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Seis décadas sin Jorge Negrete, el charro cantor de México

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*  Además de fundador y líder de la ANDA, Jorge pudo ser Presidente, fue hijo de un general villista pero rechazó la carrera militar para dedicarse al canto


Por Joaquín Herrera

Especial para Expediente Ultra

CD de México, diciembre de 2016 (agencia acento).-  Jorge Alberto Negrete Moreno jamás supo por qué el destino lo ponía rumbo a Palacio Nacional. El prefirió el canto y la música, lejos de las armas, mas no de la política…gremial. No otra.

Cantinflas o Negrete, eso sí llegaron a defender su liderazgo en la Asociación Nacional de Actores, hasta ante y con metralletas. Las disputas siempre incluyeron homicidios, al menos en grado de tentativa y que nunca llegaron a los tribunales.

Jorge jamás quiso traspasar el papel de líder hacia la lucha por “huesos” en el Congreso o el Gobierno pero luchó por defender al gremio (de la música, los intérpretes y el séptimo arte) hasta su temprana muerta a los 41 años.jorge-negrete-poseia-un-carisma-como-pocos

Este diciembre en que lo recordaron su hija, Diana y su nieto, una voz “copia fiel a la suya, volvieron a honrarlo al, cumplir 63 años de que se fue. Se repitió la avalancha de paisanos procedentes de todo EU, para recordar que él también emigro a EU, donde murió un 5 de diciembre de 1953.

Niño, Jorge no entendió jamás por qué la mitad de México, peleaba contra la otra mitad y le privaba -¿lo castigaba la vida?- del calor de su padre. La Revolución robaba vidas.

Y Jorge en etapa preescolar también sufrió la ausencia de su abuelo. Su árbol genealógico registra al Secretario de Guerra de Juárez y a combatientes por la independencia al lado de Hidalgo.

Pocos saben –pero Jorge se llevó ese dolor a la tumba. Su padre, el general Humberto Negrete, fue el eterno ausente de casa, operador del artillero de Villa como era; en tanto, el abuelo, brazo militar de Juárez nunca gozó de hijos y nietos a carta cabal.

La niñez, sin papá ni abuelo


La niñez de nuestro personaje, entonces escolapio, gravitaba entre su natal Guanajuato y la capital. Es decir, entre pueblos de alzados (ya como víctimas,  ya como victimarios). Los colgados en árboles y caseríos incendiados, en el primer caso se le gravaron en su mente y “odió” lar armas por eso.

En el segundo caso, el escenario de la capital, la vida en tranvías, eran las aglomeraciones de todo. Y Jorgito, siempre soñando con el regreso del héroe, su padre, que vestía ya de coronel, a finales de la etapa armada de la Revolución, en los años 20.

Cuando niño el "Charro Cantor"
Cuando niño el «Charro Cantor»

Desde la Decena Trágica –que ocurrió cuando él estaba en brazos- hasta las batallas (la de Torreón, la de San Pedro de las Colonias…Paredón,  Zacatecas…Celaya) apenas podría entenderlas, aceptarlas. Por más que le explicaran nunca aceptó ese mundo. Más al saber que del resultado sede esa suerte de ruleta rusa (las batallas cruciales) dependía que su padre regresara a casa.

Esa suerte siempre le taladraba su alma. Pero niñez, la inocencia y el gusto por la vida, lo blindaron emocionalmente y nunca perdió el gusto por la vida;

Vino el regreso del general Humberto Negrete, compañero del artillero villista, Felipe Ángeles. Este sería fusilado (1919) el mismo año que tocó caer a Emiliano Zapata.

La sed de sangre nunca cesó del todo entre las grandes figuras de la Revolución. Años después, tocaría al propio Villa y a su verdugo, Obregón. El ya general Negrete vivió al lado de su hijo y familia.

Y las desgracias nacionales así fueron la señal de que Jorge Negrete, como se llamaría nuestro personaje, años después, entrara a otro mundo. El del séptimo arte, como ocurriría con tantos descendientes de revolucionarios (Dolores del Río, Silvia Pinal, Agustín Lara, por ejemplo). Y en ese mundo Jorge sí cabrías. Sería  casi como un héroe o, al menos, un ídolo.

Terminaron los tiros… Y para el general Negrete, su héroe de siempre, quedó lejos la División del Norte; solo en el recuerdo, en la que militó al lado del “cerebrito” admirado de los ejércitos del país y el extranjero (especialmente de Alemania, como artillero de Villa) Felipe Ángeles.

