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LA LAMBISCONERÍA ALFOMBRIFORME NO ADORNA, PERO CONSIGUE CONSULADOS

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* Del hijo laico de dios  al  ¡Que no le digan mezquino!

POR GUSTAVO CORTÉS CAMPA

En aquellos tiempos de gloria del Régimen de la Revolución –tan añorados ahora en “las mañaneras”-  se supo de un militar de alto rango que no ponía reparos en colocarse “en cuatro patas” para que el pequeño hijo del señor Presidente pudiera alcanzar los estribos de su caballo. Esa conducta generaba discretas burlas y comentarios hirientes a espaldas del oficial, pero escaló grados militares, puestos oficiales, llegó a gobernador y dejó a su descendencia una cuantiosísima fortuna.

 El Zar Alejandro III –quien murió en un atentado a manos de los nihilistas- fue un gobernante, para decirlo en términos actuales, progresista; había hecho un importante reparto de tierras a los mujiks (campesinos misérrimos) y reformas para aflojar un poco la tiranía del sistema. En una reunión con los consejeros imperiales, tuvo una ocurrencia. Se discutía el nombramiento del nuevo gobernador de Krasnoyarks y se mencionaban diferentes nombres, cuando el Zar interrumpió a todos y dijo: “No, no, señores, yo creo que el mejor hombre es… Mossogorsky”.

Unos segundos después, uno de los consejeros se puso de pie y dijo: “Lamento haber dejado pasar los grandes méritos de Mossogorky, ciertamente, es el mejor hombre. He tenido noticia de su trayectoria y es impecable”. Otro consejero le interrumpió y comenzó a perorar: “Perdón, pero yo estoy plenamente seguro que de no solo es el mejor, sino el único que podrá con la enorme tarea de componer todos los graves problemas que enfrentará…” Y a éste le interrumpió otro consejero, y otro más saltó a la palestra a competir en la búsqueda de los grandes méritos del señalado por el Zar.

Alejandro, finalmente, pidió silencio y compostura. Les dijo: “Señores, quiero decirles que Mossogorsky no existe. Es un nombre que se me ocurrió hace unos minutos… sólo para saber el grado de servilismo de lo que pueden ser capaces. Buenas tardes”.

 LOS GRANDES BENEFICIOS DE LA ADULACIÓN

En los sistemas tiránicos,  o no tanto, pero con el poder concentrado en una persona, el recurso más expedito al favor del poderoso suele  ser la adulación, pero cuando esta modalidad se ve “demasiado refinada”, entonces surge por sus fueros la lambisconería pura y dura, una conducta que no se cuida del ridículo, de la indignidad extrema e inclusive, con actos grotescos para “quedar bien” con el jefazo.

El lambiscón apuesta a que su técnica “no puede fallar”: el jefe queda en deuda una vez que el cortesano hace las veces de   alfombra para ser pisoteado y aguantar todo con carcajadas. La recompensa pude ser un departamento del ISSSTE, una chamba con sueldito “regular” o, según se trate, de una diputación, donde tendrá que mejorar exponencialmente su repertorio de lambisconerías, porque de eso depende… una gubernatura.

El fenómeno, ciertamente, no se circunscribe al ámbito gubernamental, también sucede en la empresa privada, pero las consecuencias, en este último caso, las paga el dueño, o los dueños, del negocio.  En el primer caso, las pagamos… los que pagamos impuestos.

El lambiscón no requiere, necesariamente, de ingenio, inventiva para chistes de alguna calidad, sino le basta y sobra con arrastrar su humanidad con zalamerías, entre más vulgares y ridículas, mejor.

Una primera muestra provino de un personaje en quien quizá nadie o muy pocos, habrían sospechado: Porfirio Muñoz Ledo, con larguísima trayectoria en la oposición, desde que dejó el PRI para I1987.

Pero a los 85 años tuvo la mala suerte de estar en el carro triunfador,  desechó la oportunidad de contenerse  y soltó un “tuit” donde dice del presidente AMLO: “… es un hijo laico de dios”. 

No se conocía la “vena teológica” de Porfirio, pero algunos de sus amigos han dicho que “pudo guardársela para mejor ocasión”.

Pero, obvio, han surgido las manifestaciones ramplonas en el duro oficio de bufón.

¿Un ejemplo? En el último año y medio hemos visto y oído a Lord Molécula en la “mañanera” comenzar su “pregunta” de la siguiente forma: “Jefe de la nación: Con indignación hemos escuchado con frecuencia al Cártel de la Mentira, de Ciro Gómez Leyva, López Dóriga, Krauze…” y siguen 20 minutos de sublimes sandeces, escuchadas con una sonrisa, no sabemos si sarcástica o de otra índole, por el personaje a quien va dirigida la sarta de bufonadas.

ADELITA ARVIDE ¿UNA POSICIÓN MILITAR?

En decenios pasados, los nombramientos de embajadores, de vez en cuando generaban algo de polémica, opiniones encontradas, pero sin mayor problema. Si acaso, llamaba la atención la personalidad controvertida del nombrado.

