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Trump, un peligro para México

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*Tenía que encararlo; es un “peligro para México”, aclara Peña.
*Para The New York Times el candidato “humilló a México”
* Mostró su xenofobia y racismo: dice El País de España

 Por Joaquín Herrera

CD de México, septiembre 1 (agencia acento) Con reacciones contra la visita crece la expectación por el IV Informe del Presidente Peña. Se espera que en su mensaje político que dará un revés a Trump, quien –como dijo el mandatario anoche a Denisse Maerker- sí es “una amenaza para México”.

Ese fue el mensaje abierto expuesto por Peña Nieto sobre la reunión con el presidenciable Donald Trump.

Falta ver si esa exhibida provocó que se dio a sí mismo, por mentiroso, soez y ayuno de diplomacia entre dos países aliados, mayor desaprobación en EU e internacional. De él su rival, Hillary Clinton, dice que no tiene madera para presidente de su país. Y eso quedó más que claro por lo pronto para el voto latino que es ya la minoría más numerosa en  ese país de migrantes.
¿Lo querrán en Europa como aliado?
El posicionamiento del Ejecutivo mexicano, al decir que ese político de EU es “un peligro para México”, fue una mención similar al que en su tiempo expresó Vicente Fox, contra Andrés Manuel López Obrador, diciéndole al entonces candidato presidencial del PRD, AMLO “es un peligro para México”.

Muchos creen que fue tan demoledor para El Peje, que el perredista bajó varios puntos, cuando iba de puntero. Finalmente perdió en 2006, conforme a la autoridad electoral, el IFE, frente al panista Felipe Calderón, como luego perdió en 2012, frente al propio Peña Nieto.

Ante Denisse Maerker, en la TV, el Jefe del Ejecutivo puso los puntos sobre las íes: Remachó que comparte la indignación de los mexicanos contra el aspirante por sus discursos antimexicanos y que “las amenazas apara el país, hay que encararlas”, como él lo hizo.

Trump tuvo un tono suavizado aquí, pero de regreso a su país, dijo en Arizona que  “México pagará por el muro” y recalcó que eso “aunque ellos (los mexicanos) no lo saben”.

En definitiva el mensaje de Peña, especialmente para los once millones de mexicanos residentes en EU, es que los posicionamientos del candidato presidencial republicano “son una amenaza para México”.

El huésped de Los Pinos explicó a la TV que él se vio obligado a encararlo para exponerle que los mexicanos están entre los países que dan seguridad a su vecino del norte; apuntalan su economía con trabajo y acá, con importaciones mayúsculas, lejos de ser una carga para EU.

El Presidente mexicano desmiente al visitante majadero que tuvo. Explicó  a la TV que no se aceptó pagar por el Muro Trump.

Luego, en dos tuits, abundó. “Al inicio de las conversaciones con Donald Trump dejé claro que México no pagará por el muro”.  Que “a partir de ahí, la conversación abordó otros temas y se desarrolló  de manera respetuosa”.

Se acabaron las dudas. La versión más dura del discurso antiinmigrantes de Donald Trump cayó este miércoles como una profecía sobre Estados Unidos y, de paso, sobre México, a cuyo presidente había visitado el candidato solo unas horas antes. El candidato republicano a la Casa Blanca desgranó sus promesas con detalle: habrá un muro, logrará que México pague por él, echará a todos los indocumentados del país y les obligará a volver legalmente. Lo importante en política migratoria no es lo que conviene a los inmigrantes, resumió, sino lo que conviene a los ciudadanos norteamericanos. «México pagará el muro. Al 100%. Todavía no lo saben, pero pagarán por el muro».

La campaña de Trump había prometido que el de este miércoles en Phoenix era el “gran discurso” sobre inmigración del candidato. La expectación no podía ser más alta, después de dos semanas en las que había enviado mensajes contradictorios, en medio de cambios radicales en su organización de campaña. Las prometidas deportaciones masivas ya no estaban tan claras. La pregunta de si Trump estaba finalmente suavizando un discurso ampliamente considerado como racista y xenófobo desde el día uno estaba legítimamente encima de la mesa.

El otro factor que daba cierto carácter definitorio a la actuación de Trump era la insólita invitación por parte del presidente de México, Enrique Peña Nieto, a una reunión en la capital mexicana. Trump aterrizó por la mañana en Ciudad de México y después dieron una rueda de prensa conjunta. En los discursos previos de la campaña de Trump, como el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, el sheriff Paul Babeu o el candidato a vicepresidente, Mike Pence, quedó evidente que van a aprovechar el encuentro con Peña Nieto para lavar la imagen poco presidenciable de su candidato. Trump fue presentado como un líder que puede llevar su estilo sin peligro fuera de las fronteras, un líder que va a México y le dice las cosas a la cara al presidente de ese país. Esa es la conclusión del encuentro para Trump.

La rueda de prensa fue en realidad dos discursos paralelos en los que cada uno dio su visión de la inmigración. Al ser preguntado por el muro, Trump dijo que lo habían hablado, pero no quién lo pagaría. Peña Nieto le desmintió más tarde y aseguró en Twitter: “Al inicio de la conversación con Donald Trump dejé claro que México no pagará por el muro”.

