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LA MOTOCICLETA: DE SÍMBOLO DE LIBERTAD Y REBELDÍA A UN PROBLEMA GRAVE DE CONVIVENCIA CIUDADANA, CRIMEN Y MOVILIDAD

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Foto especial

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EDUARDO GARCÍA GARCÍA

“Get your motor runnin’

Head out on the highway

Looking for adventure

In whatever comes our way

“Yeah, darlin’

Gonna make it happen

Take the world in a love embrace

Fire all of your guns at once

And explode into space…”

                                                              Born To Be Wild, de Steppenwolf

Lejos, muy lejos quedaron los días en que al escuchar la legendaria Born to Be Wild, interpretada por Steppenwolf, mientras veía el inicio de Easy Rider (1969), que en México se conoció como Buscando mi destino, en medio de la gritería saltábamos de emoción en el cine.

Por supuesto no la vi en su momento, pero sí varios años después en una de aquellas maravillosas matinés que ofrecían los viejos cines de los que llamábamos “piojito”, que eran toda una experiencia vital.

El punto es que los asistentes nos emocionábamos al grado de la locura, mientras veíamos en la pantalla a Peter Fonda y Dennis Hopper, viajando en sus motocicletas Chopper Harley Davidson en la carretera, estableciendo inmediatamente el tono de libertad y aventura de la película.

Desde ese momento, no solo la icónica cinta, sino también la melodía, se consolidaron como los himnos de los motociclistas de aquella época, ahora pomposamente llamados Bikers.

Aún hoy, cuando escucho el poderoso riff de guitarra de Michael Monarch, combinado con la estruendosa voz de John Kay y el maravilloso sonido de su guitarra de acompañamiento, mi corazón brinca de emoción.

Lo frustrante de aquellos días, los años 80, era que por mucho que lo deseara no era tan fácil, como lo es relativamente ahora, tener acceso a una motocicleta.

Recuerdo bien que un amigo de mi padre, con cierta capacidad económica, tenía una moto de la nostálgica marca nacional Islo, que en ese tiempo dominaba el mercado.

Y si no me falla la memoria se trataba de una Bultaco Streaker, el modelo deportivo de la Islo, que era el sueño de la juventud ochentera.

En ese modelo, el amigo de mi padre me dio varias vueltas cuando nos visitaba. Era una mezcla de miedo y libertad las que sentía. 

No solo eso, en alguna ocasión me enseñó las reglas básicas y me dejó conducirla. Adrenalina pura.

Pero con el tiempo se deshizo de la Bultaco Streaker para adquirir un auto. Y el sueño terminó, al menos para mí.

Excepto cuando en ocasiones pude ir a la Marquesa y rentar una de esas mini motos que ofrecían para que uno disfrutara del paraíso natural mientras vivía la experiencia de conducir una moto. Ahí me daba vuelo.

Aunque con el tiempo me olvidé de las motos y me enfoqué en adquirir mi primer auto, por esa época entendí que la motocicleta no solo era un medio de transporte, sino una manera de entender la vida: rápida, libre y llena de emociones.

La sensación de libertad que sentí cuando tuve la oportunidad de conducir una moto por primera vez fue indescriptible. Era como volar sin alas. Y en ese sentido entiendo a la juventud de ahora.

Sin embargo, a la vez que vivía en carne propia esos sentimientos, también le tenía a la máquina mucho respeto, pues se requieren características muy especiales para montar una de ellas.

“Cuando ando en motocicleta, me alegro de estar vivo.

Cuando dejo de andar en moto, me alegro de estar vivo”

                 Neil Peart, baterista y letrista de la banda Rush, fallecido en 2020.

En ese sentido, cuando pensamos en motos, es fácil que se nos venga a la mente la imagen clásica del joven rebelde sin causa, aquel que buscaba romper reglas y dejar el estruendoso ruido de su escape como huella.

No obstante, estas maravillosas y potentes máquinas han recorrido un camino más largo y complejo de lo que pudiéramos imaginar.

Pasaron de ser consideradas tan solo juguetes de inconformes a convertirse en vehículos de identidad, estilo de vida y, para muchos, en la máxima expresión de libertad sobre ruedas.

En sus primeros años, la motocicleta no tenía glamour ni rebeldía. Era simplemente una opción económica para moverse, pues era más barata que un automóvil y mucho más práctica para cruzar las calles de las ciudades en pleno crecimiento.

