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UN ENERO LLENO DE EXCESOS

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“Tú, más que nadie, merece ser feliz

Ya vas a ver cómo van sanado poco a poco tus heridas

Ya vas a ver cómo va la misma vida a decantar la

sal que sobra en el mar”

Día de enero, interpretada por Shakira

POR EDUARDO GARCÍA GARCÍA

Vaya inicio de año que nos dio Donald Trump. Aun retumban en mi mente las escenas de la brutal intervención militar estadounidense en Caracas, con el fin de apresar a Maduro.

Esa madrugada, sentí pánico al amanecer, pues no entendía ni creía lo que estaba sucediendo. El galope de mi corazón era incontrolable.

Mientras observaba por internet las primeras escenas del asalto contra la capital venezolana, en mi mente no dejaba de resonar La Cabalgata de las valquirias de Richard Wagner, como en aquella épica escena de la película Apocalipsis ahora (1979), de Francis Ford Coppola, en la que el imprudente teniente coronel William “Bill” Kilgore (encarnado magistralmente por Rober Duvall), comandaba un escuadrón de helicópteros para atacar una aldea del Vietcong, en tanto suena en los altavoces de su helicóptero la impresionante pieza de Wagner.

El punto no era rememorar este inicial momento de júbilo personal, ahora convertido en total incertidumbre, pues en el país hermano todo sigue igual. La dictadura, pero sin Maduro.

Como pude permanecí en mi cama en posición fetal tratando de entender lo que ocurría, mientras me decía: Con estos despertares se va destruyendo la felicidad.

Pero ese es otro asunto.

Así que, volviendo a mi idea original debo decir que, para mí, los propósitos del Año Nuevo no existen. Bueno, existen en inspiración, pero no sustancialmente. Son deseos de mejorar, deseos de cambiar nuestro cotidiano existir, y, sin embargo, a mi entender, no existen verdaderos casos documentados que avalen su aplicación y realización en términos verificables.

En mi caso considero más adecuado excederse en enero.

Porque pensándolo bien, nuestros excesos de fin de año suelen comenzar a mediados del mes de noviembre, pues algunos afortunados reciben la entrega anticipada de bonos y aguinaldos para el Buen Fin, acto que da rienda suelta a gastos irresponsables y consumo ávido de alimentos y bebidas cuyo contenido calórico dispara cifras de nuestra báscula de manera escandalosa.

Diciembre es nuestra proverbial Sodoma y Gomorra mezclada con un poco de Garibaldi, así nuestro organismo y economía personal deben enfrentar el nuevo año básicamente desarmados.

¿Nuestra solución impráctica? Tomar un estricto régimen de ejercicio. Comer poco y sano. Restringir los gastos superfluos y quedarnos con lo estricto. Y sufrir como madres de telenovela, pues el dicho pregona que sin dolor no hay ganancia.

No es lógico. El mes que está amarrado a las penurias económicas más grandes debería compensarnos de otra manera, para no morir ahogados en nuestra propia miseria.

Cuando las tiendas departamentales ofrecen facilidades de pago con un distante “compre ahora y pague después”, se referían a enero de 2026, así que las agonías para solventar esas atolondradas compras, planeadas en un momento de instantánea euforia a plazos, vienen de la mano de la intención destinada a fracasar de ser mejores personas en otros aspectos que no dependan de nuestras finanzas.

Ser mejor persona es un proceso doloroso. Nadie dijo que fuera fácil. Yo vivo muy cómodo siendo un insufrible descarado, pero creo que ustedes, estimados lectores, interesados en alcanzar un estatus mejorado en otro plano existencial, deben pasar las de Caín intentando poner en práctica sus buenos propósitos e ideales bajo un clima sumamente adverso.

Por eso mi propuesta de dar rienda suelta a nuestros instintos lúdicos en el mes que tradicionalmente representa castigo y sacrificio es brillante.

Dejemos de lado que yo considero brillantes todas mis iniciativas y analicemos la propuesta: en vez de hacer dieta rigurosa, pura comida confort. Nada de ejercicios intensos, sino flojera y reposo, pues el frío allá afuera está inclemente.

¿Trabajar más e incrementar tu productividad? No tiene demasiado sentido en el mes que más castiga a tu economía, pues tampoco te van a dar un aumento de sueldo al acabar enero.

Eso también presenta otra cara de la moneda: hay que ser mesurado en diciembre. Mientras los demás se hartan de pavos y romeritos, tú entretén tu apetito con magras ensaladas y frutas. Nada de brindis llenos de alcohol, el agua pura debe ser tu sustento. Y mientras todos festejen, tú concéntrate en adelantar trabajo pendiente.

Mi experiencia al respeto se basa en que mientras yo gozo inmensamente ver sufrir con dietas y horas extras en el gimnasio, yo degusto un grasoso plato de birria con una espumosa cerveza.

Ahora no, pero cuando podía salir de vacaciones prefería hacerlo en enero, mientras el resto laboraba. Era un deleite, pues las playas están vacías y el servicio se esmera por ganarse su propina.

El sentimiento de satisfacción que esto me generaba era un poderoso motivador.

Así que, si este fin de año hiciste propósitos, lamento decirte que perdiste el tiempo.

Debiste hacer realidades sacrificadas para reír satisfecho en enero.

Claro, para mí como para la mayoría de los mortales todo lo anterior resulta ser tan solo un sueño guajiro.

Sin embargo, ahora que inicia un nuevo año y que aún falta casi uno completo para las festividades de diciembre, deberíamos pensarlo.

Mi propósito para 2026: no hacer propósitos. Adieu.  

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Narco crea más de 100 mil empleos al año, afirma Adriana Marín de comunicación en Morena

“El narcotráfico es uno de los mayores empleadores”

Durante la conversación, al hablar del llamado “pacto con el narco”, Marín señala: “El narcotráfico es uno de los mayores, de los principales empleadores a nivel nacional”.

Y añade que el crimen organizado recluta entre 160 mil y 185 mil personas y afirma que: “en realidad se necesitan 350 personas más a la semana para cubrir a quienes son detenidos o asesinados”.

Cuando uno de los panelistas le cuestiona si entonces el crimen organizado debe continuar porque el gobierno no puede dar empleos, responde: “No me digas eso, no pongas palabras en mi boca. Me refiero a que es complejo atender la situación del narcotráfico”.

Sin una postura oficial

Adriana insiste en que su postura no es justificar al crimen, sino describir el contexto social. En el video dice que el narcotráfico: “también genera empleo, empleo que muchos privados y que el Estado tampoco se ha encargado de generar”.

Además, agrega que muchas personas son atraídas por promesas de dinero y fama, y señala: “¿qué vas a hacer con esas personas a las cuales les prometieron dinero y fama, y que no tienen ningún tipo de esperanza?”.

Ante la reacción de los conductores, concluye: “yo no dije que no se pueda terminar con el crimen organizado, solo dije que es una realidad”.

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