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Las malas decisiones políticas no deben someter al Poder Judicial

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* En sesión pública donde dio la bienvenida al presidente de la Corte Suprema de la República Checa, Pavel Sámal, el titulard del TSJCDMX, Edgar Elías Azar, resaltóq ue en la actualidd las palabras libertad y democracia se han pervertido
Por BLAS A. BUENDÍA
Especial para Expediente Ultra

Ante el presidente de la Corte Suprema de la República Checa, Pavel Sámal, el presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, magistrado Edgar Elías Azar, advirtió que entre los Poderes de la Unión, el judicial es el único que no puede dejarse someter ante incertidumbres generadas por anhelos de poder de algunos y malas decisiones políticas de otros.
En sesión pública del pleno de magistrados, en la que se dio la bienvenida a Sámal, el jurista y político guerrerense alertó sobre los riesgos en el mundo a la libertad reivindicada con la caída del muro de Berlín, y ganada con movimientos como Solidaridad en Polonia; Sublevación en Hungría, y Revolución de terciopelo en la entonces Checoslovaquia.
Hoy, puntualizó, la historia se repite y las angustias continúan, cuando las palabras libertad y democracia se pervierten y se vinculan a actitudes mismas que la democracia no comparte.
Alertó que dichas actitudes se han vendido como marca comercial de partidos políticos de extrema derecha nacionalistas o xenófobos, como el Partido de la Libertad en los Países Bajos, el Partido Austriaco de la Libertad, la Liga del Pueblo para la Libertad Italiana y el Partido Republicano.
Fustigó que la política someta a la justicia, y dijo que cuando esto sucede se perjudica al Estado y a la Justicia misma, porque se convierte en simple instrumento de los más poderosos en perjuicio de los que más la necesitan.
También mencionó que el camino que se inicia en este 2017 es de más incertidumbres que certezas, de mayores retos que de anhelos. Puntualizó que hay un abuso de los ánimos democráticos y una desmesura de las libertades, así como en las facultades que el pueblo democráticamente ha concedido.
“Es fundamental que el Poder Judicial no esté sometido al poder político, sino que pueda juzgar con tal independencia; independencia que siempre estará atada a la ley, a la Constitución y a los principios básicos de la justicia”, insistió el magistrado.
Alertó sobre los vicios de la democracia que dicen actuar en nombre de la libertad, la democracia y la justicia, pero que no hacen más que destruir el significado mismo de esas palabras.
Lamentó que se apele a la palabra democracia para destruir cimientos mismos del concepto, y que el pluralismo se haya olvidado en estos momentos, sin tener claro que, gracias a éste, no deben confiarse todos los Poderes, por legítimos que sean, a las mismas personas, instituciones u órganos.
Comentó que los peligros inherentes al ideal democrático proceden del hecho de aislar y favorecer exclusivamente a uno de sus elementos, ya sea la libertad individual, a la voluntad popular o al progreso. Cuando se abusa de cualquiera, añadió, se rompe el vínculo con los demás y escapa todo intento de limitación y de regulación jurídica, y esos elementos se convierten en peligrosos: populismos, ultraliberalismos y mesianismos.
En el acto, en el que se hizo entrega de un reconocimiento al distinguido visitante, el Doctor en Derecho Édgar Elías Azar, recordó que Sámal es autor de numerosos libros sobre derecho penal, y que actúa como juez desde 1979.
Es un personaje, subrayó, que por su historia y circunstancia sabe de la importancia que tiene para el debate democrático mantener la mesura y la templanza en los ánimos para no quebrantar la vinculación armónica que deben existir entre los poderes de un Estado.
Durante la sesión, el presidente de la Corte Suprema de la República Checa, Pavel Sámal, pronunció un discurso con el que agradeció el recibimiento del Poder Judicial capitalino, y en el que reconoció que justicia diferida es justicia denegada, al recordar que en su país casos criminales, civiles o comerciales se resuelven, en promedio, en 40 días, pero los relativos a la legislación de insolvencia pueden durar hasta dos años.

2017, ES DE MÁS INCERTIDUMBRES QUE CERTEZAS

A continuación, el discurso que enunció el doctor Édgar Elías Azar:
Compañeros magistrados; ciudadano presidente de la Corte Suprema de la República Checa, doctor Pavel Sámal; compañeros jueces; público en general.
Dos mil diez y seis fue un año de esperanzas y de proyectos; trabajamos juntos para lograr las metas establecidas; andamos un camino que fue largo, que fue sinuoso y que fue cansado, pero lleno de victorias y cargado de anhelos, de sueños posibles y de resultados concretos. En tanto representantes de un poder, uno de los más grandes que existen en el mundo y el más emblemático en su tipo, estuvimos siempre conscientes del reto que nos imponía una sociedad cada vez más demandante, cada vez más libre y cada vez más democrática.
