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EL LEGADO DE NACHO CASTREJÓN: LA DECENCIA COMO LUZ PERENNE EN TIEMPO DE CANALLAS

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* Un sentido homenaje al ex alcalde de Sombrerete, un hombre de letras y principios, cuya repentina partida deja un inmenso vacío y un legado de honestidad en el quehacer público. Desde este espacio enviamos un abrazo solidario al secretario de Educación Pública de Hidalgo, Natividad Castrejón Valdez

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial de Expediente Ultra

“¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe? ¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo? Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo… Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”. (Fragmento de “Las campanas doblan por ti”, de John Donne)

La noticia de la repentina e injusta partida de Nacho Castrejón abrumó a quienes tuvieron el privilegio de conocerle y tratarle de cerca. Su ausencia deja un vacío inmenso; una oquedad que hoy pesa irremediablemente en el alma de su familia y de quienes vieron en él a un inusual ejemplo de congruencia y honestidad, algo que en nuestros días resulta casi un milagro encontrar.

Cuentan quienes compartieron su camino que dialogar con Nacho era someterse a una ineludible auscultación moral.

Era una vara de medición andando. Resultaba francamente difícil someterse a ese formidable grado de exigencia, pues su candidez y honestidad eran tan extremas que no admitían un solo gramo de falsedad o doblez.

Era, en toda la extensión de la palabra, un espejo de rectitud con una imaginación moral enorme y contagiosa.

Quienes le rodearon aprendieron de él a mirar a este país con la honestidad que merece, a señalar las carencias sin concesiones a la mediocridad, sabiendo que el verdadero patriotismo entraña rendir tributo al pueblo mediante el trabajo valiente y sin simulaciones.

Sin duda alguna, demostró ser un humano extraordinario; generoso, obstinado, emprendedor, independiente e incómodo para los conformistas. Fuera de la función pública, este temple inquebrantable lo llevó a forjar una destacada trayectoria en la región norte de México, siendo ampliamente reconocido en el sector minero y constructor como el fundador de Grupo CAVI, una consolidada empresa proveedora de servicios de construcción.

Comprometido siempre con los suyos, entendía que esa era la única manera de encender un cerillo en el corazón de su tierra, Sombrerete. A la que sirvió haciendo lo que muchos otros preferían evadir, luego de ganar la alcaldía cobijado por la coalición electoral «Alianzas Rescatemos Zacatecas», conformada por el PRD y el PAN. Gobernó este municipio colindante con Durango de septiembre de 2016 a septiembre de 2018, enfocándose firmemente en dignificar la infraestructura urbana local.

Comprendía a la perfección a Frederick Douglass, ese grandioso visionario, cuando advertía que quienes esperan verdad y justicia sin una lucha, son los que solo piensan en el mar sin imaginar la tempestad. Sembró en su familia una mentalidad rebelde y de causas justas.

Ante la barbarie que ensombrece a nuestro país y que frecuentemente desata el juicio fácil, resulta imperativo atajar cualquier asomo de ignominia; las brutales circunstancias que le arrebataron la vida son, frente a la inmensidad de su trayectoria, absolutamente irrelevantes para dimensionar su legado.

En este México de conjeturas apresuradas, debe quedar una certeza inamovible… su trágico final no es, bajo ninguna circunstancia, consecuencia de un paso en falso ni de acto deshonroso alguno. Sin duda alguna, Nacho Castrejón fue un hombre de intachable rectitud que terminó golpeado por la vorágine de un tiempo descompuesto; fue víctima de la oscuridad que hoy lastima a nuestra Nación, jamás cómplice de ella.

En medio de la oscuridad que deja una muerte prematura, sus seres queridos tienen el deber de recoger su antorcha para alumbrar el trecho que sigue con una herencia suya muy sencilla, pero letal: un sentido enorme de lo que es decente. La decencia y la verdad como estelas de luz en tiempo de canallas; la decencia como un arma radical en un país lastimado por mentiras coercitivas, compulsivas y deliberadas.

Quien quiera saber un poco de vivir, debe adiestrarse mucho en romper, hacerse perito en despedidas y aprender a renunciar con más curiosidad que resignación.

Hoy, el lúgubre tañer de las campanas del que hablaba el poeta inglés resuena con un dolor profundo en su amada esposa y en sus hijos; pero, de manera muy especial, ese eco golpea el corazón de su hermano, Natividad Castrejón Valdez, actual secretario de Educación Pública en Hidalgo.

A él, a quien me unen los inquebrantables lazos de respeto y reconocimiento, le extiendo desde este espacio mi abrazo más fraterno y solidario. Perder a un hermano, a un confidente y a un referente moral de la talla de Nacho, es un golpe que las palabras apenas logran mitigar.

Que descanse en paz. Que en la eternidad nunca le falte la lectura, ni la certeza de que su memoria seguirá siendo un faro inamovible para los suyos.

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