Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 46 segundos

* Ante la orfandad política y su desesperado afán por asegurar su sobrevivencia política, ya sea por la vía de una alcaldía o una curul plurinominal, la priísta Sayonara Vargas pretende erigirse hoy como aguda crítica social, despotricando contra los festivales indígenas y exigiendo mesas de trabajo desde su comodidad digital. Olvida deliberadamente que el aislamiento histórico de la región, es producto de las promesas incumplidas de su partido y el saqueo sistemático a los pueblos originarios por los caciques protegidos por el tricolor a los que siendo funcionaria, por cierto, nunca criticó como tampoco se acordó de las carencias de las comunidades de la Huasteca
Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010
Especial de Expediente Ultra
Resulta de una total ironía ver hoy a la priísta Sayonara Vargas enfundada en censora de las tradiciones, cuestionando ferias y festivales, exigiendo «ideas» y erigiéndose de pronto como una férrea protectora de los pueblos indígenas y su cultura ancestral.
La ex funcionaria se rasga las vestiduras quejándose en sus colaboraciones mediáticas de que los eventos oficiales se queden en meras fotos, pero padece una amnesia selectiva severa, pues mientras recurre a columnas prestadas para pontificar sobre cómo atender a las comunidades desde un escritorio, Huejutla demuestra exactamente lo contrario con hechos consumados; ahí está el consolidado Festival de los Pueblos Originarios Tlajtoli 2026, una iniciativa real impulsada por el alcalde Alfredo San Román Duval que este agosto proyecta una afluencia de 10 mil visitantes, congregando a artesanos, médicos tradicionales, parteras y cocineras sin intermediarios ni patrocinios de ocurrencia, generando economía directa para los verdaderos habitantes de la región.
Situación por demás irónica que adopte aires de analista social y exija pulcritud ajena, cuando su propio paso por la función pública y el Congreso está muy lejos de ser muestra de verdadero compromiso social.
La memoria del electorado en la Huasteca y en todo Hidalgo no se borra con un artículo semanal, ya que aún resuena aquel 2018, cuando bajo el manto protector del fayadismo, la entonces secretaria de Educación Pública del estado (SEPH) se autodesignó a cerca de 150 empleados de honorarios con goce de sueldo y viáticos para que operaran su campaña a la diputación federal.
Y si de supervisiones se trata, ahí quedan los audios filtrados de su charla con Natalio Daniel Cano, donde pactaban el uso del programa Prospera para inyectarle de forma artificial más de 36 mil votos a su causa, arropada por operadores como Rufino León, politicastro éste último hoy cobijado cual arpía, a la sombra de Morena.
Tras perder en 2018 y ganar por un margen mínimo en 2021, la realidad de la expriista se desplomó en 2024 al quedarse sin el paraguas de Omar Fayad; en su intento de reelección frente a Daniel Andrade Zurutuza, sufrió una estrepitosa derrota al sumar apenas 35 mil 674 votos frente a los 80 mil 083 de su adversario, perdiendo el apoyo de 32 mil electores y quedando relegada tras un paso gris y sin obra trascendente en San Lázaro.
Vargas camina hoy en la más absoluta orfandad, sin el equipo profesional de antaño, sin sus otrora patrocinadores (Fayad, Osorio Chong, Paco Olvera) y con un partido al borde del colapso, su súbita vocación de articulista crítica es un andamiaje endeble con el que busca reflectores a toda costa, intentando colarse como candidata a la alcaldía de Huejutla o amarrar una diputación plurinominal, ya sea local o federal, que la salve del olvido bajo las famélicas siglas del tricolor que hoy encabeza Carolina Viggiano.
Al rematar uno de sus textos sentenciando con su metáfora de «las de chile seco», dice que la formación empieza desde la selección y que el mayor acto de respeto a una comunidad es tomar decisiones que mejoren su vida y no solo bailar música un día al año. Y tiene razón en el fondo, pero se equivoca de espejo. Mientras en Huejutla el Tlajtoli une raíz, palabra y economía comunitaria con trabajo real, ella solo ofrece el eco de su pasado oscuro desde su cómodo refugio digital.
Hoy, quien transformó la nómina educativa en una agencia de colocación electoral y perdió el favor de las urnas de forma estrepitosa, una realidad de peso es que en la actualidad carece de la menor autoridad moral para dictarle lecciones de decencia a Hidalgo.
Así las cosas, entre la añoranza de los padrones inflados y el golpe seco de las urnas, la supuesta resurrección de la exfuncionaria no pasa de ser un patético pretexto para no caer en el olvido.
Y si de preguntas se trata, olvidó plantear en su artículo: ¿Cómo calificar a las y los políticos que en su momento tuvieron la oportunidad de cambiar el entorno de las comunidades de la Huasteca y no lo hicieron?
Fueron seis años en los que, al estilo de Salinas, Sayonara ni vio ni oyó a los pueblos originarios, pero ahora se autoerige como su defensora. Patrañas que nadie le compra, ni le volverá a comprar, en la Huasteca.






