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Gringo socialista

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El senador Bernie Sanders está a punto de dar un campanazo en las elecciones primarias del Partido Demócrata y quedarse con la candidatura presidencial para enfrentar a Donald Trump en noviembre.

Hace cuatro años, Sanders no pudo con la presión de la nomenklatura y debió reconocer su derrota ante Hillary Clinton.

Esta vez, sin embargo, las cosas podrían pintar distinto para él. De hecho, parece encaminado a lograr lo que hizo Trump con el Partido Republicano en 2016: ganar la nominación como externo.

El sábado, Sanders se llevó las asambleas partidistas (caucus) en el estado de Nevada, lo que le ha dado un impulso para enfrentar las etapas que vienen en la carrera para ser coronado candidato en la convención de julio entrante en Milwaukee.

La próxima será en Carolina del Sur, el sábado 29, y luego vendrá el llamado “súper martes” en la que los demócratas de 14 estados irán a las urnas en una misma jornada, el 3 de marzo, para votar por quien los representará en la elección presidencial.

Si el grupo hegemónico del partido no logra frenar la marcha de Sanders en los próximos siete días, será muy difícil quitarle la candidatura.

De ocurrir eso, se daría un hito en la historia política de Estados Unidos, pues los delegados demócratas tendrían que nominar a un hombre que se ha declarado admirador de la URSS, la Revolución Cubana y el expresidente boliviano Evo Morales.

Pero, ¿cómo puede ser que eso siquiera sea una posibilidad en la meca del capitalismo?

Parte de la respuesta a esa pregunta reside en la forma en que el país ha gestionado el acceso de los jóvenes a la educación superior.

Los estadunidenses nacidos después de la Segunda Guerra Mundial han sido criados en la convicción de que su futuro depende de obtener un título universitario, lo cual ha llevado a la matrícula a crecer, en medio siglo, casi dos puntos porcentuales en relación con la población del país: de 4.18% en 1970 a 6.02% en 2020. Y, con ello, el costo de la colegiatura, que se ha expandido a un ritmo seis veces superior a la inflación desde los años setenta.

En 1978, las universidades comenzaron a ofrecer financiamiento a los alumnos para pagar sus estudios. El resultado ha sido la acumulación de una deuda total de más de 1.6 billones de dólares. Ese monto –superior al PIB de México– es adeudado por unos 44 millones de estadunidenses. Para muchos de ellos, el crédito se ha vuelto impagable.

Ahí es donde entra Bernie Sanders. El senador por Vermont ha prometido el perdón de las deudas estudiantiles al tiempo que las ha presentado como resultado de la avaricia corporativa.

Esa propuesta ha resonado en los estadunidenses jóvenes. Y, al margen de si Sanders podría realmente cumplir con el ofrecimiento, esos jóvenes están a punto de ponerlo en la boleta.

 BUSCAPIÉS

*¿De dónde sacan a las personas que se ríen de los chascarrillos presidenciales en las mañaneras? No sé. Lo que me queda claro es que no son periodistas. Un periodista no se reiría de las burlas que alguien poderoso lanza hacia los medios de comunicación. Ayer se oyó en la transmisión cómo rebotaban sus carcajadas en las paredes del salón Tesorería. Quienes así reaccionan son simples paleros, la claque que llevan a las conferencias para cambiar de tema cuando las preguntas periodísticas se ponen incómodas.

*Al comentar ayer “el asesinato de la niña” –es decir, el secuestro, tortura, violación y ahorcamiento de Fátima Cecilia Aldrighetti Antón, de siete años de edad–, el presidente López Obrador afirmó que no bastaba con detener a los responsables, que había que atender las causas”. Se refería, cuando menos en parte, a “garantizar el bienestar material”. Por eso yo pregunto: ¿en qué momento la pobreza de los presuntos homicidas de la pequeña Fátima fue razón para que hicieran lo que hicieron?

https://www.excelsior.com.mx/opinion/pascal-beltran-del-rio/gringo-socialista/1366041

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