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LAS CRISIS EXISTENCIALES ACOMPAÑAN AL SER HUMANO TODA SU VIDA

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Debe aprenderse a superarla

 

*  ¿Sabía que de los 11 a los 20 se da la primera; de los 25 a 40 la segunda;  de los 40 a los 60 la tercera:  y de los 60 a 80 y hasta 90, la cuarta?

 

Por  Alicia Meneses M.

Especial para Expediente Ultra                                                                            

Cada una con diferentes características dependiendo de varios factores y del sexo, del entorno externo e interno, pero indudablemente todas acompañadas de una pérdida, depresión y duelo.

Una crisis existencial es tal vez el acontecimiento más bello e importante que puede experimentar una persona, nada menos porque  si es adecuadamente resuelta, le permite otorgar un sentido a su existencia a través de la formulación y la ejecución de un proceso de crisis.

En este se describen algunas de sus características, ilustradas por situaciones de atención psicoterapéutica real en consultorio. Sin embargo, muy poca gente le pone atención y cuidado psicoterapéutico y tanatológico ya que rara es la persona que se detiene a informarse sobre las consecuencias tan diversificadas de este tipo de fenómenos en el ser humano.

Las padecen tanto hombres como mujeres

En general, una crisis es una situación en la cual no se puede enfrentar un nuevo acontecimiento con los recursos antiguos y conocidos. En este sentido, una crisis puede ocurrirle a una persona, a un país, a una ciencia, a un plan económico, a una empresa, etc. Así, por ejemplo, un adolescente entra en crisis cuando no puede enfrentar sus cambios corporales, su “nuevo” cuerpo, con su cosmovisión previa.

Lo que aquí investimos como crisis existencial tiene ciertas características. Por un lado, tiene aspectos de una crisis de desarrollo en cuanto tiene mucho que ver con el crecimiento y la maduración; pero por el otro, tiene aspectos de una crisis circunstancial porque puede ocurrir a cualquier edad y en cualquier momento, más allá de las fases evolutivas clásicamente prescriptas para el desarrollo humano (como el pasaje de la niñez a la adolescencia, de la adultez o la senectud).

Una crisis existencial no necesariamente tiene relación con elegir una carrera, una profesión, una esposa, tener hijos, o con una enfermedad.

Las crisis existenciales implican además un cambio parcial en la identidad (“me siento otro”) y en la cosmovisión de la persona (“pienso de manera distinta”).

Referiré a continuación las ocho características más sobresalientes que permiten identificar una crisis existencial.

1) La pregunta existencial. – Una crisis existencial se pone en marcha con una pregunta, pero no es cualquier pregunta. Es tal vez el interrogante más importante que puede plantearse una persona, y que podemos sintetizar como: ¿cuál es el sentido de mi vida? Desde ya, puede adoptar otras muchas formas, como ¿para qué vivo? ¿Qué hago en este mundo? ¿Qué haré de mi vida? ¿Para qué existo?, etc.

El duelo es una de sus manifestaciones

2) La búsqueda de una respuesta. – La insistencia de la pregunta obliga a buscar una respuesta. Algunas veces, la persona encuentra la respuesta en ella misma, pero en otras ocasiones se busca una respuesta en otra persona, en un sistema de creencias, en la lectura de un libro “que me cambió la vida”, etc.

Es importante destacar que la crisis existencial implica “buscar” una respuesta, no “pedirla”, ya que la decisión en última instancia es del propio sujeto, el que incluso llega a experimentarla como una decisión propia.

3) El encuentro de una respuesta: el proyecto vital. – La respuesta no es un determinado sistema filosófico o religioso, sino un proyecto vital fundado en dicho sistema. Esto es así porque la pregunta no es meramente intelectual, sino vital: no apunta tanto a edificar una cosmovisión, sino, más bien a una trayectoria de vida.

Innegablemente, también están los otros proyectos que uno puede tener a corto, mediano o largo plazo. En tal sentido son proyectos qué haré la semana que viene, cuántos hijos tendré o hasta incluso qué ropa me pondré pasado mañana. Muchos de estos proyectos, sin embargo, quedan subordinados al proyecto vital, el cual da la orientación más general a la existencia. El proyecto no es una simple expresión de deseo: una cosa es decir “me gustaría ser actor”, y otra muy distinta “estoy decidido a ser actor”.

Un indicador de la presencia de un proyecto vital es cuando la persona puede decir que algo empieza a ser importante en su vida, más que todo lo demás, cuando hay valores con los cuales empieza a comprometerse decididamente, cuando piensa que, como en los programas de televisión, cuando dicen: “no se vayan que ahora viene lo mejor”, la persona puede decir: “no me iré de la vida porque ahora comienza la realización de mi proyecto”.

4) Tiene intensidades diferentes según cada persona. – No todos padecen la crisis existencial con el mismo ímpetu. En algunos, la crisis está muy recortada y definida, de lo que nos damos cuenta porque el acontecimiento precipitante es muy puntual, o porque en poco tiempo la vida de la persona ha sufrido un cambio muy importante, no atribuible a cambios madurativos fisiológicos (pubertad, climaterio, etc.), y no necesariamente simultáneos con ellos.

