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POLÍTICOS CON UN RENOVADO PERFIL COMO BRISEYDA TORRES APUNTAN A SEPULTAR ANACRÓNICOS CACICAZGOS EN HUEJUTLA

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* Hacia el 2027, el asunto en Huejutla no viene fácil: la fiscalización ya no toca puertas, las tumba; más de un exalcalde duerme con el teléfono prendido por si llega la notificación, pues las auditorías ya no se enfrían con una comida de tres tiempos. Entre los nuevos perfiles asoma Briseyda Torres Martínez, actual Directora de Órganos de Control y Vigilancia de la Contraloría del Estado. No nació ayer ni la inventaron en una mesa de café en la capital: es de Huejutla y trae casi veinte años metida en el servicio público, aguantando el polvo de los caminos, conociendo la estructura estatal y, sobre todo, dando resultados.

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial para Expediente Ultra

A la Huasteca no se va a posar. El que llega con guayabera almidonada, chofer a la puerta y camioneta climatizada para fingir cercanía, regresa a Pachuca con el ridículo a cuestas. Allá los caciques huelen el miedo y la gente de rancho le saca la medida al más pintado en lo que dura un café de olla. Durante décadas, a los huastecos les recetaron la misma película: tipos que regalaban láminas y despensas para amarrar el voto, y luego no salían de su oficina en tres años.

Pero los tiempos cambian y se acabó esa jauja fácil.

Hacia el 2027, el asunto en Huejutla viene ríspido. La fiscalización ya no anda tocando puertas, las anda tumbando; más de un exalcalde duerme con el teléfono prendido por si llega la notificación, y auditorías que ya no se enfrían con una comida de tres tiempos en el restaurante de la Plaza 21 de Mayo. La candidatura no está para ensayos ni para improvisados: o le sabes a la administración o terminas fichado en los juzgados de Pachuca.

En esa baraja asoma Briseyda Torres Martínez. La actual Directora de Órganos de Control y Vigilancia de la Contraloría del Estado no nació ayer ni la inventaron en una mesa de café en la capital. Es de Huejutla. Trae casi veinte años metida en los temas del servicio público, aguantando el polvo y la estructura estatal, con una amplia experiencia en enlaces de gestión social a los municipios.

Y en ese andar se aprende todo: desde ubicar al funcionario que no sabe armar ni una ficha técnica, pasando por el presupuesto que se pierde por pura flojera burocrática, hasta el vivillo de siempre que estira la mano para autorizar una firma.

Licenciada en Derecho con Maestría en Políticas Públicas y Especialidad en Derecho Fiscal, Briseyda no se conformó con el puro colmillo del asfalto. Le metió preparación para consolidarse en esa emergente generación de servidoras públicas que no improvisan, planean y saben entregar cuentas claras.

Cuando se sienta con alcaldes y tesoreros les lee la cartilla: o aprenden a cuadrar los números o el boquete financiero se los come vivos. Se trata de frenar las ocurrencias que por décadas dejaron las arcas municipales en los huesos.

Ahora bien, un título enmarcado en la pared no arregla una fuga de agua ni compone un camino de terracería. Briseyda no se marea con el aire de oficina; anda en las veredas con las Brigadas de la Transformación sacando del congelador trámites que llevaban meses arrumbados, y todavía le alcanza el día para meterse a las escuelas con el programa de Cartas con Valor, hablando de frente con padres y maestros sobre legalidad y honestidad. De eso que tanto se pregona en los templetes y tan poco se practica en las oficinas.

La Huasteca tiene memoria y el termómetro no miente. Los cacicazgos de siempre andan desfondados, cuidándose las espaldas de sus propias broncas judiciales. La región exige perfiles de peso real, con arrastre abajo pero con la cabeza fría para no errar el tiro en los números.

Briseyda Torres trae el mapa en la mente y el barro pegado a la suela. En Plaza Juárez ya le echaron el ojo. En Huejutla harían bien en no dar nada por descontado.

Hay en la cercana sucesión un punto a favor tanto de ella como de otras cartas que se barajan y sopesan en Morena: el alcalde Alfredo San Román ha sabido limpiar el camino electoral con políticas sociales y programas de impacto directo en la población, como el impulso a los pueblos originarios que a través de festivales visibilizan su cultura ancestral y se integran a la derrama turística.

Un gobierno con resultados tangibles deja un precedente de certeza que la ciudadanía respalda en las urnas. Por eso los viejos cacicazgos ya comienzan a oler a cadáver político: con cuentas claras y perfiles frescos que combinan territorio con rigor técnico, ya no hay ni cómo volverlos a la vida.

Así las cosas, en Huejutla la habilidad es simple y no admite trampas: si la nueva política exige rigor técnico y arraigo territorial para sepultar los viejos vicios, y si Briseyda Torres combina el dominio de los números con el polvo del camino, la conclusión es obligada. A los viejos cacicazgos no los tumba el discurso; los jubila la realidad.

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