Jorgito superó todo. Los nexos de su padre le abrieron paso al Instituto Alemán que funda el otrora villista. Al retirarse en la capital mexicana, vio a su hijo formarse allí.

No se sabe bien a bien, pero quizá el general Negrete tuvo nexos con sus pares militares de Alemania. Ángeles estuvo casado con una alemana. Dominaba, como el general Negrete el idioma de Bismark. Y esto se tradujo también en la vida del caso del Charro Cantor, que hablaba esa lengua que aprendió desde estudiante.

Algún día, historiadores, enriquecerán incógnitas de la vida real, despegadas de la leyenda. La de que Villa fue tentado por Alemania. Recibía apoyo militar y entrenaban a sus hombres y supuestamente buscó provocar una guerra entre México y EU.

No sorprende saberse esto  en un país cuya relación con su vecino (EU) ha alimentado la germanofilia (afecto por alemanes).

No quiso la carrera militar

Jorge Alberto Negrete, ya adolescente creyó que lo suyo sería la carrera de las armas, como su padre; como su abuelo y bisabuelo.

Ah, pero fue en el Colegio Militar, donde descubrió que las armas no eran lo suyo; su verdadera vocación y pasión era la música y el canto, que después estarían unidos a la actuación.

Lo militar le venía de sus ancestros: el general Miguel Negrete combatió a los yanquis en la invasión de 1847 y a los franceses al lado de Juárez (fue su ministro de guerra y presidenciable) en la era del benemérito.

Pero don Benito no pensaba dejar el poder –según su crítico de alto voltaje, Francisco Martín Moreno (“México ante Dios”) se aferró al “trono” hasta que, según historiadores diversos, murió envenenado y con  su muerte, viró la suerte del abuelo de nuestro personaje. La heráldica del poder no llegó hasta el futuro actor.

Jorge Negrete, al Colegio Militar

Por eso cuando Jorge Alberto Negrete decide entrara al Colegio Militar, lo hace más por darle gusto a su padre; ingresó, adolescente (1926) pero vio que escapó de milagro a a la nueva confrontación de guerra civil (La Cristiada) en los finales de los años 20 y Jorge Negrete, aunque apenas tendería 16 años, mejor se centró a estudiar.

El futuro artista optó por la caballería y aprendió administración. Descubierto con voz privilegiada, viajó becado a París y luego a Roma y por eso dominaría, aparte del alemán,  la lengua de Balzac y de Garibaldi. Pero al mismo tiempo, le tocó el rayo del otro ángulo de su padre, músico también.

Y Jorge ideó inclinarse por esta vocación.

Mesero en EU, asido a su sueño

Jorge Alberto viajó a EU y se prendó de la ópera. Era el mundo de María Callas -nacida en Nueva York y criada en Grecia- quien cimbraba con su estilo. Esto convenció a Jorge que dominaba el Bel Canto.

En tanto, otro hijo de militar revolucionario, Agustín Lara irrumpía en la radio, la moda. Tito Guízar, era ídolo que comenzaba a figurar fuera de las fronteras de México.

Lucha Reyes, la soprano que conquistó Europa y EU, cayó en desgracia (perdió su voz) pero alcanzó la gloria inesperada: emprendió el sendero de la interpretación vernácula. Y fue la revelación. Fueron su estilo personal con voz más ronca, pero muy bien recibida y logra sonados éxitos como «La Tequilera», «¡Ay Jalisco no te rajes!», «El Corrido de Chihuahua», «El Herradero», «La Panchita», «Traigo un amor», «Juan Colorado», «El Castigador», «Rayando el sol», «Caminito de Contreras».

En 1930, Lucha Reyes conquista a EU en el teatro Million Dollar, de Los Ángeles.
Jorge se ganaba la vida mas como mesero que como cantor. Y eso terminó por empujarlo a combinar ópera con canto ranchero y su camino a la gloria.

Y el hijo de un revolucionario concluyó que ese era su sueño. Y cuando acordó ya estaba conquistando a a México y al mundo, no por la vía política ni las armas: por el canto.

