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Universidades en crisis en el siglo XXI

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Rosalinda Cabrera Cruz

La educación media superior y superior en México se encuentra en crisis, pues son cada vez menos los jóvenes que cursan estos grados en el país, aseguró el ex director de Educación Superior Universitaria de la Secretaría de Educación Pública, doctor Salvador Malo Álvarez.

Durante su visita a la capital michoacana, al sustentar como conferencista el tema “Currículo abierto en la educación superior”, durante el XXXI Encuentro Nacional de Investigación Educativa “Respuestas curriculares a los fenómenos contemporáneos de la educación” ofrecido por el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación, el especialista comparó que en países de Europa, el 70 por ciento de jóvenes culmina sus estudios de educación superior, mientras que en México lo hacen sólo 30 de cada cien.


Tomando como referencia datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), el también licenciado en Física por la UNAM y doctor en esa misma disciplina por el Colegio Imperial de la Universidad de Londres, planteó que del 30 por ciento que ingresa a educación superior en el país, sólo 20 por ciento culmina y 10 por ciento deserta.

Malo Álvarez reconoció que la forma de educar en México no favorece al sistema educativo, como tampoco fomenta al pensamiento independiente y al saber hacer, para tener posiciones de pensamiento diferentes a las impuestas, por lo que no impulsa en los jóvenes la actitud emprendedora.

No obstante, el ex funcionario de la llamó a los jóvenes a emprender sus propias ideas para convertirse en los próximos empresarios, pese a adversidades y el rezago educativo y del sistema.

Puso de manifiesto que México tiene el reto de hacer crecer la calidad y la cantidad de su educación superior, “podemos hacerlo y lo estamos haciendo, pues muchas políticas actuales se basan en la educación y en la calidad misma”, aseveró.

En el marco del Encuentro Nacional del IMCED, esta conferencia se desarrolló ante docentes y alumnos que escucharon con atención las disertaciones del experto acerca de las oportunidades que existen para mejorar la educación en el país. “Se está dando un cambio de paradigmas, en cuanto a la forma de enseñanza, a las políticas educativas, la forma en que se investiga, en distintos aspectos que darán un resultado, un cambio en la educación, pero debemos poder hacer este cambio de manera constante y efectivo”, acotó.

Consideró que este cambio es posible si todos nos proponemos hacerlo, pues esto beneficiaría y elevaría la cantidad actual de alumnos en instituciones de educación superior que ronda los 4 millones y medio de jóvenes en el país, lo que refleja que en México 37 por ciento de los jóvenes en edad de estudiar la universidad se encuentra cursando una licenciatura, y esta se reduce drásticamente cuando se habla del posgrado, algo que debe elevarse con la finalidad de competir de mejor manera a nivel internacional.

Malo Álvarez, indicó también que el 66 por ciento de la matricula se encuentra en universidades públicas y el 33 por ciento en universidades del sector privado, asimismo explicó que existen solamente 100 instituciones de educación superior que ofertan licenciaturas, maestrías y doctorados, las cuales concentran a más de 2 millones 300 mil estudiantes.

Cada vez menos jóvenes en las universidades


En general, los países que pertenecen a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, dentro de la cual también está México, tienen una cobertura del 70 por ciento en la educación superior, se dijo en la conferencia, y en México existen más de tres mil instituciones de educación superior; el 80 por ciento de los egresados sólo tenían contemplada la licenciatura, y únicamente entre el siete y el ocho por ciento buscan un posgrado

Se destacó que la educación superior del país ha ido creciendo paulatinamente del año 2000 al 2018; en el 2000 se tenían alrededor de un millón de estudiantes, cuando en el 2018 fueron contabilizados aproximadamente cuatro millones y medio. Recordó que en la década de los 60, sólo había en México 70 mil estudiantes cursando ese grado académico: “Eran pocos los que estábamos en ese nivel, no nos dábamos cuenta el privilegio que era estar en educación superior”, explicó. En ese momento menos del dos por ciento de los jóvenes estaban cursando la universidad.

Hoy en día la situación ha cambiado simplemente por el hecho de la inercia del crecimiento de población: cerca del 40 por ciento de los jóvenes de México están cursando una carrera universitaria. Es decir, de 1970 al 2018 se pasó de 70 mil a cuatro millones y medio de jóvenes que están en la media superior. Aunque la cifra parece deslumbrante, el conferencista reconoció que en el entorno internacional México está por debajo de la cobertura que se debería de tener.

