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La discreta partida de Evo

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Foto especial

*Ni un mes aguantó Evo Morales en México.

¿Qué vio, que lo hizo salir corriendo? La explicación de que se tenía que ir a Cuba a hacerse un chequeo médico suena a pretexto. Si no lo es, es una exhibición de lo mal que está nuestra medicina pública. Sea cual fuere el tratamiento que supuestamente requería, ¿acaso no lo podía recibir aquí?

El rescate de Morales en Bolivia quiso pintarse como una gran epopeya de nuestro servicio exterior. Se le salvó la vida, nos platicaron.

El asilo al expresidente boliviano, agregaron, es parte de la tradición mexicana. Lo compararon con la recepción de miles de españoles que huyeron de la guerra civil en aquel país.

En todo momento sostuvieron que Evo Morales había sido víctima de un golpe. Poco importaba que llevara casi 14 años en el poder; que hubiese desconocido el resultado de un referéndum en 2016, en que una mayoría de los electores rechazó modificar la Constitución para que pudiese reelegirse nuevamente, y, peor aún, que haya intentado beneficiarse de un fraude electoral para hacerse de un nuevo periodo en la Presidencia, como documentó puntualmente un equipo de la OEA.

Para el gobierno mexicano fue un golpe el que el comandante de las fuerzas armadas, el general Williams Kaliman haya pedido a Morales –de quien fue siempre adicto, al punto de la ignominia– dejar el poder para no atizar más la inconformidad con los resultados de la elección del 20 de octubre, y para no colocar a soldados y policías en el papel de represores, cuando estaban ya completamente rebasados por los manifestantes.

Durante su estancia de 24 días en México, Evo Morales no dejó de usar el territorio del país que le había otorgado asilo para seguir haciendo política, contraviniendo los principios del refugio. Dio conferencias de prensa y se comunicó con sus seguidores para ordenarles que bloquearan las ciudades para evitar que llegaran alimentos, como se difundió en un video grabado por el hijo de uno de sus simpatizantes, descubierto en un teléfono celular que incautaron las fuerzas de seguridad.

Mal paradas quedaron las autoridades mexicanas con la partida de Morales, pues todo parecía que se habían preparado para ofrecerle la hospitalidad por un plazo más largo. Le dieron las llaves de la Ciudad de México y lo alojaron en el Campo Militar Número Uno. Vaya, ¡hasta una CURP le tramitaron!

Después de acariciarle en rostro a la puerta del avión que lo trajo de Bolivia, el canciller Marcelo Ebrard aseguró que aquí no tendría nada que temer, que su seguridad estaría garantizada por un país donde matan a 80 personas al día.

También quedaron mal los diputados de Morena, que le organizaron una vaquita de 500 pesos mensuales cada uno. Si se hubiera reunido el dinero, Evo habría tenido una pensión superior al salario del presidente López Obrador.

¿Por qué se fue Evo Morales por la puerta de atrás? Vaya usted a saber. El gobierno mexicano habló mucho a la llegada del huésped, pero no dijo casi nada a su partida. Hubo ceremonia de bienvenida, pero no de despedida.

Así que no podemos sino especular:

¿Fue por el informe final de la OEA, que probó con datos precisos la mecánica del fraude en Bolivia, y dejó al gobierno en la incómoda posición de asilar a un defraudador electoral, que tendría que recibir prisión preventiva oficiosa si se le aplicara la ley mexicana, modificada al gusto de la 4T?

¿Fue a cambio de que Donald Trump no declarara terroristas a los cárteles de la droga de México? ¿Fue porque el asilo le estaba costando muchos puntos de popularidad al presidente López Obrador?

¿O fue simplemente porque Evo Morales decidió usar a México como lugar de refugio temporal, mientras llegaba el día de la toma de posesión del peronista Alberto Fernández en Argentina, un país más próximo a Bolivia, desde donde puede tramar mejor su regreso?

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