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TANIA, TATIANA Y CUAUHTÉMOC; LA SIMULACIÓN DE LA PUREZA Y EL NÁUFRAGO DEL SENADO

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*  En la disputa por la sucesión en Hidalgo la desesperación política suele confundirse con respaldos oficiales, y mientras los discursos de superioridad moral se desmoronan frente a la evidencia de las fotos, algunas voceras pontifican en redes contra los advenedizos acusándolos de oportunistas, pero terminan sonrientes compartiendo la gira y el presídium con los mismos personajes que denuestan, al tiempo que figuras desgastadas como el senador Cuauhtémoc Ochoa, buscan desesperadamente un salvavidas de utilería en la entidad para intentar sepultar una pesada losa de expedientes judiciales y pasivos ambientales que los persiguen desde la capital del país

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial para Expediente Ultra

En el teatro de la política local hay pasajes que rozan la comedia involuntaria, sobre todo cuando la desesperación de sus protagonistas confunde la cortesía de una gira de fin de semana, con un cheque al portador para la Sucesión en Hidalgo.

Ahí está el caso de la ex alcaldesa, hoy diputada federal, Tatiana Ángeles Moreno, a quien se le ve luciendo una candidez casi infantil al pretender que una sesión de aplausos y un intercambio de sonrisas en Actopan con el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar, equivalen a un decreto con línea oficial para construir una candidatura de peso a la gubernatura.

Con un expediente parlamentario raquítico en la LXVI Legislatura —donde su mayor aporte ha sido, en el 2025, una solitaria iniciativa, sigue pendiente, sobre robo de agua y el habitual voto por consigna— nomás deja al desnudo lo efímeras que son sus pretensiones para estas grandes ligas.

La cortesía de Ramírez Cuéllar de que “una fundadora será gobernadora”, sonó más a coba que a firme apoyo, pues no será el vicecoordinador de Morena, de ningún modo, el filtro para la definición de candidaturas.

Pretender que la cúpula nacional va a dinamitar la gobernabilidad y el control territorial del grupo en el poder por la gracia de un mitin aldeano resulta una inocencia supina. Bien lo asentaron los viejos jurisconsultos romanos: quod gratis asseritur, gratis negatur —lo que gratuitamente se afirma, con la misma ligereza se desmiente—.

Ni las encuestas ni el pragmatismo de Palacio Nacional van a ceder terreno ante la nostalgia de los llamados «puros». Voceras como Tania Meza pontifican en videos de biblioteca acusando a los advenedizos de «mentir, robar y traicionar», porque los «recién llegados», dice, disfrutan del árbol cuando ya dio frutos y pidiendo solemnemente que «dejen sus mañas afuera»; pero la hipocresía es muy corta de piernas.

La realidad de las fotos la exhibe en plena comparsa, pues ahí anduvo Meza, pegada en toda la gira de Ramírez Cuéllar, posando feliz en la toma del jardín, apretujada junto al mismísimo Cuauhtémoc Ochoa y sus huestes de gorra rotulada, para luego aplaudir en el presídium de Ixmiquilpan hombro con hombro con quienes en redes llama «arribistas».

La pureza ideológica se le evapora en cuanto hay tarima y reflector; mientras en el discurso fingen indignación, en los hechos se acomodan en la foto.

Pero si lo de Actopan es inocencia de principiante, lo del senador Cuauhtémoc Ochoa Fernández es puro instinto de supervivencia de un náufrago, ahí quedó la fotografía para el registro, donde se ve a Ochoa, acompañado por la diputada Tania Meza, y a su equipo alineados en un jardín, con gorras rotuladas y chalecos guinda, todos amontonados para la foto con Ramírez Cuéllar buscando un salvavidas de ocasión. A Ochoa se le fue a pique Adán Augusto y ahora quiere colgarse de la nave del Vicecoordinador de San Lázaro.