En general, los países que pertenecen a la OCDE tienen una cobertura del 70 por ciento en la educación superior. Si bien ya se ha ganado terreno en ese sector, todavía falta mucho camino por recorrer, admitió. 

Otro tema que se tocó en la ponencia fue la composición de la educación superior del país. Salvador Malo detalló que son más de tres mil 700 universidades e instituciones que conforman la educación superior en México. No obstante, pese a que el sistema es relativamente grande, realmente sólo se contempla como uno de licenciatura: “¿Qué quiero decir con eso? Quiero decir que el 80 por ciento de todos los estudiantes que salen de la educación superior, son estudiantes que están buscando una licenciatura” y solamente entre el siete y el ocho por ciento buscan posgrado.

Afirmó que México es un país esencialmente de licenciatura, lo cual implica un rezago en las matrículas de posgrados en comparación con otros países, lo que se traduce a que no hay interés por una preparación posterior a la licenciatura.

Subrayó que el país sigue concentrado fundamentalmente en estudios con la administración y el derecho; casi el 44 por ciento de los estudiantes de licenciatura están estudiando esas ramas. Luego vienen las carreras de ingenierías y construcción que representan un 25 por ciento de los jóvenes, dejando así en el tercer sector de importancia al sector salud. Las ramas más débiles son la agronomía, ciencias naturales, servicios, y hasta la propia pedagogía. 

Tanto en Michoacán como en la República Mexicana, se necesita reforzar el interés de la población por estudios más avanzados, así como proponer sistemas y esquemas de educación que permitan su accesibilidad y eficiencia. De no poder llegar a ello, se seguirá estando creciendo como se ha venido haciendo, pero dentro del margen del rezago en comparación con otros países.

O cambian o mueren

Las universidades deben cambiar, renovarse y modificar sus programas de enseñanza o de lo contrario se vuelven inoperantes frente a la globalización que se registra en el mundo, advirtió Malo Álvarez. En el marco de su conferencia, frente a más de mil 600 asistentes, dijo que “ante la necesidad de no quedarse atrás en materia educativa, las instituciones de educación, ya sean públicas o privadas, están obligadas a cambiar sus sistemas de enseñanza ya que de lo contrario se vuelven inoperantes”, insistió.

Informó que en el mundo, el mayor porcentaje del alumnado dentro del sistema de educación superior se está registrando en universidades privadas, lo cual habla del interés de los responsables de familia por invertir recursos en el estudio de sus hijos. Precisó además que lo anterior se debe a que la era de la digitalización ha obligado a las instituciones de educación a transformarse y a modernizarse, pero no sólo en esta área, sino también en sus programas de enseñanza y aprendizaje a fin de que egresen profesionistas de éxito.

Explicó que la tendencia en el sistema educativo es contar con licenciaturas flexibles, desarrollo de competencias e involucrar a docentes como estudiantes en el uso de las tecnologías.

Llamó a construir espacios de reflexión e invitar a más universidades a participar con las autoridades educativas de los estados, así como trabajar en temas pertinentes sin imponer un solo camino, así como devolver a la sociedad los resultados de los trabajos de las universidades y avanzar a partir de sus logros.

Asimismo, exhortó a impulsar el desarrollo de las competencias y el razonamiento crítico, asegurar el uso intenso de las tecnologías digitales, fortalecer la investigación orientada a problemas nacionales y la innovación educativa en contextos reales, y consolidar los posgrados.

De igual manera, Salvador Malo invitó a los académicos presentes a identificar los principales cambios y tendencias que se han llevado a cabo en las instituciones de educación superior del país, valorar la perspectiva de las universidades mexicanas, así como fortalecer la construcción del Espacio Común de Educación Superior (ECOES) y contribuir a la agenda de colaboración interinstitucional de la educación superior en México.

Deficiencias desde la prepa

Por otra parte, alrededor de un 15 por ciento de la deserción en preparatorias y universidades tiene que ver con las deficiencias del actual modelo educativo, consideró el ex director general de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública.

Citó que las causas más comunes que llevan a los alumnos a dejar su formación académica son la pobreza, el embarazo temprano y el consumo de drogas, a lo que también se suma la falta de interés hacia los estudios: “Van y se sientan, pero en el fondo no están haciendo nada porque no les atrae y no escuchan al maestro porque están pensando en otras cosas, ya que es la edad en la que todos estamos despertando a la vida, estamos pensando en el novio, la novia, el dinero”.

