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AMLO; ARRANCAR DE RAÍZ SU PROPIA CORRUPCIÓN

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Por Martha Elba Torres Martínez

¿Qué es ser radical? López Obrador dio la definición más simple: una persona que va a la raíz de los diversos fenómenos sean políticos, sociales o económicos y, en consecuencia es una amenaza para el sistema hegemónico de dominación y de algunos poderes fácticos, de acuerdo con Montoya (2010).

Evidentemente toda una conceptualización fundada en el marxismo del siglo XIX y retomada por el Che Guevara en el siglo XX con la revolución mundial, que terminaron como materia de estudio ante los nuevos contextos que impusieron la globalización, las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) y su impacto en las estructuras sociales y culturales y los derechos humanos.

Pues este lunes, el Presidente en su mañanera retomó el concepto para debatir la postura democrática del senador Ricardo Monreal frente a la sucesión adelantada:

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“Somos radicales nosotros. La palabra radical viene de raíz y nosotros queremos arrancar de raíz al régimen corrupto, de injusticias y privilegios; claro que somos radicales, pues así son todos los gobiernos y los movimientos que realmente, que sinceramente, auténticamente, buscan la transformación. No llegamos aquí para simular; no somos más de lo mismo”.

Otra aproximación al concepto la ofrece Alonso Pascual (2013) en su revisión a las ideologías radicales y no democráticas como potenciadoras de riesgos. El extremismo y fundamentalismo. Al Qaeda llama a la unión de los musulmanes para establecer un nuevo orden mundial, por medio de la eliminación de la opinión y la vida; el Estado Islámico que busca unir a todos los países mayoritariamente islámicos en un solo Estado mediante un califato, es decir, un líder político y religioso que personifica el Estado.

Evidentemente hay más rasgos coincidentes del radicalismo de López Obrador con este modelo, que con la aseveración simplista de “arrancar de raíz al régimen corrupto” reducido exclusivamente a los adversarios políticos. No arranca de raíz la corrupción con el crimen organizado y la narcopolítica; no arranca de raíz la ineficiencia de sus funcionarios de salud que tienen a la nación enferma de Covid y sálvese quien pueda. Entre esos rasgos podemos advertir que:

-Su movimiento -Morena- vino a reemplazar a ese régimen corrupto al conformarse con ex comunistas, priístas, panistas y perredistas y sus largas y conocidas historias de indecencias.

-Se erige como el adalid de un nuevo orden mundial, de acuerdo a sus participaciones en foros internacionales como el Consejo de Seguridad de la ONU y en el G20. La fuga de capitales extranjeros por 1.6 billones de pesos el año pasado y la reventa de deuda de México por 254 mil mdp en el mismo periodo, así como la venta de Banamex por parte de Citigroup, es apenas un giño de ojo de ese orden que pretende desplazar.

-Su radicalismo discrimina la oposición y la crítica.

Aun es complejo entender su idea de democracia porque cambió en estos tres años: la reconoce como auténtica hasta que llega al poder en 2018. Estableció en su Proyecto Alternativo de Nación “nunca más una imposición” e impone candidatos en las gubernaturas y a Claudia Sheinbaum  para la sucesión; “dejará de usarse el dinero del erario para comprar votos y lealtades” y ¿qué son los programas sociales y los siervos de la nación?; la propaganda gubernamental en medios de información no será tendenciosa ni demagógica, ¿y las mañanas?; “se acabarán las trampas y el fraude: las autoridades electorales tendrán absoluta independencia para proceder con estricto apego a la Constitución y a las leyes” y ¿las narcoelecciones? ¿la intentona para desmantelar el INE y organismos como el INAI? Ni siquiera el sistema político transformó al reestablece el poder hegemónico de partido único en su versión recargada 4T al servicio del Presidente.

Voy a todo esto, por la valentía del senador Ricardo Monreal de proponer democracia interna en su partido y construir una tercera vía frente a radicalismos en un país tan fracturado social y políticamente.

Hoy incluso, partidos como el PRI y PRD han mirado hacia la socialdemocracia europea donde caben todos, la clase trabajadora urbana, los campesinos, los intelectuales y académicos, ecologistas y feministas, la diversidad, al margen de falaces posturas de “primero los pobres”; porque sí, la socialdemocracia tiene como principio romper las desigualdades, pero bajo mecanismos de progresión y no de clientelismo.

López Obrador la regó al adelantar la sucesión presidencial pero nunca acepta sus errores porque no se equivoca. “No adelantarla -dijo- sería el Porfiriato, los tapados, las decisiones de élite. No, el pueblo va a decidir, nada más que se tiene la idea de que el pueblo no sabe, que la política solo es asunto de los políticos, pues no, el pueblo sabe más que nosotros, que los dirigentes”.

Que no manche. Tan distante está del pensamiento social, que no sabe que si el pueblo no habla de la revocación, mucho menos de quién será el candidato o candidata en 2024; los temas de conversación están en el Covid, la falta de medicamentos, los precios, la violencia. ¿Quién pitos se pone a pensar en eso, que no sea el Presidente?

Todos, dentro y fuera de Morena, no creen en las encuestas para la designación de candidatos porque lo que gana es la marca. El propio AMLO tampoco. Tan es así, que a pesar de que todos los encuestólogos le otorgan una aprobación cercana a 70 por ciento, esta decidido a medirse con la consulta de revocación en abril.

A Monreal Ávila lo tunden en su partido por su arrojo para llamar a la reflexión sobre el establishment que engendró el morenismo estos años y retomar los principios democráticos originarios. Que quiere ser precandidato en un juego interno democrático, limpio y confiable, no es pecado. En todo caso, un radical que pretende arrancar de raíz la corrupción, sumisión e intolerancia que predomina en el guinda.

Y curioso, John Ackerman en su columna del lunes 10, en La Jornada. Acusa al senador zacatecano de ser “profundamente desleal al proyecto político del Presidente de la República” por promover el debate interno y analítico, y por el otro llama a la primera Convención Nacional Morenista como el espacio “de confluencia plural a favor de la construcción del partido que merece el pueblo de México y requiere la Cuarta Transformación”.

Más allá de quien sea el o la candidata en 2024 -dice-, “sin un partido-movimiento fuerte, firmemente arraigado en las bases y con una sólida estructura interna, será difícil profundizar y consolidar los logros de la 4T durante el próximo sexenio”.

Monreal no es desleal al proyecto por voltear a la socialdemocracia nórdica, porque hacia allá vio precisamente López Obrador cuando prometió hace tres años, un sistema de salud como el de Dinamarca…

Alonso Pascual, Rogelio (2013) “Ideologías radicales y no democráticas como potenciadores de riesgo para la seguridad nacional”. Disponible: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Dialnet-IdeologiasRadicalesYNoDemocraticasComoPotenciadore-4173184.pdf

Montoya, Alirio (2010) “Qué significa ser radical?”. Aporrea, Venezuela. Disponible: https://www.aporrea.org/internacionales/a105977.html

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