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LA GENERACIÓN DE MUJERES, HEREDERAS DEL 2017

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 *  Recomiendan políticas con perspectiva de género, pero no aceptan cuotas de regalo ni que se les  siga negando el derecho a decidir sobre su propio cuerpo;  levantan la voz para rechazar publicidad sexista y critican  los estereotipos latentes en telenovelas y canciones

 Por Elvira Hernández Carballido

Especial para Expediente Ultra

Nuestra historia representa ese repaso que muchas mujeres de mi generación no pudimos hacer en nuestras escuelas sobre la presencia femenina porque no había datos, ni nombres, ni testimonios. Seguramente no la supieron nuestras abuelas, aunque fueron ellas las que lograron escribirla pese a su analfabetismo y gracias a su fiel memoria.

Ahora, esta historia, nuestra historia, la puedo compartir con jóvenes que abren sus ojos y murmuran nombres cuando desde un salón de clases, una conferencia o un texto como el que ahora escribo, puedo grabar datos, nombres y testimonios de las mujeres en México. Ellas, nosotras, ella y yo somos nuestra historia. 2017 puede ser nuestro aliado, sobre todo si sumamos a nuestros retos y compromisos, a nuestras necedades y complicidades, pasado y futuro, la fuerza de las mujeres mexicanas que somos, que fuimos, que podemos ser porque ya escribimos otras páginas en la historia de nuestro país y…

Nos descubrimos en las princesas aztecas que desoladas vieron la destrucción de su cultura pero que guardaron sus historias para no olvidar nuestro origen de plumas, diosas quebrantadas, águilas y serpientes devoradas.

Paseamos con las monjas de la época colonial para inventar esa palabra que mejor representa nuestras complicidades como es la sororidad. Acompañamos a las seductoras que lograban transformar a soldados del ejército español en insurgentes convencidos. Ser las benefactoras más solidarias que entregaban su herencia para apoyar a la causa rebelde. Esconder entre los vestidos la carta de estrategias militares que hacían ganar batallas. Dar tres taconazos delatores y provocar una independencia.

Redactamos en el encabezado de una primera plana esa frase retadora que se convierte en la noticia del siglo XIX: Aquí estamos. Y desde ese instante el periodismo fue nuestra trinchera.

Nos asomamos al estribo de un tren revolucionario y extender la mirada a un futuro más justo. Cortamos nuestro cabello y ser una pelona rebelde que lucha decidida por su identidad elegida cuando México se bautizó como posrevolucionario.

Salimos a la calle para exigir ser reconocidas como ciudadanas.

Votamos por quienes creemos o no votar por quien no nos convence.

Heredamos el reto de usar alegremente una minifalda,  hacer la señal de la paz y el amor, mientras luchamos por llevar a la imaginación al poder mientras hacemos y deshacemos el amor.

Juramos que lo personal es político y la tercera ola del feminismo empapa a todo un país.

Aprendimos a conjugar verbos como experimentar, fotografiar, pintar y cantar para denunciar quiénes queremos ser. Navegamos entre las ciencias sociales, las ciencias exactas y las humanidades para desear lo que nos gustaría ser. Escribimos para delatarnos y encontrar cómplices de nuestros anhelos.

Y aprendimos a contar hasta 43, a decir Ayotzinapa, no al gasolinazo.

Recomendamos políticas con perspectiva de género, pero no queremos cuotas de regalo ni que se siga negando el derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo. Levantamos la voz para rechazar publicidad sexista o criticamos los estereotipos latentes en telenovelas y canciones.

Nos duelen los feminicidios pero repetimos hasta la eternidad: “Ni una más”.

Insistimos en romper ese techo de cristal en todos los escenarios sociales, políticos, laborales y culturales.

Celebramos cada logro pero reconocemos lo que todavía falta, por eso desde muchas tribunas nuestro discurso se repite y se construye con mejores argumentos. Por eso desde una columna periodística o una conferencia denunciamos que la discriminación e inequidad persiste. Por eso salimos a la calle, hacemos poemas, reflexionamos y no nos conformamos.

Por eso 2017 es el año de heredad a nuestras antepasadas. 2017 debe contener 12 meses de feminismo, de perspectiva de género, de necedad total por ser y estar.