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¿Por qué Rosa Icela? ¡Es la sucesión!

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*A pesar del hecho de que el mundo occidental ha vivido en la tradición de una libertad y una integridad a duras penas conquistadas, los hombres empiezan a preguntarse ahora si los sacrificios que se hicieron para lograr esas conquistas valieron la pena, ya que tantos aceptan complacidos hoy la amenaza de exterminio para toda la razón y objetividad que se había conquistado…

Louis Wirth, en su Prefacio a la obra de Karl Mannheim /Ideología y Utopía (1936)

POR GUSTAVO CORTÉS CAMPA

Si algo ha demostrado de forma contundente el presidente Andrés Manuel López Obrador, es que la buena marcha de los asuntos gubernamentales le tiene sin cuidado. Se trate de la salud pública, aún con una pandemia que ya cobra más de cien mil muertos y más de un millón de contagios, del suministro de medicamentos para niños con cáncer, de energías limpias, de tirar miles de millones en sostener una empresa cuyos activos no cubren sus pasivos, o definir una política de combate al crimen al cerrar un año con récord de homicidios, construir un aeropuerto a contrapelo de la IATA,  al extremo de que,  para sostenerlo, pretende ridiculizar toda idea de eficiencia, racionalización del gasto, experiencia mínima y capacidad de funcionarios.

Por todo eso, el presidente dedica horas todas las mañanas para ridiculizar, atacar, insultar y descalificar “a los expertos”.

Pero debe reconocerse que en un aspecto ha sido tremendamente eficiente el presidente López Obrador: en destruir todo lo que funcionaba bien o más o menos bien. Un personaje muy cercano al mandatario, Pedro Miguel, dedicó un extenso artículo en La Jornada para dejar en claro que en sus tres campañas presidenciales AMLO había “prometido” destruir todo lo hecho por “los neoliberales” y que la destrucción era solo el primer paso para “un nuevo orden” o algo así.

DECÍA EN GENERALÍSIMO: “TODO ESTÁ ATADO Y BIEN ATADO”

En las últimas semanas ha surgido un movimiento de un grupo, o varios grupos, generalmente formado por clasemedieros, el FRENAA, que “tomaron” el Zócalo y exigen “la renuncia” de AMLO. Independientemente de lo pertinente o no, de lo pantagruélico o no, de sus estilos, lo cierto es que han hecho mucho ruido.

El presidente AMLO les dedica en cada mañana varios minutos. Y casi siempre remata con una, digamos, admonición: “Los conservadores nunca volverán a tener el poder, nunca”.

En una frase, condena a muerte la democracia, el libre juego de partidos y la alternancia en el poder. Y repite Ad Nauseam, la cita de Juárez: “El triunfo de la reacción es moralmente imposible”.

Hacia el final de su vida, Francisco Franco, caudillo por la gracia de dios, quizá advertía en su entorno señales de un regreso de España al sistema democrático; se dijo que llegó a dudar en heredar el poder al príncipe Juan Carlos de Borbón y que eliminaría toda señal de ánimo democrático en la península. Un cáncer prostático se lo impidió.

Ahora bien: AMLO lo ha dicho, repetido, reiterado. No cabe resquicio para una duda: No tiene planes para entregar el poder “a la reacción”, comprendida ésta categoría política a todo partido de toda tendencia que no sea la Cuatroté, así ganase las elecciones de 2024.

El presidente trabaja en eso, y no en otra cosa. La economía en pleno resquebrajamiento, la pérdida de millones de empleos, el criminal desperdicio de recursos, las muertes por Covid y por la violencia de bandas, le tienen sin cuidado. ¡Y lo ha dicho y lo repite!

Todas las decisiones, los movimientos en el gobierno, los nombramientos, son para acomodar piezas que moverá en su momento para la sucesión presidencial.

Y en esto último maneja dos variables: cambiar lo que haya menester en la Constitución para ser él mismo el candidato, o bien colocar un nopalito (Ortiz Rubio, 1929) y si éste se le llega a poner rejego, otro más dócil, pero dedicado a grandes negocios (Abelardo L. Rodríguez, 1932).

MARCELO, LA INFAMIA COMPARTIDA

En ese rejuego, me parece que el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, está descalificado de antemano: para comenzar, es demasiada pieza.

