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EL CLAN RAMOS MOGUEL Y SU HISTORIAL DE EXPLOTACIÓN SEXUAL INFANTIL Y NEGOCIOS ILÍCITOS CON RAÚL BADILLO, EN HUEJUTLA

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* Con foto familiar y golpes de pecho Gabriel Ramos Moguel, pretende borrar el negro historial de su dinastía en la Huasteca; sin embargo, el archivo no perdona, cuando desde la alcaldía de su hermano Marco Antonio, en 2008, se solapaba la explotación sexual infantil en antros con simples multitas de barandilla sin avisar a las fiscalías, hasta el desacato de 2023 repartiendo cacao y azúcar en el Xantolo contra la orden estatal de neutralidad. Peor aún, fue hipotecar la mitad de la obra pública, regidurías y direcciones a favor de la constructora Treci de Raúl Badillo, por más que hoy presuman mucha toga de pureza quienes no pasan de simples centauros de cartón que traicionaron a Morena para hacer del erario su botín

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigozza2010

Especial Expediente Ultra

Allá cuando las provincias más lejanas del Imperio Romano comenzaban a pudrirse por la rapacidad sin freno de sus procónsules, tenía el Senado la vieja maña de mandar comitivas envueltas en togas blanqueadas con greda para jurar solemnemente ante los dioses que en las fronteras reinaban la virtud y las manos limpias, justo cuando más apestaba el saqueo en las arcas imperiales.

Idéntica comedia de carpas nos tocó atestiguar el pasado 22 de octubre en pleno corazón de la Huasteca, donde Gabriel Ramos Moguel decidió montar su propio tribunal de purificación mediática arropado por todo el clan familiar, utilizándolos como escudos humanos para atajar los dardos de la opinión pública.

Inmaculado, se autoproclamó el suspirante bajo la mirada tutelar de su hermano Marco Antonio, aquel exsubsecretario de Gobierno que todavía hoy presume derecho de picaporte e influencias de pequeño Deep State en las oficinas alfombradas del Cuarto Piso allá en Pachuca, creyendo que en la huasteca la gente se chupa el dedo o que el calor húmedo de Huejutla alcanza para evaporar los archivos de la memoria popular.

Hasta enternecedora habría resultado la puesta en escena para cualquier observador incauto de café capitalino, si no fuera porque ese árbol genealógico que hoy exhiben con tanto timbre de orgullo tiene las raíces bien hundidas en el fango más espeso de la impunidad municipal.

Basta sacudir tantito el polvo de las hemerotecas del año 2008, tiempos de vino, derroche y mucho disimulo en los que despachaba el propio Marco Antonio como alcalde de Huejutla con puros aires de jefe político porfiriano.

Operaban entonces los centros nocturnos y tugurios de la demarcación como feudos francos donde la explotación sexual infantil y las redes de trata caminaban tranquilamente de la mano ante la ceguera voluntaria del cabildo; y cuando algún operativo topaba de frente con menores de edad entre las mesas de los antros, cuentan las crónicas que la justicia municipal de los Ramos Moguel funcionaba como simple tasación de caja registradora que cobraba una ridícula multita administrativa en la barandilla de la comandancia para engordar el cajón, sellaba el pacto de silencio y le daba vuelta a la página sin darle vista jamás al DIF ni mucho menos al Ministerio Público, pues para el exalcalde simplemente eran “muchachas de Tampico, las del tubo”.

Solvencia moral y abolengo político le llaman ahora a esa complicidad tarifada con los mercaderes de carne humana. Bien reza el dicho entre los viejos arrieros de la región que el que nace para tamal, del cielo le caen las hojas, aunque sean hojas de cacao y vengan envueltas en papel de presupuesto público.

Esa misma vocación por torcer la regla volvió a quedar retratada de cuerpo entero durante las festividades del Xantolo de 2023, pues mientras desde la capital hidalguense el gobernador Julio Menchaca insistía en mantener la neutralidad institucional y la Contraloría de Álvaro Bardales intentaba tender en el papel un cerco sanitario contra el desvío de recursos, andaba Gabriel operando a sus anchas su propia red de clientelismo parroquial por los pueblos.

Repartió bultos de azúcar y kilos de cacao al más puro estilo de los viejos encomenderos para cooptar la voluntad de las comunidades indígenas, pasándose por el arco del triunfo los exhortos de su propio jefe político y dejando en claro que para su estirpe los decretos de Plaza Juárez, allá en la Huasteca se obedecen, pero jamás se cumplen.

Viéndose con las cuentas en contra para las urnas y con el desgaste encima, recurrieron los hermanos a la alquimia más rancia y al pragmatismo de cañería pactando por debajo de la mesa con el Partido Verde, con lo más granado del averno local.

Resulta grotesco ver a quienes tanto se desgarran las vestiduras hablando de transformación terminar entregados en los brazos del repudiado Clan Badillo, caminando de la mano de un Raúl Badillo que navega con bandera ecologista en el Partido Verde mientras arrastra pesados expedientes judiciales por allanamiento, amenazas y episodios de violencia extrema que en cualquier país serio serían materia de un fiscal antimafia o de agencias del calibre de la DEA o el FBI, nunca moneda de cambio para acuerdos electorales.

La factura de aquel amasiato tuvo desde el principio cláusulas de hipoteca municipal, pues para comprar algo de oxígeno político los Ramos Moguel comprometieron la entrega del cincuenta por ciento de toda la obra pública venidera directamente a las fauces de la constructora Treci, propiedad de su flamante aliado, cediéndole además en el paquete la mitad de las regidurías y el control absoluto de veinticinco direcciones del ayuntamiento en lo que jamás fue una alianza electoral, sino un desfonde anticipado del erario convertido en botín de corsarios que se repartieron el barco antes siquiera de zarpar.

Tan burda les salió la maniobra que terminaron por incendiar la pradera entre los suyos, confirmando la sabiduría campirana de que una cosa es ser puercos y otra muy distinta ser trompudos.

Salieron entonces los fundadores históricos de Morena en la demarcación, con Crescencio Bautista y Felipe Pérez a la cabeza, a reventar el enjuague y a exhibir públicamente cómo este reparto de cargos, pisoteaba sin pudor alguno el Capítulo Sexto de los estatutos internos del partido, desnudando con la rebelión de las bases lo que realmente se esconde detrás de la foto familiar del 22 de octubre donde unos simples centauros de cartón buscan perpetuar su cacicazgo a costa de entregarle las llaves de Huejutla a los antiguos verdugos de la sociedad.

Podrán seguir comprando impunidades de ocasión y alquilando comparsas en las plazas, pero el estiércol en la Huasteca flota tarde o temprano y ni todo el incienso en el altar familiar les va a alcanzar nunca para tapar la peste de su propio prontuario. Roma traditoribus non praemiat (Roma no recompensa a los traidores); los huastecos, mucho menos.

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