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Música compositoras mexicanas… LAS TRANSGRESORAS

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Laura Abitia. Foto: parajetunero.blogspot.com

 

Elvira Hernández Carballido

En México existen pocos estudios que recuperen la presencia femenina en la música. Pero desde hace un tiempo me he dado la tarea de buscar compositoras mexicanas y recuperar su historia, sus inspiraciones y hacerlas visibles en este ámbito lleno de molodías y ritmos, letras e inspiraciones. Es así es como he recuperado a tres mujeres que han destacado por escribir de una manera crítica pero sensible, analítica y con autoreconocimiento propio. Ellas son…

Margarita Bauche.

Y una voz masculina describe con admiración y pasión a una mujer compositora, siempre. Es así como Rodrigo Díaz López se expresó de ella en un homenaje que le hicieron durante el año de 2014:

Margarita Bauche es Hostia, Nube, Flor, es vocablo que golpea al aire, su Cuerpo es una canción de Cuna, con su canto despierta a los corazones ateridos, su voz invade Mausoleos, Casas, Templos, Bosques, Serranías, Cúspides hasta albergar un eco para llenar vacíos y acantilados.  Su Naturaleza es la de los Bosques, las gotas de Agua, ella es Sol y Luna, su espectro sonoro es Nocturno, es también Matinal. Canta en Alegría, Canta a sus compañeras de siempre: Las Noches, Las Lunas, las Brisas, las Palmeras, las Borrascas, las lluvias, las aguas, cita a cada una de ellas es un telegrama sonoro que es Ceremonia, Ofrenda y Ritual. De su cuerpo nacen mariposas que luego hace aletear cuando canta las primeras notas, las primeras escarchas que nacen del Invierno largo de sus Sentimientos.

Considerada como la Joan Báez mexicana, Bauche fue una de las primeras compositoras mexicanas durante la década de los sesenta que empezó a cantar en español cuando la música –principalmente el rock- en inglés era la más escuchada. Pero además, ella misma componía sus letras. Su guitarra y su voz eran sus únicos instrumentos en el escenario. Los temas eran de interés social y de denuncia. Entre sus composiciones se puede mencionar: “La repuesta está en el precio”, “Levanta la vista”, “Manos de la Tierra”, “Gloria a dios en la burguesía” y “La cósmica sinfónica”, entre otras.

Emilia Albazán.

Es hora de vestir el esqueleto/ Cargar también al ángel de la guardia/ Salirse de las sábanas fantasmas/ Taparme pueden/ Soy de carne y hueso/ Es hora de espantarse el uno al otro/ Buenos días, buenas tardes, buenas noches/ Tarantulonas arrastrando/ Es hora de frotar los amuletos/ Colgarse por la suerte una semana/ Al apretar el nudo a la corbata/ Y darle de comer al cenicero/ Ya es hora de volver de nuevo al potro/ Apáguese la luz en esta escena/ Corte/ Hasta mañana/ Muy temprano… (De carne y hueso)

Emilia Almazán posee una voz suave y sensual, reconciliada con la vida y con la suerte. Una guitarra rasgada con pasión y sensibilidad. En esta canción, incluida en la antología Sirenas al ataque, la sencillez y profundidad son admirables. No hay fragmentos ni coros repetitivos, en menos de cien palabras se identifica una suave pero precisa autocontemplación así como una conciencia de finitud muy sensible y humana. Reconocerse a sí misma y al otro, entre la cotidiano y lo imprevisto, con deseo y pasión, aproximándose a la soledad e identificando roles predeterminados. Con metáforas atisba los roles predeterminados y advierte el rechazo social hacia lo formal y conservador. Reconocerse de carne y hueso, humana en fin, la aproxima a una humildad sensible y gozosa, recupera y explora su propia cuerpo que ahora vive, que de seguro morirá, que actúa en los escenarios de la vida y descansa en la intimidad.

Por ello, su música ha sido clasificada dentro del movimiento musical llamado “Rupestre” que se caracterizó por sus composiciones que “recrean sensibilidad urbana contemporánea” y sus “canciones de hallazgo entre hallazgo”, describe Jorge Pantoja, el especialista en el tema que evoca con precisión a esta creadora mexicana:

Muchas sutilezas corales muy bluseras, la intención de un fraseo al cantar la hacían un músico completo, porque además tocaba la lira con eficacia y placer. No sé si ella dejó la música, pero se cansó de todos estos ambientes. Hizo cosas memorables en el Foro de Tlalpan con José Cruz, incluso hizo una canción de ellos, Don Diablo. Me imagino que nunca dejó la música, que sigue tocando en su casa y componiendo. (Pantoja, 2013: 16)

Si bien solamente grabó dos discos, el primero junto con Roberto González y Jaime López, Sesiones con Emilia (1980), y el segundo con canciones y voz de ella, El amor nos ha fallado (1986), siempre es evocada por intérpretes y colegas como una buena compositora. Entre las personas que cantaron sus letras está Cecilia Toussaint, Nina Galindo, Maru Enríquez, Jaime López, entre otras.

