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Rosario Castellanos, de las 8 mexicanas en la Rotonda de Personas Ilustres

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La poetisa chiapaneca

 

*  Los hombres y las mujeres en México no sólo viven sino mueren en forma desigual; sobre la muerte la poetisa chiapaneca, escribió: ¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve la cara a la pared?¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?¿Se echa uno a correr, como el que tiene las ropas incendiadas, para alcanzar el fin? ¿Cuál es el rito de esta ceremonia? ¿Quién vela la agonía?

 

 

Por Elvira Hernández Carballido

Especial de Expediente Ultra / Fotos especiales

Estas preguntas, en torno a la muerte, las hizo la poeta Rosario Castellanos, una de las pocas mujeres que han sido alojadas en la  “Rotonda de Personas ilustres”. La muerte y sus rituales parecen también tener una construcción de género porque al hacer una revisión de quiénes se encuentran en este lugar, la presencia femenina es mínima. ¿Por qué? Sencillamente, la muerte también es cuestión de género.

Género y muerte

El proceso natural de la humanidad de nacer, crecer y morir también está marcado por el género, ya que la muerte además de pertenecer a un ámbito biológico y médico tiene un significado profundamente cultural. Por ello, los rituales y ceremonias que hacen culto a la muerte también son representados según el género de la persona que falleció. Hay un patrón social y estructural de relaciones tanto de a propia muerte como la muerte de los demás, que es diferente para hombres y mujeres.

Angela Peralta, el Ruiseñor mexicano

La especialista María Asunción Bellosta dijo que los hombres y las mujeres mueren en forma desigual. A lo largo de su obra, la citada autora reflexiona en torno a la muerte y la manera en que se ha estudiado. Destaca épocas y sociedades que la han exaltado o dramatizado, la relacionan con la añoranza y el recuerdo, lloran o rezan, gesticulan y se conmueven ante ella, la vuelven romántica o generosa, buscan el buen morir o conmover a los otros. La tesis central de la investigación es que la muerte también tiene género.

En su análisis, la investigadora marca pautas para advertir esas diferencias entre hombres y mujeres. Para ello plantea estas preguntas representativas: ¿Dónde muere? ¿Cómo muere? ¿Quién le asiste? ¿Cómo se constata la muerte? ¿Qué se hace con el cadáver? ¿Quiénes van al entierro? ¿Qué sucede después del velorio? Estas interrogantes son pauta para descubrir a las mujeres que están en la “Rotonda de personas ilustres”.

 Muerte y equidad de género

Creada por decreto presidencial, en las últimas décadas del siglo XXI, se especifica con claridad las razones de tener este escenario especial para gente destacada en México:

 “Que un lugar de honor es la “Rotonda de los Hombres Ilustres” creada en 1872, por disposición del Presidente Sebastián Lerdo de Tejada, ubicada en el Panteón de Dolores para erigir monumentos destinados a guardar los restos, o a perpetuar la memoria de héroes y personas célebres de nuestra historia.

Que la Rotonda constituye uno de los panteones de la Patria de mayor relevancia y, como tal, un espacio que brinda ejemplo para las generaciones presentes y futuras al conferir un sepulcro de honor a aquellas mexicanas y mexicanos que son ilustres, ya sea por sus actos heroicos, por su actividad política o cívica, o por sus contribuciones en los ámbitos de las ciencias, las artes o la cultura.”

Posiblemente, influido por el contexto del lenguaje incluyente, en 2003, Vicente Fox decidió cambiar el nombre de este espacio: “Que es conveniente dar a la Rotonda una denominación que refleje una adecuada perspectiva de género, para no soslayar la valiosa contribución de la mujer mexicana a la vida nacional.” Y es así como 131 años después, la Rotonda pasa de hombres ilustres a personas ilustres.

