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PRI rumbo al 2018: todos los caminos llevan a Osorio Chong (I)

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(I: Candados, encuestas y la XXII Asamblea)

 

Por Ignacio León Montesinos

Especial de Expediente Ultra

El tema de la sucesión presidencial debe tomarse con sumo cuidado en Los Pinos. Una decisión equivocada o un error de cálculo daría al traste con el proyecto de nación diseñado por el gobierno de Enrique Peña Nieto, que en palabras del propio mandatario enfrenta el peligro de regresar a un  “pasado de parálisis” si gana el PAN;  o dar un  “salto al vacío de la izquierda demagógica” si triunfa MORENA, según lo expresó en el 88 aniversario de su partido, en marzo pasado.

Luego del apretado triunfo de Alfredo del Mazo en el Estado de México, la autocrítica aparece como el mejor instrumento para recomponer un PRI que, quiérase aceptarlo o no, ha mantenido un franco divorcio de Enrique Ochoa con sus dirigencias y sus bases.

El priísmo en la entidad más poblada del país y donde cuenta con una de sus más sólidas estructuras partidistas, salió seriamente golpeado al perder todos los municipios de la zona conurbada que concentran el 80% de los habitantes, incluido el terruño del gobernador Eruviel Ávila: Ecatepec, donde el tricolor no ganó uno solo de los cinco distritos locales.

En el recuento de los daños, el parentesco del candidato con el presidente fue uno de los factores que contribuyó al golpeteo mediático y le restó puntos en el electorado. No aceptarlo es cerrar los ojos a una realidad tangible. En el EdoMéx se ganó gracias a las alianzas pero no se convenció.

¿Qué decidirán en la casa presidencial ante la cercana  XXII Asamblea Nacional de agosto?

¿Se optará por buscar los mecanismos que garanticen un partido fuerte y unido con miras a la cerrada lucha electoral del año entrante?

O se correrán los riesgos de dar la espalda a los cuadros y a la militancia partidista, imponiendo un candidato carente de arraigo e identificación con las bases. En resumen: sumar al hartazgo social un priísmo agraviado y marginado.

En el  fondo, los priístas anhelan que más allá de las hipotéticas  parafernalias de consulta a la militancia o las pretendidas “pasarelas” de candidatos, semejantes a  las empleadas por Miguel de la Madrid para maquillar la designación de Carlos Salinas de Gortari en 1987, los candados para elegir al candidato a la Presidencia no sean presa fácil de las ganzúas de algún arribista apoyado por una minoritaria élite,  que dé el tiro de gracia al partido, bajo el amparo del primer círculo del poder.

El derecho de prelación en el Revolucionario Institucional ha sido trastocado severamente por diversas dirigencias partidistas afectando a cuadros que no han sido recompensados por  sus años de lealtad y ardua labor con una nominación. Los requisitos para ser candidato a un cargo de elección también se han modificado para facilitar el acceso de las mejores posiciones  a personajes que en su vida, alega la militancia,  se han gastado los zapatos en la pepena de votos o en la talacha partidista.

Y peor aún,  que no han ganado una elección ni en su colonia, pero por ser recomendados,  hijos o parientes de algún personaje de primer nivel, arriban a los cargos de representación con ínfimas capacidades ideológicas. Situación que ha dañado seriamente la imagen de su partido.

Este relajamiento en la apertura de los candados es el que tiene seriamente molestos y en alerta a los cuadros y dirigencias  ante la pretensión de facilitar el acceso a los “ciudadanos simpatizantes” que sin tener una comprobada militancia de 10 años y menos una elección de mayoría ganada, estarán en posibilidad de ser postulados a Los Pinos.

Un traje a la medida de aspirantes como el actual Secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, cuya repentina aparición en los medios  ha puesto al alba a los cuadros del tricolor, aunque la Secretaria General, Claudia Ruiz Massieu diga que no habrá diseños exclusivos para nadie. Empero, hay señales en contra. A unos días de celebrada  la elección del Estado de México y durante una comida con los gobernadores de su partido, trascendió que el único miembro de su gabinete que acompañó  al Presidente Peña Nieto, fue Meade.

Y es aquí donde el hilo se revienta por lo más delgado, porque tal vez en otras circunstancias y épocas  el presidente en turno, como primer priísta, o su círculo de cercanos colaboradores  podrían haberse dado tales lujos, pero el PRI de hoy no es el mismo, por ejemplo, de hace tres décadas cuando tenía a su favor al 90 por ciento del electorado y una economía que crecía al 6% anual; ahora,  apenas y alcanza el 30 por ciento de las preferencias y el PIB lucha por llegar al 3%.

Y si alguien opina lo contrario, ahí están las magras cifras de la elección mexiquense donde sólo uno de cada seis votantes apoyó en las urnas a  Del Mazo. El candidato del PRI tuvo 56 mil votos menos que la aspirante de MORENA. Y las derrotas en Veracruz y Nayarit terminaron por encender las señales de alerta.

Caer en el autoengaño o en la imposición de un candidato impopular y sin identificación partidista produciría un efecto dominó en el priísmo de todo el país que una y otra vez a expresado en los sondeos de opinión quién es el aspirante de sus preferencias. Y éste es Miguel Ángel Osorio Chong, el Secretario de Gobernación que ha resistido todos los embates, fuego amigo y golpes bajos habidos y por haber.

Esta visión es además compartida por un importante sector de la sociedad que en las encuestas lo ha considerado entre los tres candidatos de los partidos mejor posicionados. El sondeo de Mitofsky de junio reafirmó que para los priístas la mejor opción de su partido con miras al 2018 es Chong.

Es de resaltar  que Osorio ha mantenido una constante en el nivel de aceptación entre la militancia y cuadros de su partido desde julio de 2016 en que el 49,6% de los priístas le otorgaba su visto bueno para ser su candidato a la Presidencia de la República; en la encuesta levantada en este mes de junio, las preferencias variaron sólo dos décimas para situarse en 49,4%, muy por encima de otros aspirantes como el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, que acaba de contraer nupcias  y  aparece con un 17,8% de las simpatías partidistas; del  ex líder nacional del tricolor,  Manlio Fabio Beltrones, que cuenta con 6,6% de aceptación; el Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, 4,8%; Aurelio Nuño, titular Educación Pública,  con 3,5%; el apuntado ex rector de la UNAM y actual Secretario de Salud, José Narro, con un 3,3%; y, por último, la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, con un 2,8% de los apoyos.

Pero, ¿qué cualidades son las que tienen al político hidalguense en el mejor talante de su partido? ¿Por qué aspirantes como Luis Videgaray o Aurelio Nuño, considerados más cercanos al Presidente, no han alcanzado tales consensos a su favor entre la grey tricolor? ¿Será que Osorio ha confirmado aquel sabio apotegma que dicta: golpe que no mata, fortalece? Al menos en su persona, los candados no son impedimento sino por el contrario, plena identificación partidista…

 

 

 

 

 

 

 

 

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