses y voluntad de las bases.

Cambios en el estatuto para aniquilar la democracia
Cambios en el estatuto para aniquilar la democracia

El pasado jueves 12 se expidió la convocatoria a un Congreso Extraordinario, mismo  al que debe convocarse sólo en situaciones de extrema urgencia o que pongan en  peligro  la existencia de la organización. Por supuesto que ampliar el periodo de los dirigentes no recalaba en ninguno de estos supuestos, por lo que de inicio el asunto empezó torcido pues las modificaciones estatutarias deben realizarse a través de un Congreso General Ordinario.

Y como lo que mal empieza, mal acaba, las cosas se le salieron de control a Ayala y su camarilla porque en el más elemental de los razonamientos, ningún trabajador puede aceptar el contrasentido del hoy candidato a legislador constituyente que pugna, en apariencia,  por una Constitución progresista que aliente y fortalezca la democracia en la Ciudad de México, cuando en los hechos coarta este derecho elemental a los trabajadores que dice representar.

En todo este contexto de atrocidades sindicales, y con miras a los cambios que se avecinan en la estructura administrativa de la ciudad,  donde las delegaciones pasarán a ser alcaldías con sus cuerpos edilicios y presupuestos propios, es hora de que los más de 110 mil trabajadores del Único, tomen conciencia de que en sus manos está sacudirse un esquema sindical que desde hace mucho dejó  de representarlos y velar por sus intereses al no ser un legítimo contrapeso a las autoridades.

Tanto el artículo 123 constitucional en su apartado “B”, y  los acuerdos internacionales firmados por nuestro país como el Convenio 87 de la OIT, mantienen, a través del derecho a  la libre sindicalización, el espíritu democrático de las organizaciones gremiales. Si la Ciudad de México tiende a evolucionar con la pretensión de una Constitución de vanguardia, no puede llevar consigo lastres que impidan una libre y legítima nueva organización de sus miles de trabajadores que a final de cuentas también son ciudadanos con derechos civiles, humanos y políticos.

Atrás deben quedar las sombras de la intimidación que en otros tiempos han servido para hacer creer a los trabajadores de base que si intentan agruparse en una nueva organización, serán despedidos o marginados de las prestaciones sociales  y el salario al que por  ley tienen derecho.

Las bases contra la reelección de sus líderes
Las bases contra la reelección de sus líderes

Es hora de que los nuevos vientos de democracia que soplan en la capital del país, se manifiesten a favor de los intereses de los miles de trabajadores que laboran en el gobierno capitalino. Por eso, resulta alentador saber que contra lo que pensaban los anquilosados dirigentes del Único, sobre el aparente letargo y apatía de las bases, no hay tal docilidad ni aceptación de las mayorías  a sus aspiraciones  por perpetuarse en el poder.

La libre sindicalización es la bandera y puerta de entrada a un nuevo modelo sindical que realmente luche por  sus intereses. Los trabajadores de base han dicho NO  a la reelección de sus dirigentes y  podrán decir SÍ al surgimiento  de nuevas organizaciones más independientes y democráticas. La ley y los tratados internacionales así lo establecen.

(*) Abogado laborista,  ex Vicepresidente del SUTGDF y  ex Magistrado del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje

 

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