Es tan fuerte su figura, que es un caso raro en un  gabinete donde abundan los mediocres, los que no llegan a mediocres, los capaces, pero sometidos (Herrera), los abyectos.

Parece claro que, como en principio, AMLO pretendía relegar al mínimo los asuntos de política exterior, nombró a Marcelo en la SRE. No era el candidato original, sino el senador Héctor Vasconcelos, quien de pronto, sin decir agua va, fue hecho un lado. Estilo tan típico como majadero de AMLO.

¿Qué sucedió? ¿De pronto descubrió incapacidad en don Héctor, con buena trayectoria en el servicio exterior?

Hagamos memoria: AMLO  y Marcelo son cómplices en un crimen nefando, tanto más cuanto que fue cometido a la sombra del poder, con impunidad asegurada. (Me decía hace años un político ranchero de mi tierra: “En la política, los pactos son de sangre… o de mierda”).

Tres policías federales que investigaban narcomenudeo en Tláhuac fueron incinerados vivos por una turba, no solo con la complacencia, sino con el apoyo, de la delegada política.

Llegaron a cubrir el horripilante espectáculo, en vivo y en directo, reporteros y camarógrafos de todas las televisoras, de todas las radioemisoras, de todos los diarios.

El que nunca pudo llegar fue el jefe de la policía, Marcelo Ebrard. Tampoco pudo utilizar un invento del siglo XIX para ordenar  a un puesto de gendarmes, a cinco minutos del lugar, para que interviniesen.

Los medios cubrieron minuto a minuto el crimen. Dos agentes murieron ahí mismo, achicharrados; otro quedó vivo e incapacitado de por vida. Años después, nos enteramos de la fortaleza del “Cártel de Tláhuac” en el trasiego de droga.

AMLO le pagó con la candidatura al GDF y quizá supuso que la cuenta quedó  liquidada.

Pero Marcelo de seguro piensa que no, que eso no fue suficiente. Reclamó Relaciones Exteriores y don Héctor pagó el pato.

En Relaciones Exteriores Marcelo comenzó a brillar desde el principio, como “bombero” en las crisis políticas, muchas de ellas autogeneradas, pero muy pocas en el ámbito de su competencia. Al estilo de su mentor, Manuel Camacho, invadió áreas de Gobernación, de Policía, Aduanas, Comunicaciones, Salud. Ha servido inclusive, muchas veces, de “intérprete” de los rollos generalmente incomprensibles del presidente en la “mañanera”.

Ya era tiempo de comenzar a ponerle coto.

¿BATRES? ¿ROSA ICELA?

El senador Martí Batres tiene toda la pinta de nopalito, aunque se debe reconocer que en el Senado mismo y en el gabinete hay fuerte competencia.

Aquí es donde surge Rosa Icela Rodríguez, con una carrera consistente de 18 años en el gobierno de CDMX, incluidos seis con quien ahora es “la bestia negra” de la Cuatroté, el senador Miguel Ángel Mancera.

No son pocos los que se han dedicado a la tarea, inútil del todo, de buscar “alguna lógica” en el nombramiento. Definitivamente, no la tiene si se la busca en el sentido de experiencia, conocimiento, afición inclusive, por el tema de seguridad y persecución del delito.

Rosa Icela no dará órdenes, no marcará la ruta, no decidirá nada en absoluto en cuanto a funcionamiento de la Guardia Nacional. Eso seguirá siendo asunto del titular de la Sedena.

Rosa Icela –igual que hizo por pocos días en Aduanas y Puertos- cobrará sueldo y viáticos. Aparecerá en televisión y tiene manejo en ese asunto. Inteligente y discreta, marcará una gran diferencia con su antecesor, Alfonso Durazo, torpe, sin recursos retóricos, disminuido y atropellado por los hechos, hizo el ridículo y para eso fue nombrado. (Si en Sonora votan por él, con sus tortillas de harina se lo coman).

Rosa Icela cuidará y hará cuidar –en la medida de lo posible- las formas. No me la imagino tartamudeando ante las cámaras, como Durazo, ni mucho menos, hablando sandeces.

La consigna será mostrarla como precandidata. Junto con otros que surgirán, seguramente, en los meses siguientes.

Es el plan ranchero de AMLO. No entregará el poder a los conservadores.

Es su misión histórica.

Pero… falta resolver el asunto INE, porque el Trife parece que ya está listo.

Pero también falta el tema Marcelo. ¿Se resignará?

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