Y mire usted, querido lector, basta recordar que tras el severo «coscorrón» que significó su destitución de la presidencia de la Comisión de Hacienda en la Cámara Alta —por andar amenazando a funcionarios locales con la ASF y pretender meter mano en la nómina de los trabajadores—, el llamado «Zar de la Basura» anda a la caza desesperada de retratos de utilería que simulen un tanque de oxígeno o una inexistente bendición del centro.

El problema para Ochoa es que no hay foto de jardín que alcance para tapar el tamaño de su expediente, ya es notorio que el senador de marras en los foros de televisión y en sus vídeos en sus redes sociales ha aplicado la amnesia táctica sobre su antiguo protector, Adán Augusto López Hernández, a quien ya no defiende con la pasión de antes.

En efecto, ya no busca el queso sino salir de la ratonera. Se sabe de sobra que el «Efecto Barredora» y los expedientes que siguen abiertos contra Hernán Bermúdez Requena (ya detenido), convirtieron a su exjefe político en una figura tóxica en los pasillos de la 4T.

Sin embargo, la realidad de los recovecos parlamentarios traiciona el discurso oficial, pues hace algunas semanas, a las afueras del recinto del Senado, la prensa captó la estampa entera de la coyuntura, se vio a un Adán Augusto corriendo a paso apresurado para esquivar los micrófonos y las preguntas incómodas de los reporteros sobre los escándalos de Tabasco y la supuesta cancelación de su VISA, se vio a Ochoa justo detrás de él, con la mirada desencajada y pegado a su sombra en lo privado, trotaba, sobre avenida Reforma de la capital del país.

Ese segundo plano lo dice todo, mientras en Hidalgo manda a su gente a posar sonriente junto a Ramírez Cuéllar para pretender que inauguró una nueva etapa de autonomía, en la Cámara Alta no le queda más remedio que seguir pegado a las suelas de un ex líder senatorial en franca retirada.

¿A quién pretende engañar “Cuau” Ochoa? Ni la sonrisa de Ramírez Cuéllar, ni sus numerosos videos quemando incienso a los que antes criticaba, ¿y qué decir de su ya nulo empeño por contratar espectaculares con foto-montajes junto a la presidenta Claudia Sheinbaum? Nada de eso logra sepultar la averiguación previa activa en la FGR por el desfalco de 635 millones de dólares en la compra de la planta chatarra Fertinal, una denuncia interpuesta desde 2019 por Martha Edith Rodríguez Acosta cuya reserva de ley ya venció.

Y la lista de pendientes es larga, ahí sigue la mancha del ecocidio de su empresa PRO-FAJ (Grupo CIPA) en Cholula, donde la filtración de lixiviados contaminó los mantos acuíferos de los pueblos volcaneros, además del «diablote» que la CFE le detectó a su planta para robar electricidad, amparándose con su fuero para no pagar; tampoco se borra el boicot que su red —operada en Tula por su propio secretario particular Vinicio Velázquez Colín y la firma Tecnosilicatos— orquestó contra el Parque Ecológico y de Reciclaje de Hidalgo impulsado por la Presidencia de la República, todo para no perder el monopolio del negocio de la basura en la región.

Así se retrata la sucesión prematura en Hidalgo, de un lado la candidez de quien cree que una foto de gira le da el pase automático a la candidatura y del otro, la desesperación del legislador que posa en jardines locales y teje alianzas de alcantarilla con exalcaldes de oscuro pasado, como Raúl Badillo, para lavarse la cara mientras en la capital del país corre tras los pasos de un padrinazgo que se desmorona y huye de sus propios fantasmas judiciales.

Mientras algunos se embriagan con destapes de utilería, el ritmo de la sucesión se sigue marcando desde el despacho principal de Gobierno. En Palacio Nacional y en el edificio de Gobierno del estado se opera con aritmética pura y control del territorio, no regalando candidaturas por la doble moral de aplausos pueblerinos. La pólvora en manos de inexpertos, ya se sabe, siempre termina convertida en humo. O cuando mucho, quemada en infiernitos.

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