Inicio Columnas 2028: LA SUCESIÓN EN HIDALGO YA CAMBIÓ DE MANOS

2028: LA SUCESIÓN EN HIDALGO YA CAMBIÓ DE MANOS

632
0

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 40 segundos

Por Víctor González Herrero / @VicGlezHerrero

Hay silencios que dicen más que cualquier discurso. Y en política, esos silencios suelen marcar el inicio de algo mucho más grande.

En Hidalgo, el 2028 dejó de ser una fecha lejana. Empezó ya. Y lo hizo con un movimiento que, aunque muchos quisieron minimizar, en realidad reconfigura por completo el tablero: la decisión de Natividad Castrejón Valdez de no participar en la contienda por la sucesión de Julio Menchaca Salazar.

No es un dato menor. Al contrario.

Durante meses —quizá más— su nombre fue el que más sonaba dentro de diversos círculos. Perfil técnico, muy cercano al proyecto, con presencia institucional y, sobre todo, con la ventaja de no generar resistencias fuertes. Era, para muchos, una carta más que lógica. Una candidatura que podía construirse sin sobresaltos. Pero en política, lo lógico rara vez es lo que termina ocurriendo.

Su autoexclusión —dicha con claridad y sin titubeos— no solo lo saca de la ecuación. Abre una nueva etapa. Y deja ver algo que ya venía cocinándose desde hace tiempo: el 2028 en Hidalgo tiene rostro de mujer. No es casualidad. Tampoco es improvisación.

La ruta está marcada por dos factores que pesan más de lo que parece. El primero: la dinámica interna del Movimiento Regeneración Nacional, donde la paridad dejó de ser discurso para convertirse en regla política real. Y el segundo: la propia reforma electoral estatal, que hasta ahora, establece que quien llegue al gobierno de Hidalgo en 2028 lo hará por un periodo de apenas dos años. Ese dato cambia todo.

Porque no se trata de una gubernatura convencional. Es una administración de transición. Un puente político que, bien leído, puede ser mucho más estratégico que sexenios completos. Ahí es donde las decisiones dejan de ser obvias y se vuelven quirúrgicas.

En ese contexto, la ecuación se redefine: una candidatura femenina no solo cumple con los criterios de paridad que hoy son ineludibles dentro de Morena, sino que además permite ajustar piezas hacia el 2030, donde sí estará en juego el proyecto de mayor duración.

Así se empieza a acomodar el tablero. Y mientras algunos apenas comienzan a entenderlo, “otras” ya llevan ventaja.

Porque sí, hoy por hoy, ya se perfilan al menos un par de mujeres con mucha claridad. Dos figuras que, desde distintas trincheras, han venido construyendo presencia, estructura y narrativa. No es casual que sus nombres comiencen a repetirse en conversaciones, en columnas, en cafés políticos. No es casual… ni es temprano.

Lo interesante no es solo quiénes son, sino cómo han llegado hasta aquí. Sin estridencias, sin confrontaciones abiertas, pero con movimientos firmes. Entendiendo algo que en política vale oro: el momento.

Porque si algo deja claro la salida de Castrejón es que este proceso no será de fuerza bruta. No ganará quien más ruido haga, sino quien mejor lea el contexto. Y el contexto hoy es muy específico.

Un gobernador en funciones que mantiene control político total y tiempos claros. Un partido que no puede darse el lujo de fracturas internas. Y una elección atípica, corta, pero cargada de simbolismo. Ahí es donde la narrativa importa.

Quien aspire no solo tendrá que demostrar capacidad de gobierno, sino también enviar señales de estabilidad, continuidad y, al mismo tiempo, renovación. No es sencillo. Es un equilibrio fino. De esos que no se improvisan en campaña, se construyen mucho antes.

Por eso lo que estamos viendo ahora no es una carrera abierta… es una depuración anticipada.

Y en ese proceso, los hombres comienzan a hacerse a un lado —voluntaria o estratégicamente— para dejar espacio a una definición que, todo indica, ya tiene dirección.

Falta tiempo, sí. Pero no tanto como parece. Porque en política, cuando las piezas empiezan a moverse tan temprano, es porque alguien ya vio el final del tablero.

La gran pregunta no es si será mujer. Eso, en los hechos, parece cada vez más claro. La verdadera pregunta es ¿Quién será?.

Cuál de las 2 que hoy avanzan logrará consolidar no solo el respaldo interno, sino algo más complejo: legitimidad social, lectura política y capacidad de convertirse en el puente que Hidalgo necesitará en esa transición. ¿Viene del Senado o del Poder Judicial?

Porque no nos equivoquemos. Aunque el periodo sea corto, la decisión será profunda. No solo definirá quién gobierna dos años. Definirá quién construye el siguiente proyecto de largo aliento. Quién administra la estabilidad. Y quién tendrá en sus manos la oportunidad de marcar el rumbo hacia la siguiente década.

Así de grande es lo que está en juego. Por eso, lo de Naty no fue una simple declaración. Fue una señal pactada y acordada.

Y como toda buena señal en política, quien la entienda… llegará con ventaja.

Al tiempo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí