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LA LEY SECA DE ESTADOS UNIDOS QUE FOMENTÓ UN IMPERIO GANGSTERIL

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La prohibición del alcohol generó la producción de mafiosos

 

*  La prohibición convirtió a Chicago  en el santuario de crímenes y la proliferación de los mafiosos  italianos; el responsable del terrible engendro legal fue Andrew Joseph Volstad (la Ley Volstad), y derivó en la aparición   de figuras icónicas  como Alfonso Capone y Lucky Luciano

 

Por JOSE  LUIS AGUIRRE HUERTA *

Especial para Expediente Ultra

Las discusiones por la ingesta del alcohol han propiciado leyes de prohibición con desasosiego social, la enmienda de los años secos bajo la propagación de ideas puritanas, promovidas por Andrew Joseph Volstad, senador demócrata de Minnesota quien a principios del siglo XX redacta la enmienda número 18 de la Constitución de los Estados Unidos para promulgar la ley seca a partir de 1920 decretando ilegal la producción, venta y consumo de bebidas alcohólicas.

Lo anterior desemboca en el mayor negocio ilegal de la historia de los Estados Unidos en el contrabando de alcohol, esta ley seca  tiene como efecto digno de agradecimiento la emergencia de los cocteles que disimulan el consumo del alcohol, el que se mezcla con jugos, frutas y especias como las fresas, la menta, el romero, el plátano.

La medida establecida por la Ley Volstad, genera lo contraproducente a una moral victoriana hipócrita de control en la conducta humana, con apego a las ideas Luteranas,  se disparan en los barrios de Nueva York, peleas callejeras, bandas organizadas, mercado negro.

Chicago, el santuario de crímenes y la proliferación de los gánster italianos en el contrabando de licores, lugar paradigmático donde comparecen las figuras icónicas de Alfonso Capone y Lucky Luciano, organizaciones que controlan el contrabando de Nueva York hasta Filadelfia, hay un incremento de la economía subterránea por medio de la corrupción y los sobornos a policías y funcionarios del gobierno.

Los barrios pobres detentan pintorescos lugares de sótanos clandestinos donde corre a raudales el Whisky y la Ginebra, como nunca en los Estados Unidos.

El gobierno americano arriba a la convicción del fracaso de la Ley Seca y Franklin D. Roosevelt, es elegido presidente norteamericano ante su promesa de campaña en cuanto a la legalización de la venta del vino y la cerveza.

En el México rayando en los primeros años posteriores a la Revolución, emergen gobernadores de la talla de Tomás Garrido Canabal en Tabasco, y Salvador Alvarado Rubio en Yucatán, quienes establecen la prohibición del consumo del alcohol y el ejercicio de la prostitución en sus respectivas regiones, donde la miseria de los campesinos constituía un marco lacerante, en cuanto los hacendados, establecen la tienda de raya  y el alcohol como moneda de pago a sus jornadas.

Francisco Villa, gobernador de Chihuahua, establece una especie de ley seca para su ejército bajo el argumento que el alcohol  constituía la fuente de las desgracias de la gente.

Toda prohibición en el consumo de la sofistificación de la mente humana, mediante el estimulante, generador de estupefacción proyecta la prohibición de mayor demanda en lo oscuro del alijo.

En el campo de la literatura se han producido alucinantes manejos creacionistas, en las figuras de Edgar Allan Poe, muerto en Baltimore el 7 de octubre de 1849, a la edad de 40 años, justo cuando iba a recoger un premio literario con motivo del despliegue de su maravillosa pluma, el ajenjo y el alcohol le han provocado alucinaciones con los destellos de la producción de cuentos tan trascendentes que superan a la alma de la criminología, en la novela policiaca de narraciones extraordinarias o la perfección del trascendental poema el cuervo cuyas alas se encuentran frente a Palax Atenea.

Años después emergen en la Unión Americana escritores de la talla Ernest Hemingway, uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX, entrañable amigo del comandante Fidel Castro, y asilado como cliente frecuente del floridita, un bar de la bellísima Habana Vieja, en donde se descubre el mojito, un coctel preparado con el instrumento químico del mortero, utensilio para moler la yerbabuena y el azúcar, posteriormente diluidos en una mezcla saborizante con el habanero.

Hemingway, iluminado con el ron cubano de buen alambique, produce su extraordinaria obra “El Viejo y El Mar”, para con toda tranquilidad morir el 2 de julio de 1961, con su apasionante suicidio en Ketchum, Idaho, Estados Unidos.

Hemingway pertenece a la llamada generación perdida, en unión de Jhon Steinbeck, venido de albañil y jornalero rural en la década de 1930 a novelista excepcional, entre cuyas obras encontramos “De Ratones y Hombres” (1937), “Las Uvas de la Ira” (1939), “Al Este del Edén” (1952).