Así sucedió cuando el ex presidente Gustavo Díaz Ordaz fue nombrado por López Portillo embajador en España y después, la renuncia en alguna medida escandalosa, ya que, siempre fiel a su esencia, don Gustavo se indignó al parecer por comentarios de un personaje por él detestado cordialmente –Carlos Fuentes-  y “huyó como criada”, sin despedirse de los reyes hispanos.

Después, el mismo López Portillo levantó polémica al nombrar embajador en Canadá al comentarista televisivo y veterano cronista de “sociales”, Agustín Barrios Gómez. Y peor, cuando en una entrevista dijo: “Yo soy de derecha, y me gusta arreglar negocios con un whisky en la mano”.

Menos escandaloso fue el nombramiento de Augusto Gómez Villanueva como embajador en Italia. Simplemente, el presidente López Portillo hizo un movimiento para “afianzar su autonomía” respecto a su antecesor, Luis Echeverría, quien “le había clavado” al líder de la Cámara de Diputados.

Pero casi no tuvo repercusión un incidente chusco, cuando al nuevo embajador (sin hablar media palabra de italiano ni de la cultura mediterránea en absoluto) al presidir la ceremonia del “Grito de Independencia”, con la presencia del cuerpo diplomático en pleno y representantes del gobierno italiano (todos en frac), y el señor embajador que hace presencia vestido con ¡guayabera color verde pistache!

“¡Cafone!” comentaron los diplomáticos italianos por lo bajo (Patán, palurdo, en castellano)

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Sucedió hace pocos días y suscitó muchos comentarios en las “redes sociales”: Isabel Arvide, una singular periodista ha sido nombrada por el presidente AMLO nueva titular del Consulado de México en Estambul. La milenaria Bizancio, la imperial Constantinopla. La patria del inmortal general Belisario.

Al enterarse de la noticia, aún sin confirmar, el ex secretario de Relaciones Exteriores, Jorge G. Castañeda, un personaje con una formación y trayectoria personal difícil de sorprender, fue incrédulo y exclamó: “¿Es una fake news?” Una vez confirmada oficialmente la especie, dijo algo como que  “esto prueba a lo que puede llegar la 4T”.

Isabel Arvide, sin llegar nunca a ser realmente periodista, ha utilizado la credencial que se adjudica a sí misma para hacerse pasar por profesional del periodismo y con ese ropaje, hacer de gacetillera pagada, calumniadora al estilo de aquel pronunciamiento de López Portillo (“difaman por afamar”) y trepadora con el escándalo como instrumento principal.

Derrotado el PRI, Arvide encontró refugio y beneficio con gobernadores del tricolor que han destacado como rapiñadores (lo que ya es decir) como Borge, de Quintana Roo, quien ya enfrenta la justicia.

Un botón de muestra: En un portal de Internet se publica la hoja de Tesorería de Quintana Roo,  que dice “Relación de Convenios 2016. Unidad de Vocero.  No. de Convenio 001. Isabel Arvide Limón. Importe mensual: $185,136.00.”

Establecido lo anterior, hay un aspecto de la biografía de Arvide, que ella misma se ha encargado de difundir “por todo lo alto”, que se jacta de ello, inclusive, es su vida sexual.

Desde sus comienzos como gacetillera, fue notoria su cercanía con altos oficiales del Ejército. Y hace unos años, publicó un libro sobre el tema, titulado “Mis generales”. Ahí dice: “Los conozco a fondo, desnudos de todo, he sido su mujer y su compañera”.

A principios de los 90 comenzó a publicar una revista quincenal, en donde escribía una sección de asuntos militares y que firmaba: “Por Adelita Arvide”.

Se suele comentar en corrillos oficiales, que “el secreto” de Arvide para obtener canonjías, contratos, nombramientos para amigos y amigas, está en su estrecha –en muchos sentidos- relación con influyentes generales.

“Cómo crees que el gobernador no le va a hacer caso, si para cuando llega a tocar su puerta, es que ya tomó por asalto la recámara del Jefe de la Zona Militar”, me comentó hace algunos años un operador de prensa de cierto estado de la República.

Queda pues una conjetura, que por cierto, en tanto escribo esto, me la refuerza un comentario de reputado académico en la radio: “Es posible suponer que en el nombramiento algo tuvieron qué ver algunos generales”.

En enero pasado, en la “mañanera”, Arvide pidió al presidente AMLO “una ley que castigue a los individuos que buscan perjudicar la honra de los personas, en particular a los políticos y además, evitar las noticias falsas”. (¡!)

Asombró a propios y extraños cuando elogió la sentencia del juez que obliga al académico Sergio Aguayo a pagar cosa de 20 millones al ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, por “daño moral”.

Pero lo mejor vino cuando la señora pidió al presidente “una ley que castigue a los periodistas que le digan mezquino al presidente, impunemente”.

Y el presidente López Obrador, con ostensible satisfacción, respondió en ese mismo momento:

“Lo vamos a revisar, porque esto puede ayudar mucho a todos. Para que no exista censura y se proteja el derecho que tienen los ciudadanos a mantener su dignidad y garantizar su dignidad”. (sic).

Isabel Arvide es ya cónsul en Turquía. Forma parte del cuerpo diplomático de México, donde se recibió la noticia con fuerte dolor de estómago. Según el profesor Alfonso Zárate “esto ha sido un enorme agravio que de ninguna manera se merece el cuerpo diplomático mexicano”.

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