Inicio Columnas Los enconos suplen a las propuestas

Los enconos suplen a las propuestas

233
0
Compartir
País ralentizado (Foto especial)

SILOGISMOS

 

Por Antonio Ortigoza Vázquez

Especial de Expediente Ultra

Ese encono corrosivo de los políticos ha polarizado a la sociedad, dividiéndola en dos grandes bandos: uno a favor de Andrés Manuel López Obrador; el otro, opuesto a éste.

Así, al parecer el eje referencial es el señor López Obrador. Los que le apoyan tienen ese denominador común. Prevalece la víscera, no la razón.

Esa polarización es una secuela destructiva de la actuación de los actores políticos que hoy están en el poder, desde los legisladores, integrantes de su mismo gabinete y el Presidente López Obrador hasta sus operadores y condiscípulos.

Se puede deducir que don Andrés Manuel es la proverbial ave de las tempestades: concita amores profundos y, a la vez, odios hondos en la ciudadanía. Causa, pues, emociones poderosas.

Cierto es que López Obrador también causa emociones fuertes en la ciudadanía, llegando inclusive al extremo de dividir a su partido, incluso, se muestran con una nula coincidencia en el discurso, el cual ha obligado a López Obrador a mostrarse como un presidente desinformado o arrepentido de su toma de decisiones.

Y cierto es también que López Obrador mueve a reacciones agudas, acentuadas éstas por la manipulación del discurso matutino.

Esa manipulación ha creado una lamentable sombra de sospecha y desconfianza acerca de la verdad de sus promesas de campaña. Dúdese entonces, de un desenlace imparcial entre sociedad y gobierno.

Sus correcciones hacia su gabinete, a su discurso, incluso a su presupuesto de egresos, desde luego, a don López Obrador, pero principalmente a sus secretarios de estado, le han causado un  descrédito enorme.

Esos defectos y virtudes de los personajes, que hoy gobiernan nuestra nación,  son el foco de atención de la sociedad, por lo que se han abstenido de enunciar propuestas concretas, a diario cambia el argumento político, así como el quehacer político .

Y es que ya sentado en doña Leonor (uno de los tantos nombres de la silla Presidencial) el presidente López Obrador, se le ha complicado el convertir sus propuestas de campaña, en una realidad sólida, porque éstas podrían ser imposibles de cumplir, como se ha visto en diferentes rubros.

Las que sí existen, y en abundancia,  son las de los buenos deseos del presidente y su gabinete: crear más empleos, abatir la inseguridad pública, acabar con la pobreza, etcétera.

Esos buenos deseos no responden a una planificación (es decir, a un plan de gobierno), sino únicamente a anhelos vagos, ambiguos, si acaso, de él y su equipo de trabajo.

Y, por supuesto, todos los mexicanos deseamos y anhelamos lo mejor para México, según nuestro ver y entender. Mas ello no basta.  No es suficiente.

Más allá de los buenos deseos y los bellos anhelos es urgente el cómo concretar lo mejor para México. Y esto nos lleva a las propuestas concretas. No las hubo en la campaña, siendo ciertos.

Así, el mexicano raso sólo sabe que cada nuevo presidente desea lo mejor para México, pero ello no es mérito. Lo que sí sería mérito es decirle a este mexicano raso cómo logrará alguna mejoría.

Esa experiencia ya la vive el mexicano con López Obrador.

Este sólo prometió sin ton ni son, diciendo lo que, según él, el electorado quería oír. Este oyó, mas no escuchó.

Dentro de ese contexto vivirá el mexicano. Qué personaje es más o menos pillo, más o menos tramposo y más o menos cómplice de poderes reales que nos puedan llevar a un rincón llenos de problemas.

Sabemos todo eso. Pero no sabemos cuáles son sus planes para arrancar al país de la brutal postración económica, social, cultural y política en la que está inmerso. Si cada mañana vemos y escuchamos aun presidente desinformado, preocupado por sueldos y descuentos, que hace recorridos en la Ciudad de México, de hasta 85 kilómetros en su poderoso Jetta blanco, y seguramente, en la búsqueda de fórmula del agua tibia.