 Laura Abitia.

Tengo ganas de quitarte, la camisa/ Tengo ganas de morderte, corazón/ Y a tu medida, correr sin prisas, hasta ese viejo pantalón/ Tengo ganas de montar, sobre tu espalda/ Tengo ganas de besarte, la nariz/ Romper la calma, bajo mi falda/ Dejarte alguna cicatriz/ Tengo ganas de tus ganas/ Arañándome la almohada y esta ansiedad/ Quiero, fuego contra fuego/ Como último deseo de una mujer… (El último deseo de una mujer)

Una de mis canciones preferidas, en voz de Nina Galindo, escrita por otra mujer fascinante, la compositora mexicana Laura Abitia. La letra de esta canción siempre la he considerado absolutamente erótica y sensual. Auténtica representante de las fantasías femeninas y el cuerpo de un hombre. Descripción seductora y provocativa de la belleza masculina. Un canto honesto que desnuda el placer y el sexo, la manera de poseer al otro con hechizo y encanto, pero esta vez es la voz y la inspiración femenina quien delata el goce y la satisfacción que una mujer encuentra en el erotismo. Ni en las poetas analizadas por Gloria Careaga yo observé esa manera de gozar y disfrutar la vida sexual y la manera de seducir a un hombre. Me parece muy significativo que jamás relaciona entrega con amor, enamoramiento para ser tuya. Relaciona deseo con entrega, poseer con el riesgo de sufrir, por eso advierte que desea dejarle una cicatriz. La frase “perder la calma bajo mi falda”, delata la absoluta recuperación y exploración del cuerpo, el reconocimiento de la sensualidad femenina y su manera de hallar goce. Considero que Laura Abitia expone un verdadero dominio liberado y delibrado de la inspiración, de la palabra, del deseo, de la satisfacción en una mujer. En su canción la mujer es quien toma la iniciativa, algo que siempre es criticado o poco permitido para nuestra sociedad. En algunas entrevistas que le hicieron advertía la manera en que las mujeres eran limitadas, construidas y forzadas a cumplir con roles e imágenes, con lo que ella no estaba de acuerdo: “…los medios manejan un cierto concepto de belleza femenina, tienes que tener la cintura y las petacotas… En “Mujeres en fuga” somos anti-divas, ante-medios, somos mujeres normales, barrigoncitas, con cuerpo de boiler. A mí me gusta todavía disfrazarme de roquera a los 50 años.” (García Von Hoegen, 2006: 137)

Ella nació el 26 de julio de 1954 y, desgraciadamente murió a la edad de 58 años, el 28 de octubre de 2012. Compositora, poeta y cantante. Estudió en la UNAM música -1974-, aunque no terminó la carrera. En una tesis donde la entrevistaron narró que no pudo continuar su carrera por un error absurdo en su inscripción, tan absurdo que la indignó tanto que no continuó, fue la equivocación en un pago. Otra anécdota interesante es que hizo una prueba en discos Orfeón y le dijeron que sus composiciones eran interesantes pero no se integraban a la filosofía de la empresa. Así que escribió una “horrorosa canción, llena de te amo y te quiero”, la llevó y de inmediato la aprobaron para que formara parte del disco de una joven que pensaban lanzar en esa época llamada Lupita D’Alessio. Se negó rotundamente a formar parte de ese juego comercial.

Sin embargo, su pasión por la música jamás terminó y fue así como en 1997 grabó su primer disco, titulado ”Independiente”. En 2003 presentó “El caracol” y finalmente en 2005 dio a conocer “Brujas, aquelarre. Mujeres en fuga”. Se considera que “Este oficio” es su canción más significativa, seguramente porque en ella describe con honesta sensibilidad su pasión y su amor por la música, el compromiso que reconoce adquiere al interpretar alguna canción y hasta la fragilidad al quedar expuesta al mostrarse abierta y generosamente :

Este oficio de mirar la vida y sus bemoles con una armonía/ Y buscar el ritmo exacto de cada palabra, de cada suceso/ Me obliga a ser simple fiel memoria/ Y clave de sol/ Es posible que muchas canciones/ Le parezcan algo susceptibles de comparación/ Con hechos y personas de una realidad absurda/ pero ésta es una forma de hablar/ Compartir el grito de la historia con una canción/ Aún con una canción/ Aunque por falta de presupuesto me cancelen la función/ Yo quiero seguir cantando/ Seguir desgarrando mi voz/ Una que otra rebeldía/ Una que otra cobardía/ Y el derecho a no desistir/ Puede que en algún momento asumen al acorde/ Amores imperfectos hijos predilectos de la rima y la destreza de las depresiones/ En nombre de la diversión/ Me acusan de sentimental/ En la búsqueda del tono/ Se hacen consecuentes las irreverencias/ Las sostengo en el espejo/ Ya sin la careta de los reflexiones/ No quiero aprender a fingir/ Compartiendo el grito de la historia/ Yo voy a seguir cantando… (Este oficio)

 

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