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PEPENADORES DE TEPEAPULCO; VIVIR Y MORIR ENTRE LA BASURA

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julio de 2012

 PEPENADORES DE TEPEAPULCO; VIVIR Y MORIR ENTRE LA BASURA

Su mirada se pierde en los inmensos montones de desperdicios, es una mujer de rostro curtido por el sol y por la anemia, primero huraña, poco a poco deja que sus palabras fluyan como un reclamo, como un lamento de que en su vida no hay salida, ni opciones, sólo este sitio maloliente de donde obtiene el sustento diario para su familia y los suyos. Es Armanda Cortés,  la dirigente de los pepenadores del basurero de Tepeapulco. Ésta la conversación que sostuvo con Expediente Ultra.

EU: Usted  es la líder en éste basurero y la que organiza todo ¿es así?

Armanda Cortés: Tratamos.

EU: ¿Cómo se sienten trabajando aquí?

AC: Pues trabajando, contentos.

EU: Platicaba hace  unos momentos con el Secretario Municipal de Tepeapulco  y me decía que ustedes son muy aparte al municipio y le  preguntaba que ellos como autoridades municipales, qué tipo de apoyo les brindan a ustedes y prácticamente él se deslindaba de cualquier tipo de apoyo hacia ustedes pues, dice, no son trabajadores del municipio. Me llama la atención que en otros municipios donde existen basureros pues a los trabajadores de la basura se les apoya  por lo menos, con guantes, ropa, botas  y cubre bocas ¿aquí cómo es el apoyo del municipio?

AC: Aquí no hay nada. No hay nada de apoyo de la presidencia, hasta hoy no hay.

EU: ¿No les dan ningún tipo de apoyo? ¿Atención médica? ¿Equipo de seguridad para trabajar?

AC: Nada, absolutamente nada. No hay nada de apoyo.

EU: ¿Es muy riesgoso trabajar aquí?

AC: Pues sí, pero ya después de tantos años ya se hizo costumbre el trabajar así.

EU: ¿Cuántas personas laboran en este basurero?

AC: Somos 14, más las que llegan, pues viene gente de fuera pu´s pa sacar para la tortilla

EU: ¿Qué le pediría usted a la autoridad municipal?

AC: Pues, híjoles, pues está canijo, la verdad que estamos acostumbrados a que nunca nos han dado nada, pero  en una ocasión me atreví a  pedirle  al presidente que nos echara la mano con una despensita o algo para la gente, pues la verdad que hay gente muy amolada.

EU: ¿Se las negaron?

AC: No, pero nos dejaron en lista de espera y estamos aún en espera que algún día será.

EU: ¿Ustedes no han pedido algo? ¿Botas, guantes etcétera?

AC: Pues repito, estamos tan acostumbrados a trabajar así, que ya es algo cotidiano.

EU: ¿Están acostumbrados a estar olvidados por la autoridad?

AC: Pues  sí. Más que nada, ya estamos acostumbrados y a subsistir con lo poquito que ganamos; estamos acostumbrados a no tener atenciones de nadie.

EU: ¿El alcalde los ha visitado?

AC: Éste alcalde sí, se ha tomado la molestia de visitarnos.

EU: ¿Qué no le gusta prometer, no?

AC: Parece que no. De momento estamos trabajando muy acorde con la presidencia.

EU: ¿Pero en qué términos si no les dan ningún apoyo?

AC: Pues nosotros, al contrario, somos los que apoyamos a la presidencia en cuestión de formar carros, de separar la basura, en fin, en varias actividades que tenemos aquí.

EU: ¿Pero no perciben nada por parte de la presidencia?

AC: No, ni un centavo, nada, ni ningún apoyo.

EU: ¿Qué le diría usted al alcalde?

AC: Pues que no se olvide de nosotros, que aquí estamos, que vivimos, que estamos aquí y que si a la mejor algún día le sobra algo, pues que aquí estamos, que se acuerde de nosotros.

EU: ¿No les ha prometido nada?

AC: No, sólo que vamos a seguir trabajando aquí.

EU: ¿A cambio de qué?

AC: De nada, absolutamente de nada. Sólo trabajar y trabajar, pues de aquí dependemos muchas familias.

Dejamos a doña Armanda Cortés trabajando entre esas montañas de desechos, no pudimos evitar el percatarnos de un auténtico y caudaloso río de mortales lixiviados que baja por la ladera del enorme tiradero y que se va directo a los mantos acuíferos del municipio. Pregunté entonces a mi acompañante  el joven Caña, director de Servicios Municipales: ¿Tomarías agua de la llave? Volteó a mirarme y sin ningún titubeo dijo: “No…por supuesto que no”.

Atrás de nosotros llegaron camiones del municipio, pero también de particulares porque es innegable que el mortal foco de infección se ha convertido en un jugoso negocio, claro, con el consentimiento del “alcalde estrella” que aunque siempre brilla por su ausencia, se sabe que siempre anda por el D.F.