Sin embargo, la equidad de género no se logra con el cambio de nombre ya que de 116 sepulcros, solamente 8 hacen honor a las mujeres. Cinco de ellas integradas hasta después de tal decreto.  Los hombres que yacen ahí son en su mayoría políticos y militares, también hay un número representativo de escritores. Se suman en menor representación de otras áreas, profesiones, oficios y artes. Entre ellos están el mismo Lerdo de Tejada, Diego Rivera, Amado Nervo, Agustín Lara y Mariano Azuela. Algunas de sus tumbas son sencillas pero la mayoría son verdaderos monumentos  levantados en su honor, muchas veces por sus esposas, hijas y nietas.

Este amplio círculo de casi 50 metros de diámetro, rodeado de sauces y eucaliptos, con paisajes de mármol y esculturas, tiene al centro una lámpara votiva. Se dice que, haciendo alusión a una estrofa del himno nacional, al centro hay una flama eterna que ilumina por siempre a quienes yacen ahí. Durante muchos años estuvo descuidada y abandonada, por lo que en el gobierno de Enrique de la Peña, permaneció cerrada siete meses y se reabrió en junio de 2017.

Las mujeres de la Rotonda: ¿Quiénes fueron y cómo murieron?

 Ángela Peralta (Ciudad de México, 1845). Su nombre completo fue María de los Ángeles

Manuela Tranquilina Cirila Efrena Peralta Castera. Se le bautizó como el “Ruiseñor mexicano”. Su último concierto fue marcado por la tragedia, tenía 38 años y se presentó en Mazatlán. Hubo una epidemia de fiebre amarilla. Murió el 30 de agosto de 1883. Fue hasta 1937 cuando sus restos fueron llevados a la Rotonda, gracias a las gestiones del periodista Rafael Martínez.

 “Eran las diez y cuarto de la mañana, en la habitación número 10 del Hotel Iturbide, uno de los artistas de apellido Lemus, sostenía a doña Ángela por la espalda y en el momento en que el juez hizo la pregunta sacramental: -¿Acepta a este hombre por esposo? Lemus movió la cabeza de la enferma en señal afirmativa. La cantante prácticamente estaba ya muerta y tengo la seguridad absoluta de que no se enteró de la importancia del acto… Se vistió el cadáver con ropa de alguno de los personajes que en vida había interpretado la diva mexicana, y, según se dijo entonces, también se le colocaron sus mejores joyas.”.

Virginia Fábregas (Morelos, 1872). Actriz. Es la pionera de una dinastía teatral. Hasta el día de su muerte recibió grandes homenajes. En las esquelas que aparecieron en los diarios su familia manifestó su gran dolor y amor –hijos y nietos-. La acompañaron hasta el último momento. El país completo, desde el pueblo hasta el presidente, le rindieron culto, este último decidió que ella entrara a la Rotonda:

 “El 17 de noviembre de 1950, falleció la gran diva del arte dramático, Virginia Fábregas; el Palacio de Bellas Artes le abrió sus puertas por última vez para despedirla como a las grandes con una gran ovación. El periódico Excélsior señaló: “El Palacio de Bellas Artes fue el teatro donde doña Virginia Fábregas cosechó ayer; en las horas del mediodía, el más grande triunfo de su carrera artística”.

Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925). Poeta, filósofa, feminista y periodista. Tuvo un hijo, Gabriel, que era un niño cuando ella falleció,  el 7 de agosto de 1974 en Tel Aviv. Era embajadora por invitación del presidente Luis Echevarría, quien decidió que ella –a los dos días de su muerte-  fuera sepultada en la Rotonda:

 “Así nos quedamos nosotros a la otra orilla, incrédulos. Así lo dijo también Emilio Carballido, de quien Rosario estuvo un poquito enamorada, el que nunca acabó de asimilar lo sucedido y permaneció de pie bajo la lluvia hasta que cayera la última paletada de tierra mientras una muchacha Alcira, ensopada, el pelo como cortina de agua sobre los hombros, repartía volantes con poemas de Rosario Castellanos y una noticia biográfica que nos fue tendiendo con la mano a cada uno, como sudario, como pañuelo de adiós. Rosario murió en la forma más absurda, al tratar de conectar una lámpara en su casa de Israel. La descarga eléctrica la mató y falleció solita a abordo de la ambulancia que la llevaba al hospital. Nadie la vio, nadie la acompañó. Al irse se llevó su memoria, su risa, todo lo que era “su modo de ser río, de ser aire, de ser adiós y nunca”. En Israel le rindieron grandes honores. En México, la enterramos bajo la lluvia en la Rotonda de Hombres Ilustres. La convertimos en parque público, en escuela, en lectura para todos. La devolvimos a la tierra.”

María Izquierdo (Jalisco, 1902). Pintora. Se casó a los catorce años y tuvo tres hijos, luego se separó. Estudió en la Academia de San Carlos. Diego Rivera le negó la oportunidad de ser muralista. Tamayo la amó y jamás la olvidó. En 1948 María tuvo un ataque de hemiplejía que le paralizó medio cuerpo. Murió el 3 de diciembre de 1955. El decreto de Fox hizo posible que ingresara a la Rotonda pero hasta el 2012. Uno de sus mejores amigos recordó:

 “El cadáver de María aún estaba en la cama. La habían cubierto con palomas blancas de papel y nares de papel de china. Los resortes de los muebles botados, salían de la tela; estaban como testigos. Subí al primer piso donde María estaba en la cama. Bajé y en la planta baja se inició una verdadera lucha: los tres hijos discutían la propiedad de los cuadros y de los libros… Unos momentos más tarde bajaron el cadáver de María. Lo primero que vi fueron los pies en primer plano. Ella descendía como un ángel tieso. Como un ángel caído pero duro. Un ángel rodeado de nares artificiales. Todo era artificial, hasta el homenaje que le hicieron sus amigos; porque llegaron más que nada a curiosear… Cuando cerraron el féretro (yo había ido con el hijo de María a la Agencia Alcázar a buscarlo) fue espantoso, como si se encerrase al testigo muerto al que se estaba saqueando.”

Dolores del Río (Durango, 1906). Su verdadero nombre fue Dolores Asúnsulo López Negrete. La llamaron la belleza intelectual de la época del cine de oro mexicano. Triunfó en Hollywood. Se casó tres veces y no tuvo hijos.  Su salud empezó a mermarse en 1978, le diagnosticaron osteomielitis que se complicó y por una inyección que ya estaba expirada, le dio hepatitis que luego devino en cirrosis. Preparó su testamento y hasta su funeral. Murió el 3 de abril de 1983 en Los Ángeles, California, en brazos de su esposo.

Dolores del Rio-1947-The Figitive

 “La orquesta de la Marina marcó la entrada de la actriz Dolores del Río a la Rotonda de Personas ilustres del panteón de Dolores. Con “broche de oro”, dice la sobrina Beatriz Tamez López Ostaloza, se cerró la celebración del centenario de la protagonista de “María Candelaria”. Este hecho es muy importante y las palabras que dijeron las autoridades de que era La Joya de México me encantaron, creo que su importancia no sólo fue por su belleza, sino porque era una persona brillante, mencionó Beatriz. Su sobrina, acompañada de sus hijas y demás parientes lejanos,  considera que su tía es una actriz que no puede quedar en el olvido, pues se le considera como pionera del cine mexicano y la primera actriz latina que abrió paso a las mexicanas en el extranjero.”

María Lavalle (Campeche, 1908). Pionera en muchos escenarios de la vida política, social e intelectual del país. Premios, calles y escuelas llevan su nombre en muchas partes del país. Murió a consecuencia de un accidente vascular cerebral, el 23 de abril de 1996. Autoridades y funcionarios le rindieron homenaje en una ceremonia de cuerpo presente. El 28 de noviembre de 2006 sus restos fueron llevados a la Rotonda.

