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La “Guerra” que viene

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¿Primero los de casa? (Foto especial)

SILOGISMOS

*La Policía Nacional de López Obrador, se meterá a la boca del lobo; ahí encontrarán a sus pares y se medirán con la misma vara. Elementos de las fuerzas armadas que se suman a la PN, solo cambian de uniforme, más no de capacidades y excesos.

 

Por Antonio Ortigoza Vázquez

El Poder Ejecutivo, que hoy es encabezado por Andrés Manuel López Obrador, ya libra una guerra contra las vertientes del Crimen Organizado dedicada al robo de combustible, los temibles huachicoleros, al robo de autos, secuestros además del tráfico de estupefacientes y psicotrópicos.

Hoy, esa guerra se caracteriza por el despliegue espectacular de fuerzas armadas —del Ejército, la Marina Armada, la Fuerza Aérea y Policía Federal—y acciones realizadas con igual dramatismo, pero con una nueva piel, la de la Policía Nacional.

La vertiente narco del Crimen Organizado ha respondido con la misma, o mayor, dosis de violencia, sigue bajo la preferencia de la Ley del Talión —ojo por ojo— y ante la sorpresa del Ejecutivo, ha mostrado enorme capacidad de respuesta.

Ello ha evidenciado la falta de claridad y organización de las fuerzas usadas por el Poder Ejecutivo, hoy en manos de los altos mandos del Ejército y la Marina Armada. A ello súmese la impreparación del mando supremo en temas de seguridad.

El comandante supremo de la Fuerzas Armadas de México, no ha sabido salirle al paso a los desafíos estratégicos que plantea la guerra contra las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de sustancias prohibidas, solo ha anunciado la creación de la tan mencionada Policía Nacional.

El futuro se avizora con consecuencias terribles: Las Fuerzas Armadas no están capacitadas para realizar trabajo policiaco, cuya premisa filosófica mayor es la de prevenir el delito, así lo decía nuestro hoy presidente: “Tenemos que ir sacando al Ejército de las calles, no está preparado y es otro su encargo, no se le debe seguir exponiendo y socavando… Regresaremos al Ejército en la medida que se va profesionalizando a las policías, ese es mi plan, nos va a llevar seis meses para que las policías se hagan cargo de garantizar la seguridad de los mexicanos”.

Ese trabajo, el de las policías, de prevención se realiza —por lo menos en teoría— en un marco jurídico regido por una receptividad civil y de innegable naturaleza social.

Esa cultura es ajena a las Fuerzas Armadas de México, cuya conformación y rigideces castrenses representan obstáculos insalvables para el desempeño de cualquiera misión preventiva.

Así las cosas, en sus primeros 10 días de mandato, la cifra de mexicanos asesinados en territorio nacional, suman los 363 decesos; comparada esta cifra con las administraciones pasadas que fueron encabezadas por Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, el panorama se advierte igual o peor, que en el pasado inmediato.

El crimen organizado, poco o nada le importa la cuarta transformación, no sabe de repúblicas amorosas. Pero hay un problema, poco hablado ¿qué pasará con los elementos de las policías municipales, estatales y agentes ministeriales que se encuentran bajo las ordenes de los barones del crimen?

La respuesta se percibe de terror, pues esta nueva Policía Nacional, llegará a los estados y sus municipios a enfrentar los intereses creados entre criminales y policías, algo que se antoja de terror, nacerá una nueva guerra, la “oficial” entre oficiales.

Las fuerzas del poder, las convencionales y las que actuarán bajo la doctrina de la baja intensidad, no serán suficientes para combatir al flagelo dela delincuencia. De hecho, ya se ve ello: hay descontento en el Ejército.