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Engranes de Poder
Por Víctor González Herrero / @VicGlezHerrero
Hubo un tiempo —no hace mucho— en que la política se medía por plazas llenas, en recorridos interminables por colonias y comunidades, en apretones de mano que terminaban por desgastar la jornada pero fortalecían la confianza. En discursos Los políticos sabían que su verdadero termómetro estaba en la calle, en la conversación directa, en la mirada de la gente.
Hoy, buena y la mayor parte de esa conversación ha migrado a otro terreno: la pantalla. Las redes sociales transformaron la manera de comunicarnos y, naturalmente, también cambiaron la forma en que la política se presenta ante la sociedad. Lo que antes se decía desde un templete o en una entrevista radiofónica, hoy se resume en un video de un minuto, en una fotografía cuidadosamente elegida o en una frase que busca convertirse en tendencia.
No es necesariamente algo negativo. Al contrario: las plataformas digitales han acercado a muchos gobernantes con la ciudadanía de una manera que antes parecía imposible. Hoy cualquier persona puede opinar, cuestionar, responder o reconocer directamente a quien ocupa un cargo público. Esa interacción, bien utilizada, puede fortalecer la democracia.
Pero también existe un riesgo silencioso. En ocasiones, pareciera que la lógica de las redes empieza a contaminar la lógica del gobierno. La búsqueda de “likes fáciles”, de reproducciones o de comentarios puede terminar imponiendo su propio ritmo, uno que no siempre coincide con los tiempos que exige resolver los problemas reales.
Porque gobernar, en esencia, sigue siendo un ejercicio mucho más complejo que una publicación exitosa. Las redes premian lo inmediato. Lo llamativo. Lo que genera reacción rápida. En cambio, muchas de las decisiones públicas más importantes requieren paciencia, discreción, diálogo y, sobre todo, tiempo. No siempre caben en un video corto ni se explican en un hilo de pocas líneas.
Un hospital que se construye, una escuela que mejora, una carretera que conecta comunidades, un programa social que transforma vidas… son procesos largos, silenciosos y muchas veces poco “espectaculares” para los algoritmos. Sin embargo, son precisamente esos procesos los que terminan cambiando la vida de la gente.
En la lógica digital, lo que no se ve parece que no existe. Pero en la lógica del servicio público ocurre justo lo contrario: muchas de las decisiones más importantes se toman lejos de los reflectores, en mesas de trabajo donde se analizan números, se escuchan puntos de vista distintos y se buscan soluciones posibles.
Tal vez por eso conviene recordar algo que parece obvio, pero que en medio del ruido digital a veces se nos olvida: las tendencias duran horas; las decisiones públicas duran años.
Las redes sociales son una herramienta poderosa. Pueden informar, acercar, escuchar y rendir cuentas. Bien utilizadas, son un puente extraordinario entre la autoridad y la ciudadanía. Pero siguen siendo, al final, un medio, no un fin.
La política —la buena política— sigue ocurriendo en los espacios donde se construyen acuerdos, donde se escucha a la gente sin filtros, donde se entiende que cada decisión impacta la vida cotidiana de miles o millones de personas.
En otras palabras: la política que realmente importa no siempre es la que más se ve en la pantalla. Y quizás ahí esté el verdadero desafío de nuestro tiempo: encontrar el equilibrio entre la comunicación inmediata que exigen los nuevos tiempos y la profundidad que demanda gobernar con responsabilidad.
Para quienes ejercen hoy una responsabilidad pública, el reto es doble. Por un lado, deben comprender que las redes sociales son ya parte inevitable de la vida democrática; ignorarlas sería cerrar los ojos a una realidad evidente. Pero, al mismo tiempo, deben resistir la tentación de confundir popularidad digital con legitimidad pública. No siempre quien más aparece es quien más transforma.
La ciudadanía, por su parte, también enfrenta un aprendizaje. En una época de información instantánea, de videos virales y de opiniones que viajan a la velocidad de un clic, se vuelve indispensable distinguir entre el ruido momentáneo y los resultados de fondo. No todo lo que brilla en la pantalla necesariamente ilumina la realidad.
Porque al final del día, los likes pueden llenar una publicación, pero son los resultados los que llenan la historia.
Al tiempo.






