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Mirar al ejército a través del color del cristal con que lo miran los políticos

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En defensa del macuspano

*  Muchos gobernantes en nuestro país lo ensalzan cuando de proteger sus intereses personales y ocultar  represiones contra el pueblo se trata

 

 

Por JOSÉ LUIS AGUIRRE HUERTA *

Especial para Expediente Ultra

La villa de San Francisco Macuspana, conurbada con la tercera ciudad más importante del estado de Tabasco, Comalcalco, aquella región también colindante con las ruinas de Palenque, paraíso del chocolate artesanal, y de los tulipanes, es una región forrada de Ríos. De ahí hasta Villahermosa, corren amenazantes por su lecho los caudalosos Usumacinta, Grijalva, y Santiago, vertientes acuíferas que de manera cotidiana se encargan de inundar la región no pasando por alto a la ciudad de Villahermosa.

Los hombres pejes en la cotidianeidad están familiarizados con las inundaciones de sus casas, quienes carecen de un cayuco ya que en cualquier momento puede morir bajo la creciente de los raudales.

En ese escenario poco o nada ha participado el ejército en auxilio de las poblaciones sobrevivientes de la inundación perenne.

En el panorama de esa región selvática, emergió un ex presidente estatal del PRI-gobierno André y no precisamente André Malraux el autor de enormes novelas como “la condición humana” y “L’Espoir”; André Manuel el hombre que presidio el PRI de su Estado, es oriundo exactamente de la villa de San Francisco de Macuspana, aquella zona donde conviven la caoba y la ceiba al lado de la explotación petrolera.

Nuestro personaje ha sido testigo que cuando surge la emergencia climática, poco o nada ha participado el ejército en el auxilio de la población, actualmente se convirtió en apostata de la actuación del aparato militar, eso le valió la crítica tanto como a Giordano Bruno la hoguera en el Medievo.

Bien dice el refrán “si quieres enemigos, basta con decir lo que piensas”.

En la región más transparente de la que hablaba el extinto panameño Carlos Fuentes, comparece ante la presencia de los jóvenes estudiantes politécnicos y universitarios, reunidos en un mitin de protesta en la Plaza de Las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968, la ciudad tlatelolca que une a tres épocas de la historia de México, la prehispánica con la expresión arqueológica de la pirámide; la virreinal con un monumento a la superstición, de hermosa arquitectura, albergante de una iglesia, y los edificios de la modernidad, Tamaulipas y Chihuahua, nombres con olor a sangre y desgracia.

En el foro panorámico pre-narrado enfrentamos a la masacre escenificada por heroicos actores, comparece el ejército desalentando a la reunión cívica estudiantil a punta de bayoneta calada, los jóvenes caen como moscas, la sangre tlatelolca es barrida a golpe de la presión fluida de las mangueras de bomberos, los incendiarios surgen uniformados de verde, en franco festín holocaustico al Dios Quetzalcóatl, es el ditirambo de la violencia y el dialogo de las bayonetas, los tanques y las ametralladoras.

El grito acallado en la noche con los sonidos de las balas y las ruedas de las tanquetas “diálogo, queremos diálogo, sal del balcón viejo hocicón gritaban los estudiantes al gran Tlatoani del momento”.

El dialogo se convirtió en monólogo genocida tlatelolca, el militar apuntaba contra mi pecho su bayoneta calada, al tiempo que pronunciaba: “¡Disculpe usted joven es mi trabajo…!”

Campo militar número uno centro de exterminio nacional, el centinela de la crujía “z”: espetó, qué se le ofrece jovencito?, preciso una pluma y un papel para consignar la historia; al tiempo que contesta azorado el mílite: “Eso no puede ser, no se haga pendejo usted está preso por escribir”.

Septiembre 19 de 1985 paralelo homónimo del “septiembre negro alemán”, las fuerzas de la naturaleza pasan la factura a la ciudad chilanga, pareciera que Hiroshima y Nagasaki cobraran vida en representación teatral, la Ciudad de la Esperanza ha sido bombardeada por el siesmo más apocalíptico de su historia.

En aquel momento entre el drama y la tragedia, surge la solidaridad chilanga, los heroicos escuadrones topos, convertidos en salvamentos, rescatan niños y ancianos mutilados de los centros médicos hospitalarios en ruinas, el nosocomio honrado con el apellido del indio de Guelatao, simplemente ha desaparecido, de sus escombros brota una anciana en pedazos y dos recién nacidos en girones, quienes gracias a la acción topo han vuelto a nacer, fueron los renacidos del 85.

En aquel contexto, la acción del ejército fue magra o nula; Miguel de la Madrid Hurtado, legitimo representante del estado haciendo gala de su apellido, con la moral social de su apotegma “nada será robado, todo será hurtado”, efectivamente en operación fumanchú, hizo desaparecer toda la ayuda internacional que recibió México, artículos de consumo generalizado, medicinas, alimentos enlatados, y apoyo financiero de la solidaridad emergente de la comunidad internacional, nada llegó a la población.

Ciudad Juárez 2013, los militares son degradados a policías de barrio, en el desierto Juan Gabrielezco y a su paso aparecen niñas treceañeras en estado de gravidez, quienes dignamente son testigos de violaciones y degradaciones que sufrieron de manos de las pistolas efervescentes de los militares, sublimes custodios de la población juarense.

La clase reinante principal apologista del glorioso ejército mexicano, como defensores de los valores jurídicos e históricos que después se encargan de aniquilar, en su papel de plañideras se trastocan en defensores de oficio del honor del ejército; en ese paraninfo, observamos la crueldad del estado como una expresión clara de la acción de los ejércitos, con disminución de cualquier modelo garantista constitucional, confiscación de bienes de disidentes del estado, mujeres violadas en los campos de tortura, hombres fusilados por la espalda o desaparecidos en campos de exterminio de militares, paso de electricidad en los genitales, venta de impunidad en zonas liberadas para el crimen, todo bajo el amparo de un derecho constitucional garantista, legitimante de la acción de las fuerzas armadas.

Las fuerzas armadas representan para el imaginario social, el monstruo de la represión y la dictadura, quien se arranca la máscara, cuando el viejo discurso de la democracia y la civilidad, no logra convencer, luego entonces este aparato de represión, se erige como órgano legitimador del ejercicio del poder.

Os pregunto: ¿qué suerte hubiera corrido el fascismo en Italia y Alemania, el Díaz Ordacismo o el Peñismo, sin el apoyo glorioso de las fuerzas armadas?

La cuestión formulada tal vez la pudiera responder el Che Guevara, abandonado a su suerte en la sierra de Santa Cruz Bolivia, con los zapatos rotos, rodeado de seis campesinos hambrientos y bien armados con palos y piedras.

O bien la respuesta podría ser otorgada por nuestro amigo el heroico suicida Salvador Guillermo Allende Gossens, quien fuera traicionado por el ejército pinochetista mecido por la mano oculta de la Central de Inteligencia Americana.

Bien tiene aprendido la clase en el poder, al ejército su reconocimiento y salchichón, por la preservación del poder mismo.

 

* Abogado de Profesión

Presidente de la Barra Interamericana de Derechos Humanos