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PESE A CONFINAMIENTO, SE REGISTRA CONCENTRACIÓN RÉCORD DE CO2: PNUMA

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Por Teorema Ambiental/Redacción/@Revista_Teorema

Ciudad de México, 16 de junio de 2020.— En las últimas semanas se han reportado mejoras locales en la calidad del aire en muchas partes del país a consecuencia de la contingencia sanitaria por el COVID-19. Sin embargo, de acuerdo con el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) esto no significa que se haya superado la crisis climática en la que se encuentra el mundo.

En un estudio elaborado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) se confirmó que hay un aumento brusco en los niveles globales de dióxido de carbono (CO2). De hecho, para el mes de abril de 2020, la concentración promedio de CO2 en la atmósfera fue de 416.21 partes por millón (ppm), la más alta desde que comenzaron las mediciones en Hawái en 1958.

Además, el análisis de hielos en el planeta, indica que dichos niveles son los más altos de los últimos 800 mil años y desde marzo de 1958 las concentraciones de CO2 han aumentado en más de 100 ppm.

El hemisferio norte tiene una mayor masa de tierra que el hemisferio sur y más CO2 absorbido por la vegetación durante el verano. Las concentraciones globales de CO2 alcanzan su punto máximo en mayo, al final del invierno del hemisferio norte, y luego, a medida que se realiza la fotosíntesis y aparece nuevo follaje que absorbe el CO2, se reducen las concentraciones en aproximadamente 7.5 ppm hasta octubre, explica el informe.

Durante el invierno del hemisferio norte, la Tierra tiene menos fotosíntesis, por lo que las concentraciones de CO2 aumentan hasta el próximo ciclo, pero debido a las emisiones generadas por las actividades humanas, las concentraciones de este gas en la atmósfera están aumentando aceleradamente.

Los datos del hielo

De acuerdo con los hielos analizados en la Antártida, es posible medir el CO2 atrapado en el hielo en los últimos 800 mil años. El análisis confirma que nunca en ese tiempo habíamos alcanzado las 416 ppm.

El Homo sapiens apareció hace unos 300 mil años, y el primer rastro de Homo sapiens sapiens (también llamado humano anatómicamente moderno) data de hace 196 mil años, pero hasta entonces, ningún individuo de nuestra especie ha experimentado niveles tan altos de CO2.

“Esto es una gran preocupación con respecto a nuestro clima y demuestra, una vez más, que se necesitan medidas urgentes para reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. Para mantener el calentamiento global promedio a 1.5 °C, necesitamos alcanzar cero emisiones netas para 2040, a más tardar en 2055”, dice Pascal Peduzzi, director de PNUMA/GRID-Ginebra y director de programa de la Sala de Situación del Medio Ambiente Mundial.

Estos resultados contravienen las versiones sobre que la contingencia por COVID-19 reduciría las emisiones globales totales.

Si bien es cierto que el tráfico vehicular y aéreo, así como la actividad industrial, se han reducido drásticamente en la mayoría de las partes del mundo desde enero de 2020, aumentó el consumo de electricidad.

El 64 por ciento de la energía eléctrica del planeta proviene de los combustibles fósiles (carbón 38 por ciento, gas 23 por ciento, petróleo 3 por ciento), según el informe Perspectivas de la energía en el mundo 2019 de la Agencia Internacional de Energía. Además, los sistemas de calefacción han seguido funcionando como antes del COVID-19. Ninguno de los asuntos clave ha cambiado (como la transición hacia las energías renovables, el transporte público o la deforestación).

Los incendios forestales, que han aumentado en probabilidad y gravedad debido al cambio climático, continúan afectando áreas de Brasil, Honduras, Myanmar, Tailandia y Venezuela, y cada uno de esos fuegos emite grandes cantidades de CO2 adicionales.

“Sin cambios fundamentales en la producción mundial de energía, no tenemos razones para esperar una reducción duradera de las emisiones”, dice el investigador del PNUMA, Niklas Hagelberg.

“El COVID-19 nos brinda la oportunidad de hacer un balance de los riesgos que estamos asumiendo en nuestra relación insostenible con el medio ambiente, y aprovechar de reconstruir nuestras economías de manera más responsable. Debemos tener muy en cuenta las amenazas mundiales, como las pandemias y los desastres climáticos, a fin de construir mercados, empresas, países, sistemas globales resilientes y un futuro saludable y sostenible para todos”, añadió.

“Orientar los paquetes financieros y de estímulo fiscal para impulsar la descarbonización y la transición hacia las energías renovables y limpias, no será solo una victoria económica a corto plazo, sino también una victoria para la resiliencia en el futuro”, finalizó.

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