5) No todos tienen crisis existenciales. – Tal como se describe aquí, no todo el mundo padece una crisis existencial a la misma edad.

Dentro del grupo de personas que la han experimentado, aparecen dos posibilidades:

Aquellos que, hacia el final de su vida hacen un balance positivo de esta última y consideran que la han aprovechado bien, y que para ellos ha tenido sentido. En estos casos, no necesitaron atravesar una crisis existencial para reorientar su existencia, probablemente porque desde un comienzo ella estuvo orientada hacia lo que efectivamente satisfacía sus expectativas acerca de lo que es una vida “plena”, pero sin  crisis emocionales o psicoemocionales.

Aquellos que, hacia el final de su vida, se lamentan o se arrepienten de la vida que han llevado, o afirman que su vida fue una existencia “vacía”. Si en el primer caso la crisis no fue necesaria, en este segundo caso la crisis no ocurrió cuando realmente lo era.

Inclusive más: el casarse o el graduarse no implican necesariamente una crisis existencial, ni aun cuando cambie radicalmente la rutina de la vida, porque bien puede ocurrir que esos eventos hayan sido impuestos por presiones familiares.

Tal vez la única etapa de la vida donde no ocurran crisis existenciales sea en la niñez, entendiendo por tal el período que va desde el nacimiento hasta la pubertad. Esta cuestión puede ser analizada desde la teoría piagetiana, desde la teoría freudiana y desde el existencialismo.

El psicoanálisis plantea que el niño se hace, efectivamente, preguntas que tienen un fuerte sesgo existencial: ¿de dónde venimos? ¿Por qué hemos nacido con este sexo y no con el otro? ¿Dónde estábamos antes de nacer?, etc. El niño responde a estos interrogantes existenciales desde sus protofantasías.

Una crisis existencial implica la posibilidad de diseñar un propósito trascendente y, en consecuencia, de representarse mentalmente un extenso período de tiempo, que hasta puede llegar más allá de la muerte física. El niño, según Piaget, no nace con esta representación de un tiempo tan extendido: el futuro, así como el pasado, es el producto de una construcción progresiva que no alcanza su máximo desarrollo sino en la época de la pubertad.

6) No tiene una edad de aparición. – Hay quien la experimentó pasados los 20 años. La crisis existencial puede ocurrir en cualquier momento de la vida, y no necesariamente coincide con el casamiento, con la elección de una profesión, con la graduación, etc., ni menos aún con números redondos, como cuando se habla de la crisis de los 30, los 40 o los 50.

7) Por lo general es una crisis única en la vida. – Esta afirmación depende básicamente de los resultados de un relevamiento estadístico. La gran mayoría de los casos de crisis existenciales no ocurren sólo una vez en la vida.

Se presentan también en la tercera edad

8) El desenlace puede ser positivo o negativo. Positivo, en cuanto han permitido a las personas dar sentido a su vida a través del planteo y ejecución de un proceso vital. Negativo: otras veces, una crisis existencial puede llevar a una depresión grave y aún al suicidio. Probablemente, ello dependa de la patología latente previa del sujeto, en cuyos casos el suceso precipitante de la crisis o el hecho de formular la pregunta existencial básica, puede ser al mismo tiempo el suceso desencadenante de la enfermedad.

Para poder dar solución a la crisis existencial, se puede utilizar una de las terapias que más se especializa en crisis existenciales: la terapia cognitiva y, dentro de esta terapia, la terapia cognitiva conductual e integral.

Esta terapia plantea que frente a una crisis existencial hay factores que hacen que se resuelva mediante un psicoterapeuta, o se requiera la colaboración del mismo, para lograr eliminar los verdaderos detonantes.

Los factores son: una desestructuración de los esquemas cognitivos, como así también una distorsión cognitiva, provocando un estado de angustia, ansiedad, llanto, desequilibrio emocional hasta llegar un trastorno patológico, como la depresión. A la hora de hablar de un estado patológico, debe aclararse, que será necesario que haya intervención médica, ya que no siempre la angustia desencadena una depresión. utopías. Por ejemplo, la utopía de la escena primaria explica de dónde venimos (de la unión de papá y mamá), la fantasía de la castración explica la diferencia de lo sexos (soy varón porque aún no fui castrado), la fantasía de la vida intrauterina explica dónde estábamos antes de nacer, etc.

Otra explicación de por qué los niños no padecen crisis existenciales es el hecho de que ellos no tienen una clara idea de la muerte ni de la finitud de la existencia, y, según el existencialismo, un planteo existencial se activa por la angustia ante la finitud de la vida, es decir, ante la muerte. Pero esto no es así existen factores biológicos, físicos y de deficiencias que pueden agravar o presentar una mezcolanza de crisis existenciales. Dado que al final siempre estará presente una pérdida.