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¿MANDARÁ AL DIABLO TAMBIÉN A MORENA?

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“Si el partido que ayudé a fundar se echara a perder, yo no sólo renunciaría (a él), sino que me gustaría que le cambiaran el nombre, que ya no lo usaran, porque no se debe manchar”.

Eso dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador el 28 de agosto del año pasado, cuando apenas comenzaba la disputa por la dirigencia nacional de Morena.

Dos días después, sugirió a sus correligionarios resolver el tema mediante una encuesta, cosa que el Tribunal Electoral —que controla López Obrador— entendió como un deseo del mandatario, por lo que ordenó al Instituto Nacional Electoral (INE) que aplicara un sondeo para resolver la cuestión.

Ese método tampoco funcionó para poner en paz a los morenistas. La encuesta final, aplicada la semana pasada, terminó con un virtual empate técnico entre Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado, con una ligerísima ventaja del primero. El fin de semana, Muñoz Ledo amenazó con que tomará posesión de la dirigencia este lunes y que no irá a un desempate con Delgado, pese a que así lo ha ordenado el INE, con base en la convocatoria. Por su parte, Delgado ha rechazado los llamados a declinar en aras de la unidad del partido.

Salvo que se diera un desenlace inesperado —los milagros siempre son posibles—, Morena va rumbo a un conflicto. Eso hace posible que López Obrador pueda sacar la carta que insinuó hace 14 meses y mande al diablo al “partido que ayudé a fundar”.

Más allá de falsas modestias, el hoy Presidente no hizo meramente eso. Creó Morena a su imagen y semejanza, en enero de 2011, cuando todavía formaba parte del PRD, para apuntalar su intención de ser candidato presidencial por segunda vez. Ya pasada la elección de 2012, usó ese barco para zarpar del PRD. Morena obtuvo su registro en 2014 y participó por primera vez en comicios en 2015.

Si López Obrador no necesitó al PRD para ganar la Presidencia en 2018, tampoco creo que Morena resulte indispensable en sus planes.

Ya he contado aquí cómo el presidente Álvaro Obregón se deshizo del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) a fines de 1921, cuando esa organización —entonces la más poderosa del país— lo desafió, y se apoyó en una coalición de otros partidos para las elecciones intermedias de 1922 (en esos tiempos las legislaturas duraban dos años).

Aquello que hizo Obregón se parece mucho a lo que podría pasar si a) Muñoz Ledo se queda con la dirigencia de Morena o si b) Delgado asume la presidencia en medio del caos y no logra aplacarlo.

Así como Obregón echó mano de los partidos Cooperatista, Laborista, Agrarista y Socialista del Sureste, López Obrador puede disponer para sus fines de los partidos del Trabajo, Verde Ecologista y Encuentro Solidario.

Y si eso no fuera suficiente para obtener la mayoría en la próxima Legislatura de la Cámara de Diputados, siempre podría recurrir a las maniobras que se usaron en ésta. Recordemos que el oficialismo se quedó lejos de la mitad más uno de los votos para integrar la Cámara baja, pero hoy tiene incluso la mayoría calificada.

Pase lo que pase, no veo al Presidente lidiando con una dirigencia morenista rejega, que cuestione sus instrucciones y le pichicatee la designación de candidatos a los diferentes cargos en 2021.

Se puede alegar que López Obrador buscaría entenderse con Muñoz Ledo, pero he aquí que ambos son de una gran obstinación y el segundo realmente no tiene mucho que perder a sus 87 años de edad y podría darse el lujo de salirse con la suya.

Eso sí, como advirtió el Presidente, si se da el escenario de que él renuncie al partido, seguramente exigirá a quienes queden al frente de Morena que desistan de usar ese nombre. Desheredado por López Obrador, la organización corre el riesgo de extinguirse como le sucedió al PLC.

Deslindado de Morena, el tabasqueño podría incluso sentirse liberado del compromiso que tiene con el canciller Marcelo Ebrard para que él lo suceda en la Presidencia, pues ya puso todo su peso político al servicio de Delgado —que es parte del equipo de Ebrard— a fin de que se convirtiera en dirigente de Morena, y el líder de los diputados morenistas no ha sabido meter gol con la portería abierta.

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