Su vocación por la música y los triunfos de otro hijo de militar, como, Agustín Lara, lo convencían. Y Jorge escapó hacia la música vernácula. Su calidad de voz, lo ubicó sin llegarlo a saber, como modelo para Plácido Domingo, entre decenas de figuras de México y fuera. Placido Domingo confesaría que él llegó a donde está porque en su niñez en la capital mexicana -aunque nació en España- lo atrapó el canto del ídolo en los 19 años en que, además, el Charro Cantor, entraba al séptimo arte, como estrella.

Plácido confesaría que en su juventud (los años 60), no tenía mayor deleite que oír a Jorge. Y está seguro el “Charro Cantor” hubiera tenido una senda como la del mismo Plácido mismo o Pavarotti y la Callas.

 Adiós a las armas; bienvenido Hollywood

Jorge terminó por renunciar a su carrera de las armas, que bien pudo conducirlo a Palacio Nacional, como tantos que buscaron por esa vía el máximo poder. Los compañeros de armas de su padre, como Victoriano Huerta, buscaron el poder por el lado de la traición, como títeres del vecino del norte.

A Jorge lo llamaron de Hollywood y a Nueva York. Hizo pruebas, firmó contratos y estos se vinieron abajo una y otra vez, aún antes de empezar hasta que se le acabaron los pocos dólares que tenía.  No tenía el corazón de pedirle a su padre apoyo, cuando debería ser al revés, que Jorge comenzara a ser apoyo para sus viejos.

La vida de su padre fue la de muchos que en la muerte de Villa y el fusilamiento de Felípe Ángeles, sepultaron sus sueños. El coronel Negrete se refugió como maestro de matemáticas y de alemán, en el recién creado Instituto Alemán, con  veteranos de las Primera Guerra Mundial y al que entró su hijo Jorge Alberto Negrete donde aprendió uno de varios idiomas (como el francés, el italiano y el inglés que dominó). Le sirvieron en sus primeros pasos en el canto y hasta el cine.

Dos leyendas
Dos leyendas

Así, los años 30 atrapan a este prospecto de arista entre penurias y Jorge se ve obligado a trabajar de mesero para sobrevivir y esconder su pena ante sus padres. Todo menos pedirles dinero. Y cuando otra confrontación armada aparece, la Guerra Civil Española, en EU, donde lo atrapa esa etapa, nadie dudaba que el paso siguiente sería el desafío de la barbarie de Hitler.

A Jorge le dio por enrolarse en las filas del ejército norteamericano para pelear al lado de los aliados. Se puso a tramitar documentos personales a distancia y su tardanza lo salvó. No lo aceptaron y Jorge tuvo que regresar cabizbajo porque se sintió pequeño ante su padre que tanto le mostró el valor del carácter; los valores de la mexicanidad.

Jorge jamás imaginó que algún día pudiera triunfar. Fue uno de los hijos de la revolución que triunfaron pero no con las armas, sino en el cine. Y Jorge hizo más en el cine que tantos falsos héroes.

Al iniciar los años 30, a punto de dar sus primeros pasos en el canto y el arte escénico, aún se creía un fracaso de ser humano, como artista en ciernes:

Aprendió de figuras como Dolores del Río, hija de un hombre operaba al mayor banco de su natal Durango, que se lo llevó al estallar la Revolución a EU. Ella conquistó a Hollywood desde el cine mudo (con El Precio de la Gloria, en 1926, por ejemplo) y sobrevivió al cine sonoro, que acabó con medio mundo que no siguió la conseja de la adaptación, como ley natural.

Hollywood, como la TV terminaría con estrellas de radio. Como la radio no pudo ser siempre sitio para los carperos. Jorge veía al Indio Fernández insistir como aprendiz en Hollywood y casi mandadero y algún día sería director del propio Jorge y la mayor estrella del llamado Cine de la Edad de Oro, María Félix.

Jorge sería amigo y compañero de aventura de quienes en el barrio de artistas –los alrededores del hotel Regis- ¿dónde más? En la avenida Juárez, la de los escaparates de pieles, joyas y los mejores traseros del cine, los ruedos de la fiesta brava y amos de la incipiente radio, que luego lo serían  de la TV.

En la era de Lucha Reyes—Lara

Negrete tomaba clases de canto con el prestigioso maestro José Pierson, lo que le permitió empezar a cantar para la radio entrada la década de los 30.Y por primera vez en la cadena de radiodifusión XETR escuchaba arias operísticas y canciones de compositores mexicanos, en la voz del Jorge veinteañero.