Para una gran cantidad de trabajadores asalariados fue la solución ideal: llegar a laborar sin gastar demasiado y sin depender del transporte público, siempre insuficiente.

Todo cambió en la mitad del siglo XX, cuando las motocicletas, al igual que el insipiente Rock’n’roll, comenzaron a asociarse con la juventud inconforme.

Películas como The Wild One (1953), El salvaje, con Marlon Brando las mostraron como símbolo de rebeldía y desobediencia juveniles.

A partir de ese momento ser motero se convirtió en una declaración: “soy diferente”.

Y no se diga cuando apareció la exitosa y violenta Born losers (1967), que aquí se le conoció como Nacidos para perder, cuyo tema instrumental (Billy Jack’s Theme) de inmediato se popularizó por su enorme carga emotiva. En ella se revive parte del negativo actuar de grupos criminales en dos ruedas como los infames Hell’s Angels (Ángeles del infierno).

El caso es que marcas como Harley-Davidson, Triumph, Ducati y Yamaha, entre otras, hicieron historia. Las hermosas Harley se adueñaron del terreno del poder y la carretera infinita, mientras Ducati puso el ADN de la velocidad europea sobre dos ruedas.  

Yamaha y Honda, por su parte, popularizaron la moto accesible y confiable, creando generaciones de bikers en todo el mundo.

Si en ese tiempo unían a grupos cerrados como los clubes de moteros, hoy esa conexión se ha expandido enormemente.

Y no importa si tienes una 125 pequeña o una Touring de gran cilindrada, o incluso las motonetas urbanas de baja cilindrada, de bajo consumo y muy populares como la Italika 125Z, la experiencia de viajar sobre dos ruedas crea un lazo inmediato entre desconocidos.

El punto es que ahora existen concentraciones internacionales, viajes en grupo (incluidas las nefastas rodadas del terror que se organizan ilegalmente en la Ciudad de México) y hasta comunidades digitales donde se comparten rutas, anécdotas y consejos.

Pese a todo, en pleno 2026, la moto sigue siendo mucho más que un medio para ir de un lugar a otro. Para algunos, adrenalina pura, para otros, desconexión.

Conducir una máquina es la oportunidad de sentir el viento, de vivir la verdadera libertad que no está en llegar rápido, sino en disfrutar de la aventura del viaje.

La historia de la motocicleta demuestra que no hablamos solo de un vehículo, sino de una cultura.

Para aquellos que viven el motociclismo como una filosofía de vida, la conexión y el respeto entre el biker y su máquina es algo sagrado.

Y al igual que los fans de los autos, más que un simple vehículo, la moto es una extensión del propio cuerpo y la mente del piloto, una compañera de viaje confiable y leal en todas las aventuras.

Por ello, el cuidado y mantenimiento de la máquina se convierten en un ritual sacro, en una expresión de respeto y gratitud hacia a ella que hace posible la libertad y la aventura. 

Y no se diga el placer al montarlas. Cómo olvidar a Steve McQueen intentando escapar en una moto Triumph TT 650 especial modificada en la película El gran escape (1963). Sin duda la escena motera más famosa de la historia del cine. No importa cuántas veces la hayamos visto. En mi caso me sigue impactando luego de 63 años de su rodaje.

¿O qué decir de las icónicas escenas donde Pedro Infante conduce una Harley Davidson Panhead modelo 55-FLE-520 en la película A toda máquina (1951), de Ismael Rodríguez? Una joya en dos ruedas.

Hay tantas…

¿QUIERES SENTIR ALGO EMOCIONANTE ENTRE LAS PIERNAS?… SÚBETE A UNA MOTO

Pero en la carrera de la movilidad, las motocicletas ya están acortando distancia con los automóviles, pues en la última década casi se cuadruplicaron las unidades en circulación colocando a México como el tercer mercado más importante en Latinoamérica para este tipo de transporte, solo por detrás de Brasil y Colombia.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía e Informática (INEGI) hace diez años había alrededor de 2.3 millones de motos en circulación, para el cierre de 2024 ya sumaban casi ¡nueve millones!

Y la tendencia le siguió en 2025, pues datos de la Asociación Mexicana de Fabricantes e Importadores de Motocicletas (AMFIM) muestran que de enero a junio se comercializaron en el país 928 mil 324 motos, 30 por ciento más a los 709 mil 344 autos colocados en ese lapso, de acuerdo con el último reporte del INEGI sobre el mercado interno.

