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SANTIAGO NIETO, ESCOLLO INSALVABLE DE SOSA RUMBO A LA GUBERNATURA

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*  De nueva cuenta la Unidad de Inteligencia Financiera, volvió a ordenar el congelamiento de las cuentas de la Universidad Autónoma de Hidalgo; siguiendo las instrucciones del jefe del Grupo Universidad, el rector envío una carta al presidente, al titular de la Corte y otras autoridades en demanda de justicia, en una acción desesperada de Gerardo Sosa por contar con los millonarios recursos que le permitan conquistar el sueño de toda su vida: ser gobernador de Hidalgo

Por Antonio Ortigoza Vázquez /@Ortigoza2010

Especial de Expediente Ultra

En la carta enviada a diversas autoridades del país y en primer orden al presidente Andrés Manuel López Obrador, el rector de la Universidad Autónoma de Hidalgo (UAEH), Adolfo Pontigo Loyola, dice una gran verdad: La casa de estudios del estado “no tiene que demostrar su inocencia”. ¡Por supuesto que no!

Son los pillos que la han tenido secuestrada por más de treinta años los que deben dar la cara a la justicia y aclarar no únicamente a los hidalguenses sino al país, cómo es posible que amparados en la autonomía universitaria, la han convertido en un negocio privado que ha llegado a triangular recursos en cuentas extranjeras al más puro estilo de los capos del crimen organizado.

Gerardo Sosa Castelán, dueño de la institución, y sus empleados de confianza –que no la planta de catedráticos e investigadores que nos merecen el mayor respeto–, han terminado por desvirtuar los objetivos de la educación superior pública para convertirla en un denigrante coto de poder personal.

Para Sosa la UAEH no representa un propósito educativo sino un medio para hacerse millonario con el cual ha sabido chantajear a los gobiernos locales, dice el cacique que el congelamiento de cuentas de la Máxima Casa de estudios de Hidalgo afecta a 7 mil 500 trabajadores y jubilados, pero miente porque los 150 millones de dólares de los que defiende con uñas y dientes, son su guardadito personal que nada tienen que ver con las partidas anuales que tanto el gobierno del estado como el federal le asignan a la institución, para su gastos anuales.

A Sosa no le preocupa que la UAEH se quede sin recursos, sino que la confiscación de dineros de sospechosa procedencia le altere y derrumbe sus planes políticos para llegar a la gubernatura del Estado. Su sueño dorado que pareció cancelarse cuando renunció al PRI en 2018.

El líder del Grupo Universidad jugó bien sus cartas y logró apropiarse de los votos de un movimiento social, para colocar a personajes impresentables en el Congreso Local y en la Cámara de Diputados.

A don Gerardo” Corleone” le importa un bledo eso de la justicia social y los postulados ideológicos de Morena, para sus fines el novel partido es un escalón más a sus ambiciones políticas, por eso implora justicia al presidente López Obrador, al titular de la Suprema Corte, a la presidenta de la Cámara de Diputados y al titular de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores para que le descongelen las cuentas que ya le había liberado un Tribunal Colegiado.

Es cierto, el Fiscal General, Alejandro Gertz Manero—que no da una–, no robusteció el congelamiento ordenado por el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), Santiago Nieto, en los argumentos de la fiscalía ante el poder judicial porque olvidó señalar a los juzgadores que tratándose de labores de cooperación internacional, en este caso presunto lavado cuyas pistas sigue la DEA, se debe guardar la secrecía de la investigación.

Ahora Nieto va por asuntos de delincuencia organizada pero además por manejos irregulares de fondos públicos, porque Sosa y sus secuaces se han pasado los años invirtiendo los recursos provenientes del gobierno en negocios personales, gasolineras y otros tantos giros que generan recursos para su beneficio personal.

Sosa comienza a desesperarse porque si no consigue tener fondos suficientes en lo inmediato, sus amarres y estrategias no podrán concretarse. Los aliados del capo universitario ven en él una inagotable fuente de recursos y al secarse en manantial, el Grupo Universidad valdrá menos que un boleto del Metro.

El jefe de la Sosa Nostra invoca el respeto a la institucionalidad cuando ha trastocado la misión y los objetivos de una institución de educación superior pública en un negocio privado. Vaya cinismo y el de sus secuaces, cuya única verdad es que la Universidad no tiene que demostrar su inocencia, pero sus secuestradores sí.

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