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EL PRI Y SUS 97 VELITAS DE UN ANIVERSARIO CON SENSACIÓN A MISA DE CUERPO PRESENTE

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*  El nonagenario partido agoniza y prueba irrefutable es que se terminaron aquellos multitudinarios festejos, donde la sede del priísmo nacional recibía a los contingentes de sus sectores, los cuales eran el “musculo” popular; la CTM, CNOP y CNC abarrotaban la avenida Insurgentes portando banderas y carteles, algo que hoy solo es un recuerdo lleno de melancolía. Hoy ya no hay acarreados y al festejo apenas y acudieron un puñado de incondicional de “Alito” Moreno

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial de Expediente Ultra

La política ha sido definida por tratadistas como el arte de negociar intereses encontrados, donde nadie gana ni pierde todo, y se llegan a soluciones que se aceptan como lo mejor dentro de lo posible, para evitar rupturas que suelen resultar muy costosas para uno y otro lado.

El presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas (“Alito”), parece no haber entendido esos, digamos principios, y dio por hecho que “el albazo”, la puñalada trapera, que propinó a su entonces numerosa militancia fue muestra de gran habilidad y que, además, pudo mofarse públicamente de sus tropelías.

Pero le realidad lo ha puesto en su sitio, porque las 97 velitas del aniversario tricolor del pasado 4 de marzo, lejos de anunciar algarabía de cumpleaños mostraron cuatro cirios haciendo guardia a un ataúd.

El nonagenario partido agoniza y prueba irrefutable es que se terminaron aquellos multitudinarios festejos, donde la sede del priísmo nacional recibía a los contingentes de sus sectores, los cuales eran el “musculo” popular, la CTM, CNOP y CNC llenaban la avenida Insurgentes portando banderas y carteles, algo que hoy solo es un recuerdo lleno de melancolía tricolor, ya no se diga de comités estatales, fundaciones como la “Colosio”, que hoy solo existen en nombre, y que decir de aquellos de miles de acarreados que eran movilizados en cientos de autobuses.

Pero debemos hacer memoria pues fue en 1997 cuando el PRI tuvo el primer descalabro que prefiguró la pérdida de la presidencia: Cárdenas ganó el GDF y el PRI perdió la mayoría simple en el Congreso ante una coalición opositora. Empero, dos gobernadores “salvaron el honor” del tricolor con dos “carros completos” gracias a las habilidades de “alquimia” de Ulises Ruiz, quien operó entre Tabasco y Puebla, con un jet privado a su disposición, para que Roberto Madrazo y Manuel Bartlett colocasen planilla completa de sus diputados federales.

Ulises ya era “legendario” en el todavía partido oficial por sus habilidades para manipular resultados electorales y tenía decenas de aventajados discípulos en el comité nacional.

Pero tres años después, con un IFE ya consolidado y con una legislación que hacía ya muy difícil la operación tradicional de relleno de urnas y falsificación de actas, el PRI perdió la presidencia en el 2000: los nuevos tiempos requerían de ganar el voto con una campaña que convenciera a los electores, algo que el tricolor había desdeñado a lo largo de 70 años.

Comenzó la nueva era de los operadores del “marketing electoral” en los medios de comunicación, y en los años recientes en “las benditas redes sociales”.

Hoy el partido que cumple 97 años de vida, se ve caduco y esclerótico, atrofiado en lo moral, manchado por la corrupción y con su descarado cinismo, el Revolucionario Institucional es un ente en descomposición cuyos tejidos comienzan a desintegrar esos músculos con que se aferra a las migajas del poder, cooptado por una cofradía sin escrúpulos, que han convertido a su partido en un cadáver político.

Las dirigencias del PRI nacional y de Hidalgo son amenazadas en ser devorados por esos gusanos que pululan por los restos de ese cadáver; esto confirmado en la percepción popular, por la renuncia y caída de reconocidos militantes, ajustes de última hora, designaciones amañadas, acuerdos hechos en la penumbra donde aún se mueven algunos alfiles tricolores.

En la ciencia política inglesa al fenómeno de una condición así –o similar– se le identifica como “lame duck”, literalmente pato manso, inmóvil; muerto en vida.

Así las cosas. el auditorio Plutarco Elías Calles fue mudo testigo de la agonía del partido que gobernó 77 años a este país; unas tres centenas acudieron al llamado de su dirigente nacional “Alito” Moreno, quien ni si quiera salió al patio de la sede nacional a “tomarse” la foto con la militancia tricolor hidalguense, pero si la secretaria general de ese partido, Carolina Viggiano Austria, que presumió sus fotos con no más de 50 militantes, algo que sin duda, que marca la agonía  de este partido, que festejó con 97 velas –y cuatro cirios–, el preludio de lo que viene , para ellos, en el 2027: su deceso como partido.

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