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LLOVER SOBRE MOJADO

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Ha sido un otoño terrible para Tabasco en materia de inundaciones. La interacción de 15 frentes fríos y distintas perturbaciones tropicales —dos de las cuales alcanzaron categoría de huracán, Eta y Iota— se ha ensañado con una entidad mal preparada para recibir tal cantidad de agua.

Después de que el río Grijalva y sus afluentes habían sido la causa principal de las anegaciones, este fin de semana la alerta fue causada por el Usumacinta y los suyos. El río más caudaloso de México, que nace en Guatemala, rebasó sus niveles históricos y puso en alerta máxima a los municipios de Jonuta, Balancán y Tenosique, en el oriente del estado.

Unos 300 mil tabasqueños, que ya llevan semanas con el agua al cuello, son víctimas de una lamentable combinación de hechos:

1) Un final de temporada de huracanes atípico que ha dejado lluvias sin precedentes para esta época del año en Centroamérica y el sureste mexicano. Imposible ver dichas perturbaciones meteorológicas al margen del conjunto de acontecimientos —como inundaciones devastadoras— que acompañan al cambio climático. Quienes lo estudian llevan años diciendo que la costa del Golfo de México, y principalmente Tabasco, es una zona propensa a afectaciones. 

2) El descenso de la inversión federal para el dragado de ríos y la construcción de infraestructura hidráulica, que comenzó durante el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto —cuyo presupuesto para el área se concentró en las obras del aeropuerto de Texcoco, pasando de mil doscientos millones de pesos al año a apenas 300 millones— y que no se ha restituido en el presente gobierno.

3) La falta de coordinación entre áreas con competencia en la materia, como la Conagua, la CFE y Pemex, por parte del gobierno federal, así como del gobierno de Tabasco. Esa realidad quedó muy clara con la información contradictoria que ha fluido desde la autoridad en días recientes, la ausencia de avisos para los habitantes de los pueblos inundados y el enfrentamiento público entre el gobernador de Tabasco y el director de la CFE.

4) El desmantelamiento de áreas clave de la Conagua y la remoción de funcionarios con varios lustros de experiencia en el organismo. Esto se aceleró a finales de septiembre, cuando, con motivo de los problemas por el agua en Chihuahua, el presidente Andrés Manuel López Obrador denunció que la Conagua estaba copada por funcionarios que tuvieron responsabilidades en los sexenios de Enrique Peña Nieto y de Felipe Calderón, lo cual dio lugar a la renuncia de todos los subdirectores y su sustitución por personas sin experiencia. Por ejemplo, la nueva subdirectora general técnica, Jacinta Palerm Viqueira, antropóloga social y especialista en autogestión del agua y pequeño riego, que está a cargo de un área en la que antes hubo doctores en hidráulica como Felipe Arreguín Cortés y Víctor Alcocer Yamanaka.

Expertos en el manejo del agua, con conocimiento de lo que sucede en Tabasco, consultados para esta columna, coinciden en que la única manera de resolver el problema de las inundaciones en Tabasco es realizar una fuerte inversión federal en infraestructura.

Ante la enorme dificultad que entraña reubicar a decenas de miles de habitantes que se encuentran asentados en zonas inundables —cosa que ocurrió con la expansión de las operaciones de Pemex y la permisividad y/o corrupción de autoridades municipales—, lo único que queda por hacer es realizar adecuaciones, como construir espigones en las riberas de ríos y arroyos que hoy están delimitadas por costales, piedras, tablaestacas o llantas… o seguir pagando reparaciones a quienes lo pierden todo.

En un estudio reciente de la UNAM, se documentó y fotografió las condiciones de las protecciones contra inundaciones del río Carrizal, que circunda la ciudad de Villahermosa. Se encontró que, de un total de 296, sólo 63 estaban en buen estado. Es necesario invertir, además, en el dragado y el mantenimiento de cárcamos y drenajes. Asimismo, desarrollar modelos matemáticos hidrológicos y un sistema de alertas de protección civil para la toma de decisiones por parte de expertos.

Sólo así podrán atenuarse en el futuro los problemas de inundaciones en Tabasco, la región geológica más joven del país, por cuya superficie pasa una tercera parte del agua superficial de México.

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