¿La razón?

Además del ahorro, rapidez y trabajo, el gasto en combustible que es entre 60 y 75 por ciento menor que el de un auto y ahorran entre 10 y 30 minutos diarios en el cada vez más caótico tráfico urbano.

El fenómeno, como todos sabemos, comenzó en 2022, cuando la pandemia dejó a las agencias de autos sin inventario, con listas de espera de hasta ocho meses. Entonces, la gente que necesitaba transporte, encontró en la moto la solución rápida y económica.

Tanto así que los datos demuestran que antes de la pandemia se vendían en promedio 500 mil unidades anuales, pero a partir de ese año la cifra ascendió a un millón, mientras que a los autos les costó trabajo recuperar los niveles de venta que tenían antes de la contingencia sanitaria.

¿DE DÓNDE VIENEN?

Gran parte de las motocicletas que circulan en México proviene del extranjero, incluso vienen en piezas para ser ensambladas en el país, siendo China el principal proveedor.

De acuerdo con el Banco de México, en 2024 ingresaron 240 mil 96 motos, 36 por ciento más que lo reportado un año antes; en segundo lugar está India con 55 mil 735, muy superior a las cuatro mil que ingresaron en 2023.

China domina el mercado con motos de baja cilindrada y bajo costo, algunas de ellas son las conocidas Dinamo, Tank, Carabela y Lifan. Antes, Italika entraba en esta categoría, pero desde 2008 tiene su propia planta ensambladora en Toluca, así que ya produce localmente, aunque usa varias piezas chinas, mientras que India también ofrece modelos económicos.

Por otro lado, Alemania y los Estados Unidos envían principalmente motos de lujo con precios más altos, pero que representan solo una pequeña fracción de las importaciones.

En Alemania BMW y Sach son las principales marcas, mientras que, en la Unión Americana, Harley Davidson domina el mercado y en Italia, Ducati y Aprilia, entre otras.

Las motocicletas también resultan ser una herramienta poderosa de trabajo para los repartidores en algunas plataformas como Didi y Uber, entre otras, pues al menos hace un par de años no existía como tal.

Didi tiene actualmente más de 8 mil conductores. Este servicio se convirtió en una oportunidad de autoempleo, permitiendo a personas moverse rápido, conectar periferias y generar ingresos.

Por ello, las plataformas se vieron en la necesidad de implementar estándares de seguridad como el uso obligatorio de casco para el conductor y pasajero, mientras estén en servicio, registro completo de información y seguimiento por identificación facial.

Aunque mantienen sus reglas internas, las empresas a regañadientes han colaborado con el gobierno para definir una regulación de estos trabajadores de manera ordenada, buscando equilibrio entre seguridad y crecimiento del servicio.

El reconocimiento de esta relación laboral ha traído consigo derechos como seguridad social, ya que las empresas deben registrar a los repartidores y conductores ante el IMSS y realizar aportaciones al INFONAVIT.

Según el Servicio de Administración Tributaria (SAT), alrededor de 658 mil personas trabajan en plataformas digitales en México. De esa cifra, 272 mil personas logran ingresos equivalentes o superiores a un salario mínimo.

Y si bien no todos los trabajadores de este tipo están de acuerdo, pues al tener que aportar parte de sus ganancias a su seguridad social, dejan de ganar más en efectivo, parece que el régimen ay va.

“¿Caerme? ¡Yo me bajo de la moto como me da la gana!”

                                                      Anónimo

Hasta aquí todo bien. Bueno, es un decir.

El hecho es que ante el ya de por sí desmesurado y caótico crecimiento de motocicletas en circulación, están surgiendo otro tipo de fenómenos muy graves.

Hace unos días fui testigo de cómo una adulta mayor fue disparada por los aires por una motoneta eléctrica, la cual era conducida por una mujer de mediana edad que iba en compañía de una pequeña sin ninguna medida de protección. Nos acercamos a ella. Y ahí, tirada en la acera le dijimos que no se moviera hasta que llegara una ambulancia.

¿Un hecho aislado? ¡Para nada!

Hoy en día, en las horas más concurridas, los peatones, ciclistas y automovilistas compiten por el espacio con bicicletas, motos, patines eléctricos, monopatines, motonetas eléctricas y bicitaxis.