Con sus obras es acusado de socialista y perturbador y Francis Scott Fitzgerald, muerto en 1940 en Hollywood, narrador estadounidense considerado el máximo intérprete literario de la llamada era del jazz, al igual que los anteriores poetas y literatos se alistó en el ejército para participar en la Primera Guerra Mundial, su novela “A Este Lado del Paraíso” (1920), lo convierte en una de las figuras más representativas del “sueño americano”, en el centro de sus preocupaciones se hunde en el alcohol y su esposa Zelda Saire en la demencia, muerta en la clínica de su reclusión en 1948, ambos enfrentan las consecuencias del fracaso y de la miseria.

En su estancia, en Francia, escribe su obra maestra, “El Gran Gasby”, historia del éxito y decadencia de un traficante de alcohol durante la ley seca quien fabrica una identidad aristocrática y vive como fantasma en una mansión, consagrando sus fuerzas y dinero para conseguir a la mujer que ama, un hombre de escasa moral, el personaje de la novela quien utiliza cualquier cosa para triunfar, no obstante su catadura el personaje detenta un nimbo autólico romántico, como sucede con los personajes de Fitzgerald, quien tiene ciertos relatos al estilo de Poe, descargando una sarcástica critica contra la clase reinante, sus grandes novelas, “Suave en la Noche” (1934), “El Último Magnate” (1941), donde plasma las miserias del mundillo de Hollywood habiendo trabajado como guionista anónimo para la industria del cine, concluye Fitzgerald, toda vida es un proceso de demolición.

Gertudre Stein, escritora norteamericana y mecenas, una figura cultural en Paris de los treinta, reúne en su casa de la rue Fleurs a artistas de la magnitud de Hemingway, Fitzgerald, Matisse, Picaso, los novelistas americanos reseñados, todos jóvenes que sirvieron en la Primera Guerra, a quienes llama integrantes de une génération perdue (una generación perdida).

Tal vez los horrores de la guerra los había convertido en alcohólicos indómitos, hasta qué punto la humedad de las bebidas espirituosas, fueron la causa de su inspiración en la literatura. “¡Todas regeneran el talento de la ficción; el silencio es mi iluminación!”, coinciden filósofos de cuño.

Malcom Lowry, el inglés refugiado en las bellas praderas de Cuernavaca, genio sombrío que produjo “Bajo el Volcán” (1947), confesó a su madre que había nacido para ser un ebrio consuetudinario, sostiene:

 

Me veo como toda la humanidad encarcelada

Con manos tendidas hacia linternas en el océano

Me veo como toda la humanidad en espejos

Balbuceando amor mientras el horror surge a su espalda

 

Tal vez el alcohol sea el pronóstico de su liberación y el incesante escrutinio personal, que permite expresarse con malicia en cuanto a la condición humana, creando un mundo interior en sus personajes identificándolos en el paralelo con el Fausto, de Johann Wolfgang von Goethe, siendo el genio de Thomas Martin Lowry, fincado en la capacidad de transformar el sufrimiento de un alcohólico, en la parábola de liberación universal, a pesar de que él mismo creó deliberadamente las condiciones de su destrucción, con la plena consciencia de lo que hacía, su ficción poética revela la nota recurrente de la burla asimismo, evitando que su obra caiga en el sentimentalismo y la autocompasión.

Lowry tuvo en su mano la fusión mágica del Whisky, el Tequila o el Mezcal, con la cual podía transformar su entorno, contra las fuerzas del mal.

En México, el genio de Juan Rulfo tradujo los alucinantes misterios alcohólicos en las magníficas regiones colimenses de Comala, en su comunicación con los muertos, estos hablan de la Revolución, de las condiciones agrarias del México de los caciques, Pedro Pàramo, el vampiro del alma humana, le ordena a su segundo de abordo, Fulgor Sedano:

 

Aquí tienes armas, dinero y hombres; haz la revolución, nomás respeta, mis parajes y latifundios.

 

Rulfo, con su máquina Smith Corona, produce el mundo alucinante, en el paraje de las ánimas, su “Llano en Llamas” , “Diles que no me Maten”, y el icónico “Pedro Paramo”, emergente de su ingesta de bebidas espirituosas, el día que dejó de beber, Juan Rulfo dejó de escribir, este es el encanto.

Bendito o maldito alcohol. Esa es la tónica singular en la creatividad de los talentos escribanos.

 

* Andrew John Volstead (31 octubre 1860, Kenyon, Minnesota-20 enero 1947, Granite Falls, Minnesota, Estados Unidos). Fue un estadounidense miembro de la Cámara de Representantes, de 1903-1923 y miembro del Partido Republicano. Su nombre está estrechamente asociado con la Ley Nacional de Prohibición de 1919, generalmente llamado el contrabando de alcohol. La Ley Volstead fue la base legislativa para la aplicación de la prohibición en la Unión Americana, a partir de 1920.

 

*  Abogado de Profesión

Presidente de la Barra Interamericana de Derechos Humanos