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TERCER AÑO

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En apenas 16 meses, el presidente Andrés Manuel López Obrador pasó de decir que gobernar “no tiene mucha ciencia” (Ecatepec, Estado de México, 25 de julio de 2019) a lamentar que sus primeros dos años en la Presidencia “no han sido fáciles” (Tijuana, Baja California, 29 de noviembre de 2020).

Cuestionado en la conferencia mañanera del lunes pasado sobre qué obstáculos ha enfrentado durante su gestión, el mandatario mencionó tres: la pandemia, la crisis económica… y los “ataques” de los medios de comunicación.

Llama la atención que el Presidente no se haya referido a la inseguridad. O no la considera un obstáculo a su gobierno y a su propósito de transformación social o, en todo caso, la evalúa como menos agobiante que las opiniones que merecen sus dichos y sus hechos.

Es decir, los más de 58 mil asesinatos que han ocurrido en estos dos años –150% y 70% más que durante el primer tercio de los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, respectivamente– preocupan menos al Ejecutivo que las notas y columnas en los periódicos.

Esto quizá tenga que ver con que López Obrador considera que la pandemia y la crisis asociada a ésta son calamidades que cayeron sobre su gobierno sin que él las haya buscado, mientras que la violencia criminal –por más que quiera encontrar su causa en los gobiernos anteriores– es un mal que no ha cedido ante la medicina que él ha prescrito (las ayudas sociales y la conformación de la Guardia Nacional).

En cuanto a los “ataques” en su contra, el Presidente engloba en esa categoría tanto los señalamientos de los medios como la actividad de la oposición política, cosas que son de naturaleza distinta, pero que reunidas permiten pintar la imagen de un gobierno asediado por un poderoso enemigo.

La mención de dichos “obstáculos” hacen posible vislumbrar los objetivos del tercer año de gobierno.

Por un lado, el Presidente alega que un hecho involuntario –la pandemia– causó retrasos en su ruta y que, por tanto, requerirá de más tiempo para cumplir sus compromisos (como dejar de importar combustibles, ahora pospuesto para 2023, según dijo en su informe ayer).

Por otro, se propone seguir en campaña. Y para eso requiere de un contrincante. Las pláticas del PRI y el PAN para conformar alianzas electorales le han venido como anillo al dedo, diría él. Le permiten seguir hablando del PRIAN y sostener que sólo hay dos opciones políticas en el país, la suya y la de los “conservadores”, bando, este último, en el que incluye a la mayoría de los medios de comunicación y, en general, a todo aquel que critique a su gobierno.

Si nos atenemos a sus expresiones en Baja California, durante su visita del pasado fin de semana, el Presidente se propone no ser un mero espectador del proceso electoral del año entrante, en el que se renovará la Cámara de Diputados, así como 15 de los 32 gobiernos estatales, entre otros cargos.

En Ensenada, la tierra del primer gobernador de oposición de la era moderna, López Obrador calificó de “estelar” el momento que vive el país. “Es importante que haya dos grandes agrupamientos (…), la corriente liberal y la corriente conservadora. Por eso ahora se están quitando las máscaras aquellos que engañaban diciendo que eran distintos y se están uniendo”.

Agregó: “Las elecciones del año próximo van a ser muy importantes porque los conservadores van a querer regresar al manejo faccioso del presupuesto para que no le llegue el apoyo a la gente (…) Yo estoy seguro que va a ganar el movimiento liberal. Las fuerzas progresistas le van a ganar al partido conservador, al partido de la corrupción, al partido de los privilegios”.

Los objetivos del tercer año de gobierno están claros: con el pretexto de la pandemia, López Obrador pedirá paciencia, que le den más tiempo para cumplir sus promesas. Y con el pretexto de que los “conservadores” asedian a su gobierno, intensificará su faceta de político en campaña, tratando de convencer a los electores de que si dan a la oposición la mayoría de la Cámara de Diputados, pueden quedarse sin ayudas sociales.

Lo cierto es que el tercer año, que incluye la consulta popular sobre los “actores políticos”,  será clave para el éxito o el fracaso de este gobierno. Lo que no haga en estos 12 meses –particularmente en los primeros seis– ya no podrá hacerlo después.

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