Atendimos los reclamos y las esperanzas de individuos singulares y autónomos que vienen a nosotros todos los días esperando justicia, sin olvidar nunca la pluralidad que es, en ocasiones, sacudida por nuestra decisiones y por nuestro actuar jurisdiccional.
En cambio, el camino que hoy iniciamos, este 2017, es de más incertidumbres que certezas. De mayores retos que de anhelos. Se nos impone desde fuera una fisionomía oscura y en veces, perversa.
Carecemos de diagnósticos fiables sobre lo que ocurre, no hay ninguna descripción incontrovertible sobre el presente. Tenemos, qué duda cabe, una multiplicidad de explicaciones más o menos fragmentarias sobre la realidad que nos tocará vivir, y que ahora mismo estamos viviendo: un abuso en los ánimos democráticos, una desmesura en el ejercicio de nuestras libertades, un abuso en las facultades que el pueblo democráticamente nos ha concedido.
Una grieta en la democracia se ha abierto. No sólo en la Ciudad de México, sino en el mundo entero. Comenzamos a ver los resultados de la desmesura en el ejercicio de nuestras decisiones. Apelamos a la palabra “democracia” para destruir los cimientos mismos del concepto. La democracia se caracteriza no sólo por cómo se instituye el poder y por la finalidad de su acción, sino también cómo se ejerce y con qué propósitos se ejerce.
La palabra clave para comprenderla es “pluralismo”, y es la que se ha olvidado en estos momentos. El pluralismo implica que no deben confiarse todos los poderes, por legítimos que sean, a las mismas personas ni a las mismas instituciones, ni deben concentrarse tampoco en un solo órgano.
Es fundamental que el Poder Judicial no esté sometido al poder político, sino que pueda juzgar con tal independencia, independencia que siempre estará atada a la ley, a la Constitución, pero sobre todo a los principios básicos de la justicia.
Los peligros inherentes al ideal democrático proceden del hecho de aislar y favorecer exclusivamente a uno de sus elementos: ya sea a la libertad individual, ya sea a la voluntad popular o al progreso.
Cuando se abusa de cualquiera de estos elementos, se rompe el vínculo con los demás, y escapa todo intento de limitación y de regulación jurídica, esto es, general, válida y legítima; y esos elementos se convierten en peligrosos: en populismos, en ultraliberalismos y en mesianismos todos, sin lugar a dudas, enemigos íntimos de la democracia misma.
Dos mil diez y siete nos ha dado ejemplos de la desmesura, del defecto en la acción humana que los griegos llamaban Hybris, y que trataban de combatir con un sistema armónico de elementos que facilitaban la justicia a través de la templanza y la moderación.
Hubo épocas en las que la palabra “libertad” representó un sueño para muchos y una responsabilidad para otros. No era lícita en todas las latitudes del planeta, pero en aquellos casos la palabra misma arropaba los sueños de quienes la deseaban: libertad. Hubo épocas en la que los hombres y las mujeres más ilustres de sus países luchaban ya sea con la palabra escrita o con las armas para conseguirla y hacer un uso responsable de ella.
La caída del muro de Berlín fue el suceso más representativo de la derrota de un régimen que subyugaba y limitaba lo que hoy tanto valoramos: la libertad y la democracia. Caída que no hubiera sido posible sin el costo enorme para aquellos pueblos sometidos a sus movimientos: como solidaridad, en Polonia; Sublevación en Hungría, y, por supuesto, la Sametová revoluce, que es la revolución de terciopelo, iniciada, concluida y consumada en Checoslovaquia.
Pensamos que esta era la victoria de victorias. Que de ahí en adelante sólo tendríamos mente para el progreso, pues la libertad y la voluntad popular ya habían reivindicado su papel en el mundo. Desafortunadamente, el pasado ya no vive en el presente. La historia se repite y las angustias continúan. Hoy de nueva cuenta, y por desgracia la palabra “libertad” y “democracia” se pervierten y se vinculan con actitudes que la democracia misma no puede ni debe ni sabe compartir.
Se ha vendido como marca comercial de partidos políticos de extrema derecha nacionalistas o xenófobos: el Partido de la Libertad en los Países Bajos, el Partido Austriaco de la Libertad, la Liga del Pueblo para la Libertad Italiana, el Partido Republicano estadounidense y, en nuestras latitudes mexicanas, partidos políticos que en nombre de la libertad de un pueblo corremos riesgos y corremos malas interpretaciones.