Anotó que el mayor porcentaje de abandono de estudios se concentra en el tercer año de preparatoria y el primer año de universidad, y en general es más alta en las universidades que en los institutos tecnológicos.

“Los jóvenes de ahora, en general, no aguantan un rollo de más de diez minutos, a los quince se paran y se van, y eso es una razón por la cual hay deserción en la preparatoria y en la universidad; por otro lado, no hay deserción en la primaria porque los niños hacen lo que les dicen los papás, pero cuando ya llegan a los 16, 17 o 18 años, a lo mejor siguen yendo nada más por cumplir pero ya no les interesa”, refirió.

Para Malo Álvarez, el problema reside en que el sistema educativo mexicano no ha sabido inyectar pasión en los jóvenes; este fenómeno, dijo, se ha convertido en una de las prioridades del Modelo Educativo presentado por la SEP en 2018: lo que se buscaba era la manera de enseñar de una manera que atraiga a los estudiantes (…); que estén contentos, satisfechos, cuando un joven se prende en algo se pasa la noche estudiando o haciendo, si ese algo le emociona”.

Consideró que una de las características de la universidad en el siglo XXI, es la recomposición de su papel actual en la sociedad y ésta será más promisoria si se produce como parte de la comprensión, del análisis, y de las propuestas y consensos académicos, sobre su rol y objetivos en el actual mundo globalizado.

La educación, una mercancía más

Uno de los desafíos mundiales que se presentan para la educación superior en este siglo, es el hecho de su comercialización, proceso por el cual se le considera cada vez más un producto que se puede comprar y vender, como cualquier otra mercancía. Hoy en día, la Organización Mundial del Comercio (OMC) está cavilando una serie de licitaciones para incluir la educación superior como uno de sus rubros, asegurándose de que la importación y la exportación de ésta, se conforme a las complejas reglas y a los acuerdos legales de protocolo de la OMC.

En los países en vías de desarrollo, una vez que las universidades se integraran a un mercado académico internacional regulado por la OMC, y sujetas a una falta de capacidad de los gobiernos de brindar una formación universitaria, serían abatidas por instituciones y programas trasnacionales inmersos en las leyes del mercado global, dirigidos a la ganancia económica como beneficio, pero no a contribuir al desarrollo nacional.

Este contexto tendría un impacto negativo en países como México, donde se necesita de instituciones académicas que contribuyan al desarrollo del país, que produzcan investigación relevante a las necesidades locales, y que participen en la consolidación de la sociedad civil.

Para afrontar estos retos, la educación superior necesita considerar la aplicación de nuevos (o viejos) conceptos asignados a la universidad, como es el de la formación de ciudadanos.

En México resulta difícil imaginar una universidad vinculada, en forma directa, a los procesos políticos y económicos del país, es decir, ligada claramente a los proyectos alternativos de carácter social, económico y político de una sociedad civil activa.

Una sociedad civil robusta necesita de ciudadanos, no sólo de productores y consumidores de bienes. Sin aquéllos, no puede profundizarse la democracia, y una sociedad sin verdaderos ciudadanos, es más vulnerable.

La educación es uno de los mejores instrumentos con los que se cuenta para producir cambios en la sociedad, reales y con proyección en el tiempo, y es posible habilitando a nuevas generaciones de ciudadanos en otros valores y perspectivas de la realidad.

Las instituciones de formación universitaria, deben convertirse en verdaderos centros de producción del saber para el desarrollo de la sociedad. Esto implica una serie de cambios en su organización y métodos de trabajo, de manera que actúen como instituciones forjadoras de una ciudadanía activa, consciente, solidaria y responsable por su entorno; formadoras de profesionales, de investigadores y de técnicos dotados de una cultura científica y humanística, capaces de seguirse formando por sí mismos, y de utilizar sus conocimientos en proyectos transformadores.

Por su parte, las TIC poseen el potencial para que las universidades transiten hacia centros del saber, en la medida que se transformen en instrumentos para la innovación enmarcada en valores y creencias; haciendo de la educación superior un mecanismo de humanización (no un artículo de consumo dentro de la economía globalizada), al contribuir a la democratización del conocimiento y la generación de una sociedad más incluyente, concluyó el conferencista.