 “Tu patria era México pero Campeche, tu querido Campeche, así lo referías constantemente tú misma, era tu Matria. Madre a la que cada vez que podías, regresabas para saludar a tus sobrinos, ahijados y sobrinos nietos. Nunca te casaste aunque tuviste muchos pretendientes. Porque, como bien decías: “Cuando llegó el último, yo pensé que era el penúltimo”. Pero es que no había tiempo. Tu mente y tu diario quehacer estaban con otro enfoque y tuviste que sacrificar muchas cosas, precisamente por la defensa de la mujer. María, la primera en muchas cosas. La que dijo un día, en el Senado de la República, cuando ella y otra compañera fueron elegidas como senadoras: “Sí, nos dan la silla pero no nos dan el lugar”. Primera abogada campechana. Primera Senadora. Primera presidenta del Senado. Te nos fuiste un 23 de abril de 1996, cuando tenía 88 años. María Lavalle Urbina, tú fuiste la mujer que se atrevió a ser.”

Emma Godoy (Guanajuato, 1918). “La ancianidad debe ser maestra, consejera y guía”, fue el lema con el que surgió la DIVE (Dignificadora de la Vejez A. C), que ella fundó y que representó un antecedente muy significativo para la creación del Instituto Nacional de Personas Mayores. También es recordada como escritora. En una de los tantos homenajes que le hicieron, se le describió como multifacética, antifeminista, solterona feliz y fumadora empedernida. Fue precisamente este vicio el que provocó que ella falleciera. Murió el 30 de julio de 1989 y en 2005 se analizó su ingreso a la Rotonda.

 Emma, quien tenía sus ahorros en Houston, viajó a esa ciudad texana a ver un médico. Le diagnosticaron cáncer de pulmón. Héctor Martínez Serrano, un popular locutor de la radio mexicana, la recuerda siempre con un cigarro tras otro. Salvarla fue imposible porque las 50 quimioterapias no las resistiría. A la primera de las quemaduras de la primera quimioterapia, no la aguantó y le habló a su amiga Lidia para decirle que se iba a  morir en tres meses, a pesar de que su médico le había predicho que viviría seis meses. El día de su fallecimiento, Lidia, quien le llamaba todos los días, trató de comunicarse con ella. No lo logró al primer intento hasta que Ema le contestó para decirle que el arzobispo le estaba dando los santos óleos y colgó. Media hora después, volvió a llamar Lidia y le contestó una trabajadora doméstica, quien le dijo que la “señora Ema” había fallecido…”

Amalia González Caballero de Ledón (Tamaulipas, 1898). Escritora, feminista, funcionaria, promotora cultural, candidata a gobernadora de su estado y defensora de los derechos humanos. Primera embajadora (1953) y primera mujer que formó parte de un gabinete presidencial.  Luchó para que a las mujeres mexicanas se les concediera el derecho a votar. Murió el 3 de junio de 1986. Veinte años después la trasladaron a la de Personas Ilustres. La petición fue hecha por su hija Beatriz y por un grupo representativo de mujeres mexicanas, entre ellas Carmen Toscano y Guadalupe Marín.

 “El Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes invita al acto solemne de despedida de la Excelentísima Embajadora Amalia González Caballero de Castillo Ledón, cuyos restos serán extraídos de la Rotonda de los Tamaulipecos Ilustres para ser ingresados a la Rotonda de las Personas Ilustres en la Ciudad de México.

El acto será presidido por el Gobernador Egidio Torre Cantú este miércoles 21 de noviembre, a las 10:00 horas, en el Teatro que lleva el nombre de tan distinguida dama, dentro del complejo del Centro Cultural Tamaulipas en esta ciudad capital.

El Gobierno de Tamaulipas se congratula por este reconocimiento que otorga la nación a una de las más distinguidas tamaulipecas, quien sobresalió por su obra altruista y destacada participación en la transformación de la sociedad mexicana.

Este honor no se le había otorgado a ningún otro tamaulipeco desde hace 119 años… Será recibida con el corrido: “La norteña de mis amores.”

“¡No me vayan a hacer a mi esa cosa de los Hombres Ilustres, con una chingada!”, escribió Jaime Sabines en un poema que le dedicó a su querida amiga Rosario Castellanos. Pero ella y otras siete mujeres son las únicas mexicanas que están cautivas en este escenario.