Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 44 segundos

* El portazo contra la Presidenta Claudia Sheinbaum, en Pachuca, no fue un válido reclamo social, sino una más de las muchas provocaciones porriles de la CNTE y El Mexe para blindar a un clan acorralado que teme perder sus privilegios. Tras el derribo de vallas asoma la mano de Roberto Azpeitia, júnior de un exalcalde de San Salvador, que hoy trata de evadir juzgados de distrito con amparo en mano para no terminar en un penal.
Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010
Especial para Expediente Ultra
No tienen llenadera. Es la pura verdad. En la Normal Rural de El Mexe y en el cuartel de la CNTE, siguen creyendo que el tiempo quedó congelado en los años setenta, cuando bastaba con quemar un par de llantas en la carretera para que el gobierno en turno les mandara maletas de billetes y plazas sin examen a cambio de calmar las aguas.
El teatrito que le montaron a la Presidenta Claudia Sheinbaum en las instalaciones de la Feria de Pachuca no fue ningún reclamo popular. Es porrismo puro que se niega a morir. Aplicaron la “cátedra” de lo que saben hacer muy bien: a reventar la visita.
Se fueron sobre las vallas de metal, empujaron a la prensa, hicieron su desgarriate y buscaron victimizarse para obtener la foto del escándalo, para ver si con el grito y la pose de “reprimidos”, doblaban al gobierno federal. Querían la imagen exacta para pasar la factura a Palacio. La treta ya desgastada y por todos conocida.
A esta cofradía de vivales la educación en el medio rural les vale tres cacahuates. Si al gobierno se le ocurre meter laboratorios de tecnología, aulas dignas y computadoras para los chavos, a ellos les da coraje entripado. Lo suyo es el hueso viejo: el internado opaco para desviar la lana de la comida, la ordeña de gasolina en Tepatepec y el secuestro impune de camiones de pasaje para irse de excursión a cuenta del pueblo. El estudiante que llega con ganas de superarse termina de mandadero, aguantando novatadas que rayan en lo criminal y marchando a la fuerza si no quiere que lo corran.
Lea usted con atención quiénes son los verdaderos ganones:
Este negocio no es anónimo, el zafarrancho en Pachuca lleva la marca con nitidez, y el hilo de la madeja conduce directo a San Salvador: Roberto Azpeitia Hernández, operador de campo y júnior del exalcalde morenista Armando Azpeitia Díaz.
Mire qué bonita familia.
Mientras el papá se escabulle por juzgados de distrito con amparo en mano para que la policía no le eche el guante por el cochinero financiero que dejó en San Salvador —denuncias penales ratificadas por el propio ayuntamiento actual—, el retoño calienta la plaza en El Mexe y azuza a los chavos para romper cercos policiales.
La receta es vieja: si la cárcel me respira en la nuca por malos manejos, le prendo fuego a la pradera con la bandera del normalismo y la CNTE para que el gobierno me perdone a cambio de no incendiar el Estado. Extorsión política de quinta. Estos no son corcholatas de Morena, son fichas con cuentas pendientes.
Creen que en Palacio de Gobierno les van a temblar las piernas como antes. No han entendido que la chequera del chantaje ya no tiene fondos.
El silogismo se cuenta solo: el clan Azpeitia usa a los normalistas de parapeto para no pisar la cárcel; la CNTE los acuerpa para no perder el botín presupuestal; ergo, no defienden la escuela rural ni a los pobres, defienden su propio negocio y su impunidad.
La ley no se negocia con porros; a los porros se les sienta en el banquillo de los acusados. Y al que tenga cuentas pendientes, que le vaya apartando una celda.
¡Ah!, y por si estos líderes dicen que hay carencias en El Mexe, ahí le va un dato que derrumba su falsa narrativa “revolucionaria”. De acuerdo a solicitudes de transparencia, este columnista obtuvo documentos donde se establece que tan solo en alimentos para los alumnos internos, se gastan al mes casi un millón doscientos mil pesos, un promedio de entre 700 y 900 pesos por estudiante. Esto es el equivalente a unos 280 o 300 pesos por cada desayuno, comida y cena.
Fregados los trabajadores que deben conformarse con comidas corridas de 90 pesos o tortas y tacos de a 50. Así como los alumnos de El Mexe comen bien y con dieta balanceada sus tres comidas diarias, de igual forma cuentan con todos los apoyos oficiales para que realmente estudien. Y muchos desean hacerlo, qué bueno, pero estos lidercillos que son un verdadero cáncer, son los que protestan para su beneficio.
¿Cómo decir que las cosas están mal cuando de nuestros impuestos se gastan en promedio unos 14 millones de pesos al año, tan solo para alimentación de los futuros maestros rurales?
Ahí están los datos y solo falta que las autoridades comiencen a poner en su sitio a estos facinerosos, con unas cuantas órdenes de aprehensión. Ya es hora de empezar a actuar porque con la Presidenta Sheinbaum, se les pasó la mano.