El apenas se percató que empezaba la que sería en solo 20 años que le duró, una vertiginosa y frenética carrera hacia el estrellato.

Grabó algunas óperas en 1932 bajo el seudónimo de Alberto Moreno en la radio y en revistas musicales y hasta en el teatro Lírico (1935), con canciones del maestro Juan S. Garrido.

Negrete trabajó invadió prestigiosos escenarios de Estados Unidos, antes de ir a los grandes teatros mundiales.  En México, la voz era la de Tito Guízar, cuando se estrena Allá en el rancho Grande. A Jorge con mejor calidad de voz y su aspecto viril y distinguido le permitieron ganar una rápida celebridad en los escenarios mexicanos y extranjeros.

Figura entonces versátil, joven, intentó incursionar en el toreo. Pero también, en 1940,  quiso participar en la Segunda Guerra Mundial; no pudo alistarse.

Irrumpe en el cine

Jorge Negrete debutó en el cine con La madrina del diablo (1937) y desde entonces intervino en un total de treinta y ocho películas. Fue un icono de la comedia ranchera, en la que encarnaba al personaje del «charro cantor», el macho valiente, buen tipo, adinerado, mujeriego, vital y arrogante, como lo describen cronistas.

En sus actuaciones en vivo y, por supuesto en la gran pantalla, el carismático actor nunca dejó de interpretar dicho papel, aunque tuvo papeles de excepción. Dicen que nada tenían que envidiar a sus personajes cinematográficos. Su vida de película  se muestra como el conquistador. E inicia su colección de matrimonios con Elisa Christy, primero y Gloria Marín, después incluiría en media docena al último, el de María Félix, famosa a su vez por su vida licenciosa y frívola, que Negrete lograría una relación estable, pero su fin se acercaba.FOTO DE ARCHIVO. MARIA FELIX Y JORGE NEGRETE.

Desde niño supe cómo fue el terrible incidente en que pelearon Cantinflas, Jorge Negrete y Leticia Palma porque mi bisabuela materna, Guadalupe Vázquez, fue de las socias fundadoras de la ANDA junto con mis abuelos, Miguel García y Engracia Torres. Tenían, los tres, credenciales de las primeras emitidas por la Asociación Nacional de Actores. Mi tía, Blanca Morones, hija de mi bisabuela también, recién recibió la medalla por 75 años de pertenecer al sindicato.

Los primeros me contaron los hechos: la pelea sindical entre Cantinflas y Jorge había sido tremenda. El primero perdió la elección para ser secretario general de la asociación frente al segundo. Posteriormente, durante una asamblea, en 1952, se presentó Leticia Palma a acusar a Jorge de intentar asesinarla, afirmaba que Negrete iba en su vehículo sobre Paseo de la Reforma y la quiso atropellar. Mario apoyó a Leticia, ella era inclusive parte del contingente que hizo campaña por Cantinflas contra Negrete.

Se dividieron opiniones entre los actores, pero Jorge había estado ese mismo día y a la hora que señalaba Leticia como la de la agresión con un grupo de sus compañeros del sindicato discutiendo diversos asuntos. Estos recordaban perfectamente los detalles, así que le preguntaron a la actriz cómo iba él vestido ese día y ella respondió que de traje, pero esto era mentira, le dijeron que llevaba chamarra y que no había salido de la reunión sindical, así que quedó desenmascarada y en una asamblea posterior, en enero de 1953, fue expulsada de la ANDA.

Jorge, noble como siempre, todavía se dirigió a la asamblea, en el Teatro Iris,  para solicitar que perdonaran a la actriz, pero José Elías Moreno tomó el micrófono y dijo que no podían perdonar una actitud tan indigna y deshonesta y solicitó a los que estuvieran a favor de que se perdonara a Leticia Palma que se pusieran de pie, pero sólo se levantaron de su asiento Mario Moreno y un abogado que iba con él; en seguida, José Elías Moreno pidió que se pusieran de pie los que apoyaran a Jorge Negrete y estuvieran a favor de que Leticia fuera expulsada y todos los asistentes, como uno solo, se levantaron. Es curioso que los tres actores que se mencionan se apellidaran igual, Moreno: José Elías Moreno, Mario Moreno “Cantinflas” y Jorge Alberto Negrete Moreno. Ese mismo año murió Jorge, el 5 de diciembre de 1953, en Los Ángeles, California.

 

 

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