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EL HISTORIAL DE VIOLENCIA Y SÓRDIDA TRAYECTORIA DE DOS ASPIRANTES A LA CANDIDATURA DE MORENA EN TULANCINGO

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*  En el partido guinda, buscan colarse a una eventual candidatura, el dizque “abogado del pueblo», Antonio Márquez Hidalgo, mandamás de la Barra Mexicana de Abogados en Hidalgo y que encabezó en noviembre de 2024 el amparo indirecto 1570/2024 en el Juzgado Tercero de Distrito, contra la reforma judicial de la presidenta Claudia Sheinbaum; también se está apuntando Alejandro Rosas García, ex secretario municipal perredista entre 2006 y 2009, quien en 2024 se fue de Morena echando pestes al no ser nominado a la alcaldía. El individuo arrastra una denuncia penal en la fiscalía, en la carpeta 12-2023-21231 de diciembre de 2023, interpuesta por la periodista Mary Loren Hernández Acencio, por acoso y amenazas de muerte. Estas cartas, para nada, reúnen el perfil de honestidad de Morena

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial de Expediente Ultra

Los dos tiradores que se anotaron para ir tras la nominación guinda en Tulancingo exhalan, de entrada, un tufo indiscutible a simulación de cantina.

Viendo los datos sin filtros, la disputa por la alcaldía asemeja un sainete calcado de La Tremenda Corte. Nada más que sin pizca de gracia. Hoy asoman la cabeza un par de suspirantes de colas largas. Jamás buscaron hacer justicia. Solo repartirse el botín. Despachan sus chanchullos con un descaro que dejaría helado al juez decano.

Tomemos al primero de ellos. El auto promovido «abogado del pueblo», Antonio Márquez Hidalgo; mandamás de la Barra Mexicana de Abogados en Hidalgo, se paseó ante las cámaras presumiendo ser la supuesta carta impoluta que el movimiento necesita para levantar el municipio de las “Antenas”.

Muy perito para presumir su paso por la UAEH. Su maestría en penales y sus supuestos bonos altos en encuestas de café, son muestra que Márquez maneja una doble moral intolerable.

Por un lado, encabezó la grilla de su gremio firmando en noviembre de 2024 el amparo indirecto 1570/2024 en el Juzgado Tercero de Distrito contra la reforma judicial de la presidenta Claudia Sheinbaum. Un tiro directo al proyecto de nación que hoy busca abanderar; recurso que le batearon de inmediato porque el juez resolvió que los litigantes no sufrían daño directo. Se comenta que, presuntamente en los hechos, operaba con las mañas de despacho que cobran por cabildear influencias.

Pretender vestirse de paladín guinda tras intentar dinamitar con leguleyos la reforma estructural clave de la Cuarta Transformación resulta una tomadura de pelo descomunal a los principios de la 4T.

Eso sin contar que al jurisconsulto ya se le olvidó cuando se quitó la toga, para asumir la defensa particular de Salvador «N», exdirector financiero de la CAASIM, quien fuera “atorado” judicialmente a mediados de 2024 por un desvío ilegal superior a los 44 millones de pesos del erario.

Millonarios recursos que fueron canalizados a una consultora fantasma llamada Nort Solutions mencionada dentro del Maxiproceso de la Estafa Siniestra. Salir a blindar pillos del erario mientras se rasga las vestiduras exigiendo Estado de Derecho retrata de cuerpo entero la catadura moral de un abogado acostumbrado a cobrar en dos ventanillas.

En la otra esquina, el segundo suspirante en disputa no pinta mejor, nos referimos a Alejandro Rosas García, cargado con las viejas mañas de la grilla local que acumula más lastres que propuestas.

Rosas García, exsecretario municipal perredista entre 2006 y 2009, salió marcado por abusivo y prepotente. Rosas demostró ser el chapulín perfecto que salta de partido en partido, según soplen los vientos electorales.

Pero las corrientes cambiaron en su mar de anhelos, pues en el 2018 se sumó a las filas de Morena en busca de su interminable y enfermizo proyecto de ser alcalde de Tulancingo.

Fiel a su sed de poder, como siempre lo ha sido, las reglas electorales de 2024 dictaron que Tulancingo iba reservado para mujer. El entonces consejero morenista armó un berrinche histórico. Impugnó los acuerdos ante los tribunales y al ver frustradas sus ambiciones, firmó su salida irrevocable de Morena en septiembre de ese año. Echó pestes contra las cúpulas.

Ni como olvidar aquel 20 de septiembre de 2024. Con el orgullo herido y las lágrimas a punto de brotar, firmó su graciosa huida formal de las filas de Morena, diciéndole adiós a sus codiciados cargos de consejero estatal y congresista nacional. Todo bajo el pretexto lagrimoso de que las dirigencias estatales y nacionales ya no cumplían con sus «altos ideales», según lo plasmado en su renuncia.

Y por si faltara cinismo, ahí quedó grabada su rabieta de despedida. Tras fallar en su intento de agandallarse la postulación, mandó ese mismo 20 de septiembre de 2024 una carta a Mario Delgado y a Marco Antonio Rico. Acusó traición a los ideales partidistas. El saltimbanqui —que antes dejó al PRD para subirse al barco guinda— juró en video que su ciclo ahí terminaba y que buscaría otras trincheras.

Hoy, con una caradura insuperable, regresa a tocar la puerta que pateó. Obvio, porque huele la cercanía de los cargos de elección popular.

Pero lo verdaderamente grave en el historial de este segundo personaje no son sus chapulinadas. Es su expediente violento.

El individuo arrastra una denuncia penal en la fiscalía. Carpeta 12-2023-21231 de diciembre de 2023. Interpuesta por la periodista Mary Loren Hernández Acencio. ¿El motivo? Tras ser fotografiado en una posada saludando afectuosamente al priista Pedro Escudero, Rosas perdió los estribos. Se le fue a golpes. Le soltó una amenaza directa: «Te voy a romper tu madre y hasta te voy a matar».

La agresión no paró ahí, ya que respaldado por porros y por un operador de centros de rehabilitación, mandó vigilar la casa de la reportera con matones armados. Ordenó detonar pirotecnia pesada frente a su puerta para aterrorizarla.

Un prontuario de golpeador que choca de forma grotesca con cualquier discurso de transformación, sobre todo en Morena que se está combatiendo la violencia de género.

Aquí es justo donde embona la lógica del viejo “Tres Patines” en el banquillo de los acusados. Si a cualquiera de este par de fichajes se les cuestionara por sus porquerías en los tribunales o en la calle, saldrían con su clásico chistorete: “¡Ooooye chico, a mí que me revisen, si yo soy una blanca paloma!”.

Márquez jurará que defender pillerías de la Estafa Siniestra fue mera «técnica jurídica». Mientras Rosas pataleará diciendo que mandar porros a intimidar periodistas fue un malentendido de su libertad de expresión.

La ruta electoral en Tulancingo no ofreció alternativas reales. Un vil dilema de comisaría entre ambos aspirantes: elegir entre el abogado corporativo que cobra por blanquear corrupción o el porrito callejero que resuelve diferencias a golpes y amenazas de muerte.

La sociedad tulancinguense merece mucho más que este muladar de ambiciones baratas dispuesto a saquear el erario municipal hasta reducirlo a un sainete de tribunal caribeño.

(“¡Ooooye chico, tú no saaabe, tú no saaabe, yo te lo voy a decir…”).

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