Cuatro horas después, ante un público entregado y muy sensible al tema de la inmigración como el del sur de Arizona, Trump empezó así su plan sobre inmigración:

– «¿Estáis preparados?»

– «¡Sí!»

Número uno: vamos a construir un muro. El público de Phoenix se volvió loco con este número de Trump. Será “impenetrable” y “maravilloso”, dijo. Después de una larga pausa dramática en la que se dejó envolver por los aplausos, añadió: “Y lo va a pagar México”. Y todavía quedaba una coletilla: “Aún no lo saben”. Esto último no estaba, como muchas otras salidas de guion, en el discurso escrito que fue enviado al terminar la alocución.

“México colaborará con nosotros, así lo creo. Después de reunirme con su maravilloso, maravilloso presidente, estoy convencido de que quieren solucionar este problema”.

El resto de su plan de inmigración, coreado con gritos de «USA, USA, USA» por el público de Arizona fue lo más duro que podían escuchar aquellos que tienen como familiar, amigo, vecino o compañero de trabajo a alguno de los 11 millones de inmigrantes en situación irregular en Estados Unidos. Habrá una deportación masiva de todo aquel que entrara en el país ilegalmente o que haya sobrepasado su visado temporal. Todos los cuerpos de seguridad del país, especialmente las policías locales, serán puestos a disposición de esta política migratoria. Ningún inmigrante detenido al cruzar ilegalmente la frontera será puesto en libertad. Permanecerá detenido hasta que sea deportado. Y serán deportados a sus países de origen, donde quiera que estén y los acepten de vuelta o no. Además, los que quieran emigrar a Estados Unidos pasarán por un «examen ideológico» para «asegurar que todos los que entran en nuestro país comparten nuestros valores y aman a nuestra gente».

El candidato republicano no dejó lugar a la interpretación. “Los que quieran tener un estatus legal solo tendrán una vía. Volver a su casa y solicitar la vuelta legal como todo el mundo. Lo harán a través de los cupos que estableceremos. Vamos a romper el ciclo de inmigración ilegal y amnistías”, dijo. “No habrá amnistía. Nuestro mensaje al mundo es este: no puedes tener estatus legal si entras ilegal en nuestro país”. Cualquier esperanza de llegar a salir de las sombras para 11 millones de personas en Estados Unidos está cerrada en una eventual presidencia de Donald Trump. Además, prometió revocar las órdenes ejecutivas de Obama, paralizadas por el Tribunal Supremo, que daban protección de la deportación a los indocumentados que tengan hijos ciudadanos.

Trump recuperó además uno de los pilares de su campaña en los primeros días en los que intentaba hacerse un hueco en los medios. La lucha contra los “ilegales criminales”, un término ofensivo para describir a los inmigrantes que utilizó sin cesar, será una prioridad absoluta de su administración. Aseguró que hay “dos millones de ilegales criminales en las calles”, una cifra que no dijo a qué correspondía. Prometió identificar a inmigrantes indocumentados dentro de las prisiones y dijo que cualquier indocumentado que cometa un delito tendrá una pena de prisión mínima solo por ser indocumentado.

En medio de este discurso, Trump se rodeó una vez más de una serie de familias que han perdido un ser querido a manos de un indocumentado. Y culpó directamente a Barack Obama y a Hillary Clinton de las muertes de esas personas por su “política de fronteras abiertas”.

El discurso más xenófobo, más inmisericorde con una población de inmigrantes indocumentados, la de Estados Unidos, que es del tamaño de un país mediano, la representación más zafia del inmigrante latino (Trump relacionó la dureza antiinmigración con “acabar con las bandas”), la utilización del dolor de víctimas de desgracias, la acusación de que Obama deja tras de sí un país caótico que se cae a pedazos. Todo Trump, la versión más dura del discurso de «América primero» que le hizo seducir a medio partido republicano, es su posición definitiva sobre este asunto a dos meses de las elecciones.

Se exhibió: hasta llamo a amigo a Peña The New York Times

«Fue surreal porque Trump ha pasado la campaña entera pintando a México como una nación de violadores, traficantes de drogas y tramposos en el comercio que debería pagar por un muro de 2 mil millas que Trump iba a construir», dice el editorial publicado en la página 26 de la sección principal este influyente diario neoyorkino.

«Pero en lugar de regañar al señor Trump, el señor Peña Nieto lo trató como (a) un Jefe de Estado en visita en una conferencia de prensa, con podios junto del otro y palabras sensibleras y deferenciales», dice el rotativo hoy.

«Un inusualmente apagado señor Trump llamó al señor Peña Nieto como su amigo y dijo que no habían hablado de la factura por el muro; Peña Nieto luego disputó esto en Twitter diciendo que él había rechazado a pagar», agregó el diario neoyorquino.

«No hubo demasiadas fricciones al momento de las fotos, lo que permitió al nominado republicano probar una voz calmada de adulto, evitando ofender a su base nativista y humillando a México, todo al mismo tiempo», concluyó el diario estadounidense.

De acuerdo con el Times, el discurso contra los indocumentados en Arizona ha logrado calar de forma muy real en Estados Unidos, ganándole la nominación republicana a la Presidencia y no puede simplemente tomársele a la ligera a pesar de que sus propuestas, incluido el muro, suenen huecas.

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