Es decir, no solo las motocicletas andan literalmente sueltas por todas las calles de la Ciudad de México, sino toda una serie de aparatejos conducidos por personajes irresponsables.

Somos testigos de un problema desconcertante: demasiada gente moviéndose a velocidades diferentes en demasiadas direcciones.

Me imagino que este fenómeno lo padecen otras ciudades de nuestro México, pero ésta, la más poblada, transitada y caótica, es el ejemplo perfecto de lo que ocurre.

Cada vez que hago uso de un taxi veo cómo el chofer tiene que irse cuidando de los moteros, pues además de que tiene que cuidarse de ellos en los altos, que normalmente no respetan, no las pierden de vista en sus espejos retrovisores ya que vienen zigzagueando temerariamente en medio del caos vial.

Son una plaga y un peligro andando: se pasan altos, invaden carriles, circulan en sentido contrario y embisten a todo aquel que osa atravesarse en su camino (sean peatones, ciclistas y autos). ¡Una locura!

Urge un reordenamiento, aunque como ha sucedido con los vagoneros, viene vienes y el comercio callejero, es una utopía.

Pues se trata de un fenómeno ocasionado por la corrupción política y la impunidad, que ha llevado a la descomposición social a niveles nunca antes imaginados.

Un fenómeno tan común, que, por desgracia, ya lo hemos normalizado. Claro, hay quienes me dicen que la solución no puede quedar en utopía, algo que le encanta a Clara Brugada, jefa de gobierno capitalina, pues son muchos los accidentes, pérdidas de vidas y broncas ciudadanas que ocasionan todos los días.

Y es común que, aunque muchos moteros son quienes ocasionan los accidentes, muchos de ellos, además de no contar con equipo mínimo de seguridad, no tienen seguro para cubrir los daños de lo que destruyen. Pero la autoridad no les exige nada ni les aplica sanción alguna si no lo tienen.

Y claro, bastantes de ellos evaden su responsabilidad y hasta quieren indemnización pese a que salieron volando por su imprudencia.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México (SEMOVI), entre enero y septiembre de 2025 ocurrieron 155 muertes de moteros, lo cual representó el 47. 5 por ciento de las víctimas fatales por hechos viales en ese periodo. Esta cifra superó por 38 por ciento los niveles registrados en 2019, primer año con reportes trimestrales.

Durante este lapso, los moteros encabezaron también las muertes por derrape, con 24 por ciento del total, mientras que los choques representaron 49 por ciento de los casos. Y según la SEMOVI, la mayoría de las víctimas fueron varones de entre 18 y 45 años, en especial los fines de semana.

Es decir, se ha registrado un incremento sostenido de la mortandad asociada a este tipo de transporte.

Pero hay más datos. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), uno de los factores es la falta de capacitación formal, ya que solo el nueve por ciento de los moteros cuenta con licencia oficial y entrenamiento adecuado.

Y no solo eso, también señala que la conducción sin formación se asocia con prácticas como el exceso de velocidad, maniobras riesgosas, el no uso de equipo de seguridad (casco certificado, ropa, guantes, rodilleras, etcétera), rebase de carriles, embriaguez alcohólica, agresión a otros vehículos e invasión de espacios que no les corresponden.

Yo le agregaría falta de educación vial y cívica. Si a eso le sumamos juventud e irresponsabilidad, todo listo para joder al prójimo.

Con estos datos, yo me pregunto cómo es posible que los padres sigan permitiendo que sus hijos, incluso los menores de edad, anden en las calles conduciendo motos de manera tan irresponsable e imprudente.

Pero ¡Ay! Común es ver a madres y padres “pilotear” motonetas eléctricas en compañía de hijos menores, sin ningún tipo de protección y violando, al igual que los moteros y cicleteros, el reglamento básico de tránsito. 

Terrible.

Y no solo eso, la AMTM señala que muchas de las muertes son de repartidores que cumplen con horarios y número de entregas excesivas, lo que los mantiene largos periodos sin descanso. Según la asociación, esto deriva en aceleraciones indebidas y a no respetar el reglamento de tránsito, que inciden directamente en la ocurrencia de accidentes viales.

