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SE SECA LA ECONOMÍA

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Foto especial

Una tienda que vendía rompecabezas en la calle de San Francisco, un restaurante de pasta en Tlacoquemécatl, una miscelánea en Avenida Coyoacán, una estética en Porfirio Díaz, una sastrería en San Lorenzo, una cafetería en Parroquia, una mueblería en Avenida Colonia Del Valle, una tienda de productos orgánicos en Providencia, una tienda de regalos en Miguel Laurent…

Uno por uno, he visto desaparecer negocios donde compraba cosas o acudía para recibir algún servicio. Viandante por elección, siempre he sido cliente de pequeños establecimientos de mi barrio, la colonia Del Valle, cuyos dueños me saludan por mi nombre y viceversa y me dan carrilla cuando pierde el Cruz Azul. En semanas recientes, esa costumbre, que he tenido por más de tres décadas, se ha topado con cortinas bajadas y letreros de “nos vamos, todo en remate” o “se renta local”.

La economía de base se está secando. Si de por sí es difícil sostener a las microempresas —en tiempos que no son de crisis, 70% de esos negocios se ven obligados a cerrar antes de cumplir su quinto aniversario—, la actual situación está matando a un número desproporcionado de ellas.

Hace unos días, el Inegi informó que, en coincidencia con la contracción económica —la peor desde 1932—, quebró más de la quinta parte de los 4.86 millones de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) registradas en los Censos Económicos 2019.

Fueron, en total, un millón 10 mil 857 establecimientos. De haberse producido todas esas quiebras en los primeros ocho meses de este año —la encuesta sobre el impacto económico de la pandemia trae datos al mes de agosto—, esto significa un cierre de cuatro mil 143 negocios al día o 173 cada hora.

Es cierto, el Inegi también dio cuenta de la creación de 619 mil 443 negocios, lo que deja un saldo negativo de 391 mil 414 establecimientos. Pero la disminución neta de empleos en el sector es de 2.9 millones, pues, aunque se crearon 1.2 millones puestos de trabajo, se perdieron 4.1 millones entre las empresas que quebraron y las sobrevivientes. Además, mientras las pymes que cerraron empleaban en promedio a 2.93 personas, las de nuevo cuño dan trabajo a una persona menos (1.98 en promedio).

A diferencia de lo que sucede en otros países, las empresas mexicanas no se han beneficiado de un esquema de reducción de impuestos. Lo único que ha habido es uno de créditos de 25 mil pesos llamado Apoyo Financiero a Microempresas Familiares.

De acuerdo con los datos más recientes de la Secretaría de Economía, se han otorgado un millón 237 mil 410 créditos de ese tipo (información al 31 de octubre). Sin embargo, la encuesta del Inegi encontró que sólo 5.9% de las empresas recibió apoyo.

Además, dado que una condición para tener derecho a uno de esos créditos era no haber despedido a empleados –es decir, se diseñaron para los negocios que menos los requerían, pues las mipymes no despiden por gusto—, es posible que los 25 mil pesos hayan sido utilizados para cubrir las cuotas del IMSS y para casi nada más, encima de que quienes los recibieron ahora tendrán que pagarlos.

A los negocios familiares que quebraron, como los que menciono, ya no queda sino llorarles. Pero ¿qué pasará con los que subsisten, sobre todo con aquellos que lo hacen en condiciones precarias, y qué sucederá con sus trabajadores? Como pintan las cosas, cientos de miles no durarán un año más si no hay una estrategia distinta para ayudarlos. Cuestionado sobre el tema el jueves 3, el presidente López Obrador dijo que no conocía la información del Inegi, pero que no le parecía preocupante porque él tenía “otros datos”.

Ese mismo día, en la inauguración del Centro de Distribución Metropolitana de Grupo Bimbo, el mandatario reconoció que el país no podría “sólo apostar a la inversión pública, no tendríamos dinero suficiente para impulsar el desarrollo”.

Hay que recordar que las microempresas representan 95.4% del total de los negocios, mientras que las pequeñas conforman 3.6% y las medianas 0.8 por ciento. Entre todas, generan 72% del empleo formal y contribuyen con 52% al Producto Interno Bruto.

Si de verdad el gobierno entiende que no hay desarrollo posible sin la inversión privada, por ahí debiera comenzar.

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