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Fray Servando 32, donde se anida la corrupción del TSJCDMX

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Negocios ilícitos de los magistrados

 

*  Contumaz complicidad de 77 magistrados que han estado en un negocio económico con aroma a fraude más  que a una noble acción  y ética profesional

 

 

Por BLAS A. BUENDÍA

Especial para Expediente Ultra

La extraordinaria historia del polémico edificio de Fray Servando 32, del TSJCDMX, trae una contumaz complicidad de 77 magistrados que han estado en un negocio económico que huele más a fraude que a una noble acción y de ética profesional al servicio del pueblo mexicano, es decir, han usufructuado el gasto del servicio público federal con apariencias de legalidad.

Tres magistrados, de los 80 que son en total, se negaron en coparticipar en este “perfecto peculado con tintes económicos y políticos”, desde hace más de un quinquenio, soslayando el llamado Plan Institucional 2017-2018 del TSJ, que supuestamente robustece la transparencia, fomenta el diálogo y el pluralismo ideológico de los Jueces, fortaleciendo la perspectiva de género y derechos humanos, así como la planeación estratégica de esta dependencia.

Corrupción en la casa de la justicia

Los señores magistrados cobraban a través de su Fondo de Retiro, un “Bono por Stress” que ascendía a la nada despreciable cantidad de 30 mil pesos mensuales; anualmente se repartían una bolsa superior a los 60 millones de pesos, producto de la renta del edificio en comento,  dineros que –coloquialmente- se “jineteaban” en una cínica voracidad y sobre explotación del erario federal.

Ante el escándalo mediático develado en los medios de comunicación (http://noticieros.televisa.com/videos/tsj-cdmx-paga-renta-edificio-fondo-retiro-magistrados/), ahora esos 77 magistrados integrantes del fondo, ya no saben cómo justificar esta maniobra de su “hermandad”, cuyo círculo vicioso los desprestigia aún más, al explotar dicho inmueble del cual obtuvieron jugosas ganancias libres de toda acción hacendaria a lo largo de seis años.

Los dineros obtenidos y depositados en el Fondo de Retiro de los Magistrados, se inició con un lucro indebido desde el año 2011 sin que nadie los cuestionara o  fiscalizara en el ámbito de la transparencia, solo por tratarse de un poder soberano y autónomo, pero –según acusan los propios trabajadores del TSJ-, son actitudes propias de “lacayos justicieros de consigna”.

Incluso, este mismo tribunal -garante de la paz social en México-, sus agentes de poder y control mantienen una equivocada moralidad por integrar un connotado ente “represor de la razón”, porque quienes protestan -sin atisbar- les aplican la ley juarista: “A mis amigos: justicia y gracia; a mis enemigos: justicia a secas».

De tal suerte que la VORACIDAD EN EL TSJCDMX, título que pertenece a otro artículo periodístico de investigación reflexivo -contundente, objetivo y veraz-, detalla sobre los actos de corrupción, el abuso del poder que se entrega a los grandes compromisos políticos y económicos. Un factor determinante en el resultado final, echar abajo, ese paradigmático paraguas de impunidad.

El ídem juarista debe ser concreto y no una impúdica coraza; es oportuno que el mexiquense Álvaro Augusto Pérez Juárez, como funcionario público, defina su suerte de transparencia, es decir, que pese a que muchos lo consideran ser personero del anterior Presidente Patrono del TSJ, haga válida su certeza que está a la cabeza de este H. Órgano Jurisdiccional por convicción sin obedecer a intereses ni políticos, ni económicos y ni financieros, y menos de facto.

El pueblo de México merece respeto y ese respeto debe ser irrestrictamente permanente para consolidar los estándares democráticos internacionales, en el rubro de impartición de justicia.

“No tengo compromisos con nadie”, puntualizó en reunión con magistrados la cual se vio forzada por la insistente presencia de trabajadores quienes lo increparon abiertamente en aras de su seguridad al estar laborando en vetustos y antiquísimos edificios que hoy representa no solo un riesgo, sino la debelación de la propia cara de la muerte. Y la respuesta del TSJ, fue esa… la aplicación de la ley juarista.

En este orden de ideas, cobran relevancia que los sismos del jueves 7 y martes 19 de septiembre (2017) descobijaron la cloaca del TSJ. A más de 9,085 kilómetros de distancia entre México y Holanda, los ojos del Rey Midas que todo corrompe porque donde pone la mano no precisamente lo volvió oro sino lo dejó transformado en un socavón de corrupción y en la degeneración de la justicia, observa paciente su obra pícara.

Compró el ánimo de los magistrados en contra de los intereses de la implementación en la impartición de justicia capitalina, bajo el supuesto pago de las pensiones rentísticas de Fray Servando 32, en negociaciones fraudulentas que han denigrado la regia conducta de los togados.

Esos magistrados hacen evitar las acciones de la instauración de las acciones del edificio en contra de la propia institución judicial, lo que implica una verdadera aberración jurídica que pudo hasta haber tramado un juez de consigna.

Pero este reportero, con la dignidad que le corresponde, también debe hacer palpable y notorio que tres magistrados de impecable honorabilidad pertenecientes a ese H. Pleno, hicieron acciones de repudio en contra de esa entelequia estela de impunidad y corrupción. Vale reconocer la conducta incólume y ejemplar de dos magistrados de salas familiares y otro más de las penales, quienes en un gesto ejemplar, no admitieron entrar a esa cofradía.

Frente a todo este escándalo que ha emanado de avenida Niños Héroes 132, sede del TSJ, una fuente confiable reveló que pese a la presión social y laboral en contra de la cúpula de este “aparato inquisidor”, el inmueble de 14 pisos de Fray Servando 32, no será demolido sino “restaurado”.

Anuncia que le darán una “manita de gato” para aparentar que “no sufrió daños” en su estructura por tantos sismos y terremotos que ha superado a través de las últimas cuatro décadas.

En el marco de este gran árbol de problemas del Poder Judicial de la Ciudad de México, se tiene planeado -según trascendió- nuevamente ser arrendado a otra institución o compañía privada y salvar así, la fuente de financiamiento del Fondo de Retiro de los Magistrados, lucro indebido iniciado desde el año 2011 con los propios recursos presupuestales oficiales del TSJ, ante un ambicioso plan patibulario que juega hasta con la vida de las personas para  seguir haciendo “justo y productivo el edificio de Fray Servando 32”.