De manera significativa y emblemática hoy nos acompaña nuestro amigo el doctor Pavel Sámal, presidente de la Corte Suprema de la República Checa. Autor de numerosos libros de derecho penal y que actúa como juez desde el año de 1979. Un hombre que por su historia y circunstancia sabe de la importancia que tiene para el debate democrático mantener la mesura y la templanza en los ánimos para no quebrantar la vinculación armónica que debe existir entre los poderes del Estado.
Para él, como para toda una generación de hombres y mujeres, 1989 fue el año en que se culminó la lucha por la libertad: triunfo que se festejó en el mundo entero cumpliendo la esperanza de muchos, y haciendo posibles los sueños de otros. La lucha democrática desde la Judicatura debe ser silenciosa pero estable; de eso estoy seguro que el doctor Sámal lo sabe bien.
Entre los poderes de una Unión, el judicial, es el único eslabón que no puede dejarse someter ante las incertidumbres generadas por los anhelos de poder de algunos y las malas decisiones políticas de otros. La justicia sólo puede estar en manos de aquellos a quienes se les dota de la independencia suficiente y necesaria para respetarla. De aquellos que únicamente se someten a lo dictado por la ley y la razón. Los dos barandales y límites que todo juez debe hacer valer cuando decide lo que decide.
Cuando la justicia se pone al servicio de la política, se perjudica al Estado y no se hace justicia; la política la convierte en simple instrumento de los más poderosos en perjuicio de aquellos que la necesitan más y que la necesitan ahora. La hacen parecer como un velo hipócrita que oculta la defensa de intereses mezquinos que sólo benefician a unos cuantos.
El mesianismo y el populismo, que dicen actuar en nombre de la “libertad”, la “democracia” y la “justicia”, no hacen más que perjudicarlas al destruir el significado mismo de esas palabras. La famosa frase de Pascal lo ilustra perfectamente: “El que quiere hacerlo de ángel, las más de las veces se convierte en bestia”.
El régimen internacional no mejora, se sigue permitiendo que se impongan los intereses de uno sobre la voluntad de otros. Por eso, celebro que esta tarde, en este primer Pleno de magistrados del año 2017, nos acompañe un juez democrático, nos acompañe un representante de los jueces checos, mostrando así el compromiso y la unión de la Judicatura en el mundo a favor de los valores más preciados de occidente. Viene él a ver qué somos; viene él a ver cómo somos; viene él a ver lo que hacemos; y viene él a ver cómo lo hicimos.
La visita de nuestro distinguido invitado me recuerda la forma en que Václav Havel resolvía el problema entre la universalidad de los valores liberales y el arraigo nacional de los individuos a través de un concepto que él creó y que se llama: mi casa.
Para Havel, el prócer de la democracia Checa, aquel hombre que hizo posible el restablecimiento de la democracia y del Estado de derecho en la vieja Checoslovaquia, decía que todos los individuos consideramos que nuestra casa, sin lugar a dudas, es el lugar donde vivimos, la nación donde nacimos, el idioma que hablamos, aquello a lo que estamos acostumbrados: a nuestra calle, a nuestra casa, a nuestra sala, a nuestra recámara, a nuestra familia, a nuestro entorno.
Pero Havel también defendía la idea de que mi casan estaba a un lado de aquellos que creían lo mismo que yo creo, a un lado de quienes defendían lo que yo defiendo y donde ejercen los mismos valores que yo ejerzo, sin importar el idioma, la nacionalidad o la raza.
Si Havel tenía razón, los jueces de todo el mundo, cuando nos encontramos en una Corte, cuando estamos en un tribunal o cuando simplemente estamos con otros jueces, sabemos que nos encontramos en nuestra casa. Con aquellos que defienden la razón, la justicia y el derecho. Con aquellos que compartimos más de un anhelo y más de un ideal, sin importar la distancia del idioma ni la separación geográfica que nos mantiene lejos.
Por ello, le puedo decir con seguridad y certeza, estimado doctor Pavel Sámal: usted lo sabe, como lo sabemos todos los jueces y magistrados que estamos aquí presentes, se encuentra usted en su casa, y yo les pido a usted y a sus acompañantes que se sientan como tal, están en su casa.
Todos compartimos las mismas preocupaciones y los mismos sueños. Si la historia se ha de repetir dándonos las mismas angustias, que se vuelvan a repetir otorgándonos los mismos triunfos. Los jueces lo sabemos, estaremos todos bajo un mismo techo cumpliendo las exigencias de la democracia y protegiendo los derechos. Estaremos todos, juntos, unidos, todos, haciendo nuestro el ideal combativo y comtiano que dice que “la justicia como principio, el orden como base y el progreso como fin”.
Doctor, está usted en su casa. Muchas Gracias