Si a ello sumamos una deficiente o, en la mayoría de los casos, carente cultura vial y cívica entre moteros y de éstos con la sociedad en general, reflejada en el incumplimiento del reglamento de tránsito, como el respeto a semáforos, banquetas, autoridades, pasos peatonales, peatones y automovilistas, todo se complica.

Ello sin contar con las funestas rodadas ilegales que eventualmente organizan contingentes de moteros de todas las edades que agreden a la sociedad y a sus vialidades cometiendo infracciones de tránsito, circulan sin protección, sin placas, valiéndoles madre todo y todos.  

De ahí que, ante el crecimiento potencial de motos, la Comisión de Movilidad de la Cámara de diputados, presidida por Patricia Mercado, siguen “considerando” regular el uso y movilidad de las motocicletas en todo el país, mediante la mejora de infraestructura y señalización, el impulso de la educación vial desde la educación primaria y certificar a moteros.

Pero todo ha quedado en eso. Una intención, mientras estos fulanos siguen actuando con toda impunidad.

La falta de una política nacional coherente ante el aumento del parque vehicular de motos dificulta la implementación efectiva de normas, especialmente en municipios con baja fiscalización o escasa infraestructura vial.

Así que, pese a ciertos esfuerzos, la regulación aun enfrenta fuertes desafíos. Y si a eso le agregamos la corrupción e impunidad imperantes en la ciudadanía irresponsable y autoridades, todo se complica.

En el entorno urbano, no solo la AMTM sino toda la ciudadanía observamos a diario que la relación entre moteros y automovilistas, moteros y peatones, así como entre moteros y autoridades, se caracteriza por una convivencia sumamente compleja, marcada por agresiones de todo tipo, la falta de respeto, comunicación y entendimiento entre todas las partes, lo que se identifica como un factor determinante en la siniestralidad vial.

¿Recuerdan el horrendo caso, aun no resuelto, en el que un motociclista fue atropellado y arrastrado sin piedad hasta la muerte por una conductora, aun en fuga, en Tláhuac?

No podemos seguir ignorando los riesgos. En México, durante 2024, murieron 4 mil 654 personas en accidentes de tránsito y más de 85 mil resultaron heridas. La Organización Mundial de Salud (OMS) advierte que en vehículos de dos ruedas se registra 30 por ciento de las muertes a escala mundial.

Tan solo en la Ciudad de México, más del 40 por ciento de las víctimas mortales son moteros y 20 por ciento peatones.

En fin. Lejos de lo que significaba ser un motociclista, hoy en día los moteros se han convertido en una plaga y no hay quien los pare ni quien les aplique el reglamento. Ni quien les exija se comporten en las calles, pues son de ellos.

Ello sin considerar que las motos también son utilizadas por una inmensidad de criminales sin escrúpulos, en especial jóvenes, que asesinan y atracan todo el tiempo sin ningún tipo de control.

Así que más nos vale andar prevenidos, tener cuidado y mantenernos alejados de los moteros y sus máquinas cuando andemos en las calles de la CdMx o de cualquier ciudad en las que las motos representen un peligro.  

Si no paramos estas cifras, en el 2026 se romperán todos los récords habidos por muertes en motos.

En el Valle de México se dan de alta 400 motos nuevas al día que andan en la calle sin considerar ninguna precaución.

Muchos moteros las utilizan por un factor de movilidad o trabajo, y en eso estamos de acuerdo, pero no en los adolescentes que andan haciendo estupideces o los criminales que roban o matan, los cuales también se multiplican como si fueran Gremlins, aquellas creaturas mitológicas de naturaleza malévola. 

Los hospitales de la ciudad ya no saben qué hacer. Siguen sin tener protocolos para atender a tantas víctimas.

Por el momento, y en buena culpa por las autoridades, no existe política pública que pueda contener a tanto irresponsable en las calles.

Pero algo es claro, la precaución y el respeto son máximas y no son negociables.

Está bien que como canta la banda argentina Rata Blanca en Amo del camino seas un amante de la velocidad, pero nunca puedes dejar de lado la precaución, a menos que quieras ver si puedes montar motocicletas en el infierno.

“Si parece que todo está bajo control, es que no vas suficientemente rápido”

                           Mario Andretti, ex piloto de automovilismo estadounidense

Vivimos un punto de quiebre gravísimo para la historia de la Humanidad. El fin del mundo, ni más ni menos. Sheinbaum y Trump me tienen en crisis. Adieu.

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