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EL DILEMA DE MORENA EN ATLAPEXCO; ENTRE LOS VOTOS A RAS DE TIERRA Y LAS INTRIGAS DE CAFÉ

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*  El pretexto que andan soltando “analistas de café” ahora es contra Julián Nochebuena Hernández, por el hecho de que su hermano, que llegó por el PT al Palacio Municipal de Atlapexco, ha mostrado su interés por competir por Morena; Juan de Dios, amarró sus tratos y camina con su propio grupo, mientras Julián corre en otra pista muy distinta, porque a él le tocó sudar la gota gorda levantando a Morena en su región, durante aquel rudo 2018

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial Expediente Ultra

Abunda el grillito de cafetería por la capital hidalguense que habla sobre la Huasteca, como si los sufragios nacieran en las macetas del comité estatal. Esos “analistas” en su vida han sudado los cuarenta grados de mayo allá en la “estufa” hidalguense. Tampoco ubican cómo se sube una brecha de piedra, pero qué tal sacan el marcador rojo bajo el aire helado de la oficina para vetar al que sí tiene las suelas gastadas en el monte.

El pretexto que andan soltando ahora es contra Julián Nochebuena Hernández, por el hecho de que su hermano, que llegó por el PT al Palacio Municipal de Atlapexco, ha mostrado su interés por competir por Morena.

¿De verdad ese es todo su cálculo?

Con un supuesto así de endeble quieren tapar seis años de talacha. Urge que alguien les pase el dato, antes de que firmen un descalabro que luego nadie va a querer pagar, sobre cómo funcionan las rancherías. Allá la política no camina por herencia ni por sangre, cada quien responde por su propio fierro. Juan de Dios llegó a la alcaldía empujado por el Partido del Trabajo (PT), amarró sus tratos y camina con su grupo. Julián juega en otra pista muy distinta porque a él le tocó sudar la gota gorda levantando a Morena en Atlapexco, durante aquel rudo 2018.

Y cómo les falla la memoria a varios, en esos meses casi todos los grillos de la zona seguían rindiéndole honores a los antiguos jefes del tricolor, así que ponerse el chaleco guinda por la huasteca equivalía a buscarse broncas gratis o quedarse congelado sin ningún futuro político, o más bien chamba oficial.

Con todo el viento en contra, Julián nunca dobló las manos, se metió rancho por rancho hasta dejar listos los seccionales que hoy tanto paracaidista presume como si los hubiera sudado.

Si alguien trae dudas, basta revisar las sábanas electorales desde hace seis años. Los números no piden permiso. Esas camionadas de boletas que Atlapexco metió con Andrés Manuel, luego con Julio Menchaca y hace poco con Claudia Sheinbaum, nunca cayeron del cielo, igual que la gente movilizada en la revocación.

Todo eso salió de una red vecinal que el hoy diputado cuidó año con año. Él le entró a las faenas del pueblo y puso el pecho cuando el partido todavía no ganaba por pura marca.

Adentro del Congreso Local ha sacado su chamba legislativa sin hacer olas, aunque su ventaja más pesada allá por el distrito pasa por otro lado, camina tranquilo y sin cola que le pisen.

Hablemos derecho, en esa zona pateas un bote y brinca media docena de expresidentes municipales empapelados en la Contraloría o ante la Auditoría por inventar empresas de papel y cobrar pavimentaciones que nunca se hicieron. Julián anda limpio de carpetas.

Pregunten cuánto vale no traer broncas legales allá en la Huasteca profunda, por eso mismo les gana dos a uno en las mediciones que ya tienen guardadas en el partido. Adentro de los pueblos indígenas a los vecinos les importa poco el acta de nacimiento frente a la urna, la gente cruza el papel por quien les contesta el celular a las tres de la mañana cuando el río tumba el puente o falta medicina en la clínica.

Los jefes de Morena ya saben qué terreno pisan. Pueden hacerle caso a la intriga de tres o cuatro celosos de pasillo que no llenan ni un taxi colectivo en su cuadra, o respetar al único cuadro que trae con qué ganar la elección sin pedir prestado.

Por la sierra la regla del monte nunca perdona, quien no chapolea la parcela no tiene cara para cobrar la cosecha, y en Atlapexco hasta las piedras saben quién trabajó la tierra.

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